Reseña

Emilia Castaño. Reseña de Ibarretxe, Iraide; Valenzuela, Javier. 2012. Lingüística cognitiva. Barcelona: Anthropos. Infoling 5.65 (2013) <http://infoling.org/informacion/Review156.html>

Lingüística Cognitiva, dirigido por Iraide Ibarretxe-Antuñano y Javier Valenzuela, es una introducción a las aportaciones de la Lingüística Cognitiva desde sus orígenes en los años ochenta hasta la actualidad. Con el propósito de convertirse en una obra de referencia, este volumen, que consta de 14 capítulos divididos en tres bloques, describe los fundamentos de la Lingüística Cognitiva; analiza los modelos teóricos que han surgido dentro de esta disciplina y ejemplifica sus aplicaciones en el campo de la semántica, la gramática y la fonología. Finalmente, el libro cierra con una comparación entre la Lingüística Cognitiva y otros movimientos lingüísticos coetáneos, tales como la Teoría de la Relevancia y los enfoques funcionalistas.

1. Sinopsis

La primera parte de este volumen, Principales bases teóricas de la Lingüística Cognitiva, es la más breve de las tres que componen el libro. En ella Iraide Ibarretxe-Antuñano y Javier Valenzuela presentan una panorámica global de la Lingüística Cognitiva, que sirve como hoja de ruta de lo que el lector encontrará en la segunda parte del libro. Los autores comienzan describiendo el contexto histórico-lingüístico en el que la Lingüística Cognitiva emergió, así como sus postulados más relevantes. La Lingüística Cognitiva se presenta así como una reacción contra las premisas del Generativismo Chomskiano, una aproximación al estudio del lenguaje que se apoyaba en el innatismo y la modularidad, y que daba prioridad a la sintaxis sobre la semántica. En este contexto, según Ibarretxe-Antuñano y Valenzuela, la Lingüística Cognitiva introdujo un nuevo enfoque que puso el énfasis en: a) sostener que el lenguaje no es una facultad separada de los demás procesos cognitivos, sino una parte integral de la cognición general que comparte con ellos estructuras y habilidades; b) subrayar la importancia de la semántica y su carácter enciclopédico en el estudio del lenguaje; c) rechazar el objetivismo y apostar por el experiencialismo y la corporeización del lenguaje y d) enfatizar que la función y el significado condicionan la forma y no al contrario, es decir, que el lenguaje está basado en el uso. Una vez descritos y brevemente ilustrados con ejemplos clásicos los fundamentos de la Lingüística Cognitiva, los autores cierran el capítulo con una breve presentación de las principales corrientes que integran esta disciplina, así como de sus aplicaciones a aspectos concretos, tales como el estudio de la polisemia o la semántica diacrónica.

La segunda parte de esta obra, Modelos teóricos dentro de la Lingüística Cognitiva consta de once capítulos que describen con detalle las diferentes corrientes que convergen en lo que conocemos como Lingüística Cognitiva. En el primer capítulo, Javier Valenzuela, Iraide Ibarretxe y Joseph Hilferty describen los fundamentos teóricos y los objetivos de la Semántica Cognitiva, así como su aplicación en el estudio de la polisemia, la hiponimia y los campos semánticos. La Semántica Cognitiva aparece definida como el estudio de la relación entre la experiencia, la cognición corpórea y el lenguaje. En este sentido, los autores enfatizan la corporeización del significado como característica fundamental de la Semántica Cognitiva y se apoyan en la Teoría de los Esquemas de Imagen (Johson 1987) para explicar el substrato físico, social y cultural de nuestro sistema conceptual. Los autores también ponen de manifiesto la importancia del conocimiento enciclopédico para la construcción del significado y señalan que comprender una expresión implica activar uno o más dominios de nuestro conocimiento del mundo, los cuales actúan como la base sobre la que el concepto en cuestión se perfila. En este contexto, la emergencia del significado requiere de ciertas operaciones de estructuración conceptual como la imposición de figura y fondo, la elección de una perspectiva –que en términos lingüísticos se traduce, por ejemplo, en la asignación de la función de sujeto u objeto– o la selección del nivel de abstracción con el que elegimos describir una situación, general o específico.

La categorización ocupa gran parte de este capítulo también, ya que las relaciones de hiperonimia e hiponimia, la homonimia y la polisemia se presentan aquí, no como simples manifestaciones semánticas, sino como procesos de categorización en los que el nivel de abstracción, la prototipicidad y el parecido de familia intervienen decisivamente. En este contexto, los autores introducen la Teoría de los Prototipos, del Nivel Básico (Rosch 1973, 1975) y de los Modelos Cognitivos idealizados (Lakoff 1987) y describen su papel en el estudio de las relaciones semánticas mencionadas anteriormente.

En el segundo capítulo de este bloque, Los Esquemas de Imagen, Sandra Peña Cervel ahonda en uno de los pilares básicos de la Lingüística Cognitiva: la corporeización y su conexión con los esquemas de imagen. A pesar de la falta de consenso que existe entre los expertos a la hora de definir el concepto de esquema de imagen, Cervel opta por una definición tradicional aunque actualizada del concepto, que remite en términos generales a la propuesta por Johnson en 1987. Esta definición puede entenderse como una reafirmación y ampliación parcial de la lista de propiedades atribuidas a los esquemas de imagen por Hampe en 2005. Este capítulo proporciona también una amplia descripción de los esquemas de imagen reseñados por Johnson, así como de otros —los de emparejamiento, fusión y colección. En dicha descripción se sigue el modelo aplicado por Lakoff (1987), es decir, se definen sus componentes básicos, su lógica interna y se proporcionan ejemplos de sus manifestaciones lingüísticas. De especial interés resulta la sección sobre las taxonomías de esquemas de imagen. En ella se aborda la lógica de las relaciones de dependencia que existen entre los diferentes esquemas de imagen, así, por ejemplo, los esquemas de fuerza se presentan como subsidiarios del esquema del camino ya que comparten con él gran parte de su estructura. El capítulo termina con una revisión de los estudios llevados a cabo para determinar la realidad psicológica de los esquemas de imagen, así como de su aplicación en la enseñanza de segundas lenguas, el análisis de obras literarias y el estudio de los gestos que acompañan el discurso oral.

El capítulo 3, la Metáfora Conceptual, ahonda en uno de los aspectos más estudiados dentro del campo de la Lingüística Cognitiva. En esta sección, Cristina Soriano define y analiza los parámetros que caracterizan la metáfora conceptual, presentada como “un fenómeno cognitivo corporeizado y cultural” (p. 102). Además se apoya en descubrimientos y teorías recientes para abordar aspectos que en algún momento a lo largo de la historia de la metáfora conceptual han suscitado algún tipo de controversia. Ése es el caso del principio de invariabilidad, respaldado aquí, por ejemplo, por la Teoría de la selección de propiedades (Ibarretxe-Antuniano, 1999). Es especialmente destacable en este capítulo la claridad y concisión con la que se aborda la clasificación tipológica de las metáforas, una información que sin duda resulta muy provechosa no sólo para los lingüistas, sino también para expertos de otros campos que quieran poner a prueba la teoría de modo experimental. En línea con el resto del libro, Soriano acaba recopilando las evidencias lingüísticas y psicolingüísticas más recientes a favor de la metáfora y haciendo referencia a sus aplicaciones prácticas dentro y fuera del lenguaje, como en el diseño y creación de objetos de uso cotidiano.

En el capítulo 4, La Metonimia Conceptual, Antonio Barcelona hace una revisión crítica de las múltiples definiciones que se han usado para describir este mecanismo “de carácter primariamente conceptual” (p. 144). El autor propone una definición de consenso en la que la referencialidad se entiende como un rasgo fundamental y necesario, y en la que la proyección del dominio fuente sobre el dominio meta se produce por función pragmática dentro un modelo cognitivo idealizado con cierto grado de especificad (dominios funcionales). En este capítulo, se pone también de manifiesto la relación entre la metáfora y la metonimia al argumentarse que muchas de las metáforas conceptuales que existen, y en particular las orientacionales, tienen una base metonímica. Ése sería, por ejemplo, el caso de más es arriba, metáfora en la que se asocia un grado de verticalidad con la noción de cantidad. La última parte de este capítulo describe el papel de la metonimia en la organización de las categorías radiales, los procesos de blending, el estudio de la polisemia y las implicaturas conversacionales.

Los Espacios Mentales y la Integración Conceptual, quinto capítulo del volumen, desarrolla la teoría introducida por Fauconnier y Turner. En esta teoría los espacios mentales constituyen el espacio referencial que en la semántica objetivista se le atribuía al mundo real, y las expresiones lingüísticas son un conjunto de instrucciones que ponen en marcha procesos cognitivos generales (Fauconnier 1997). Tal y como apunta Esther Pascual, esta aproximación al significado permite explicar conceptualizaciones nuevas, espontáneas y menos estables que las basadas en proyecciones metafóricas. Tales procesos implican la integración de dos espacios mentales través de una serie de mapeos que resultan en un tercer espacio, amalgama. Este tercer espacio mental tiene su propia estructura emergente y sus propiedades no pueden predecirse de los espacios mentales de entrada. Dicho esto, Pascual describe con detalle los diferentes tipos de amalgamas recogidos por la literatura e ilustra su uso para resolver casos de referencia indirecta u opaca. Finalmente señala su valor en el estudio del discurso publicitario o periodístico, así como en el diseño de objetos tales como mapas o relojes.

Olga Blanco Carrión se aproxima a La semántica de Marcos en el capítulo 6. Esta visión de la semántica se apoya en la premisa de que el significado de una palabra resulta incomprensible si no se tiene acceso al conocimiento enciclopédico relacionado con ella. Esto supone, por tanto, un rechazo frontal a la descripción del significado en función de condiciones necesarias y suficientes. Es en este contexto es en el que se introduce el concepto de marco. Los marcos se definen como representaciones esquemáticas de situaciones, objetos o eventos (p.ej., comer, beber, leer, etc.), susceptibles de ser caracterizadas en términos de sus participantes y roles asociados. Al igual que otros autores en este volumen, Blanco Carrión ilustra las aplicaciones de la Semántica de Marcos a aspectos concretos, tales como la polisemia. En este caso en particular, la autora aborda el proceso de creación de nuevos sentidos para una palabra analizando, por ejemplo, cómo la palabra puente ha llegado a desarrollar el significado de “periodo festivo”, entendido aquí como una transferencia motivada. El impacto de la cultura en la semántica también aparece destacado en el análisis de términos como huérfano o en leguajes de especialidad como el jurídico. Blanco Carrión termina haciéndose eco de las aplicaciones prácticas de esta teoría en ámbitos como el proyecto FrameNet. Este proyecto, que cuenta con manifestaciones en diferentes lenguas, entre ellas el español, se apoya en la semántica de marcos para identificar las posibilidades combinatorias, semánticas y sintácticas, de cada palabra en cada uno de sus sentidos. Para ello realiza anotaciones que abarcan entre otros aspectos: los elementos del marco, la función gramatical, el contexto de uso y las relaciones semánticas con otras unidades léxicas.

Otro enfoque desarrollado para el estudio de la semántica es el tratado en el capítulo 7, La Semántica Conceptual. En este capítulo, Paula Cifuentes repasa los postulados básicos de la teoría desarrollada por Talmy entre los años sesenta y ochenta. Dicha teoría pone el énfasis en la corporeidad del significado, puesto que parte del presupuesto de que el lenguaje refleja nuestra estructura conceptual, que a su vez es un reflejo de nuestra experiencia corpórea y “es por ello por lo que podemos decir que el lenguaje es conceptualización” (p. 190) y, por tanto, una ventana abierta al sistema conceptual. Según Talmy (2000), el sistema conceptual consta de dos subsistemas: el de estructuración y el de contenido conceptual, los cuales se codifican en términos lingüísticos mediante las categorías cerradas y las abiertas respectivamente. Cifuentes, como Talmy, se centra en la descripción del subsistema de estructuración y sus cinco componentes. Mediante ejemplos lingüísticos de gran valor ilustrativo muestra cómo estos subsistemas permiten, entre otras cosas, imponer estructura espacial y temporal sobre una escena; aplicar una perspectiva o distribuir la atención en términos de figura y base. En consonancia con el espíritu del libro, este capítulo también hace referencia a las actualizaciones que la teoría de la Semántica Conceptual ha experimentado en los últimos tiempos. Tal es el caso de la reciente incorporación de un quinto sistema, el del estado cognitivo. Finalmente, el capítulo aborda los últimos avances en la clasificación tipológica de las lenguas según los patrones lingüísticos empleados para describir el movimiento. Según refleja el libro, la clasificación binaria de Talmy ha dejado paso a una nueva que no sólo incluye las lenguas de marco verbal y satélite, sino un tercer tipo conocido como lenguas de marco equipolente.

El capítulo 8, La Gramática Cognitiva, vuelve la mirada hacia la gramática para analizar la teoría introducida por Langacker en los años setenta. Dado el propósito introductorio de este libro, Ricardo Maldonado proporciona una visión panorámica de una concepción de la gramática que rompe con la idea de que ésta debe entenderse como un sistema formal y autónomo. En contraposición, se argumenta que la gramática se sirve de habilidades cognitivas básicas bien documentadas –como la capacidad de abstracción, esquematización, categorización o atención–,  que participan del modo en que un evento es conceptualizado y lingüísticamente codificado. Así, por ejemplo, la asignación de la función de sujeto gramatical en una oración se explica como el resultado de nuestra habilidad para centrar la atención en parte de una escena, mientras que otra es relegada al fondo. Esto es lo que Langacker definió con los términos de Figura primaria (trajector) y Figura secundaria (landmark). De especial interés resulta también la sección denominada “la gramática como imagen y como metonimia”. Aquí Maldonado aborda otros mecanismos de construcción de imágenes entre los que se ilustran la subjetividad y la subjetivización en su versión más actualizada. Esto supone una ampliación con respecto a las cuatro clases de fenómenos de estructuración conceptual –specificity, focusing, prominence y perspective– abordados por Langacker (2008) en su última obra Cognitive Grammar: A basic introduction.

En el capítulo 9, La(s) Gramática(s) de Construcciones, Gonzálvez-García realiza una revisión sucinta a la par que pormenorizada, de los múltiples enfoques construccionistas desarrollados a lo largo de las últimas dos décadas, así como de los principios que comparten y las caracterizan. La definición del concepto de construcción que se proporciona aquí proviene de Goldberg (2006) y refleja la influencia que la lingüística basada en el uso lingüístico está teniendo a la hora de redefinir la gramática. Este enfoque lingüístico amplia la noción de construcción, que ahora no se limita a configuraciones que tienen “alguna propiedad de forma o significado de naturaleza no (estrictamente) composicional” (p. 262). El concepto de construcción se extiende también a configuraciones cuyo significado puede extraerse de sus componentes, siempre que éstas sean frecuentes en el uso lingüístico. Esto convierte en construcciones enunciados tales como ¿Qué tal estas?, cuyo significado es composicional. Por último, este capítulo también recoge la evidencia experimental que ha ido demostrando la existencia de las construcciones, así como sus aplicaciones en el ámbito de la adquisición de primeras y segundas lenguas (Goldberg, 1998 y Tomasello, 1992, 2003a, 2003b).

En el capítulo 10, La Gramaticalización, Maria Josep Cuenca profundiza en lo avances que se han llevado a cabo en este campo en los últimos años. En primer lugar, ilustra con ejemplos –evolución del verbo latino habeo ‘tener’ en un morfema flexivo marcador de futuro– el proceso mediante el cual un elemento léxico se convierte en gramatical y pone el énfasis en el papel que desempeñan en este proceso “factores pragmáticos y discursivos e incluso extralingüísticos” (p. 282). La autora también explica que el reanálisis o recategorización que conlleva la gramaticalización parece estar motivado o al menos vinculado a un cambio semántico que puede tener su base en abstracciones de carácter metafórico (Sweetser, 1988) o en procesos metonímicos (Traugott, 1996). Un claro ejemplo del primer caso sería la gramaticalización de verbos como ir, que, en su uso perifrástico (ir a + infinitivo), responde a una extensión del concepto de desplazamiento desde el plano espacial hasta el plano temporal, extensión motivada por la metáfora el tiempo es espacio. En el caso de la metonimia, el trabajo de Traugott (1996) y la hipótesis de (inter)subjetivación se toman como punto de partida para explicar cómo formas que inicialmente tenían un significado léxico se convierten en marcas gramaticales que muestran la actitud del hablante. El capítulo termina con una comparación entre las aproximaciones funcionales y formales al estudio de la gramaticalización. Dicha comparación deja claro que los enfoques cognitivos ponen el énfasis en determinar las motivaciones y los mecanismos cognitivos/contextuales que guían el fenómeno de la gramaticalización.

El último capítulo de esta sección, La Fonología Cognitiva, es quizá el más innovador dado que los estudios sobre fonología realizados en el marco de la Lingüística Cognitiva, tal y como apuntan Mompeán y Mompeán, han sido limitados. Estos autores muestran cómo lo pilares básicos de la Lingüística Cognitiva, ampliamente aceptados en el campo de la semántica o la gramática, también son susceptibles de aplicarse a la fonología. Así, por ejemplo, la tesis de la corporeización se hace evidente en la premisa de que “las categorías fonológicas y sus relaciones están motivadas por las características del aparato fonador de los hablantes, así como por recursos cognitivos generales” (p. 305). Se elimina de este modo la barrera entre lo mental y lo físico, lo cual se refleja en el rechazo a la dicotomía entre fonología y fonética. Como en el caso de la semántica, se rechaza también la existencia de categoría cerradas y definidas en términos de rasgos necesarios y suficientes. Se aboga, por el contrario, por categorías difusas, cuyos límites no están claramente definidos y cuyos miembros mantienen una relación de parecido de familia. En este contexto, se entiende que cada fonema tiene un prototípico, cuyos rasgos no son siempre compartidos por sus alófonos. Para ilustrar este punto, se muestra la estructura prototípica del fonema /t/ en inglés. Como en el resto de los niveles lingüísticos, la influencia de la lingüística basada en el uso lingüístico también se deja sentir aquí al desechar la clásica distinción entre lengua y habla o competencia y actuación. Por último, cabe destacar el énfasis que los autores ponen en el valor que la Fonología Cognitiva otorga al componente sociocultural. Con este capítulo, se cierra la segunda parte del volumen, un recorrido guiado por expertos de reconocido prestigio nacional e internacional por las corrientes que integran la Lingüística Cognitiva.

El libro termina situando la Lingüística Cognitiva en un panorama más amplio. Así, la tercera parte de este libro, La Lingüística Cognitiva y otras corrientes lingüísticas afines, establece una comparación entre la Lingüística Cognitiva, por un lado, y la pragmática y el funcionalismo, por otro. En el primer caso, Ruíz de Mendoza y del Campo centran la atención en el tratamiento que la metáfora, la metonimia y la ilocución reciben tanto en la Lingüística Cognitiva como en la Teoría de la Relevancia. Por último, Butler y Gonzálvez-García repasan los rasgos definitorios del funcionalismo y analizan sus similitudes y diferencias con respecto al enfoque cognitivista. En este caso, los autores resaltan la mayor atención que el funcionalismo presta a los aspectos interpersonales del lenguaje, al estudio diacrónico de la lengua y al uso de corpus de datos lingüísticos reales.

2. Evaluación crítica

El presente volumen, cuyo objetivo es ser una obra de referencia básica, proporciona una panorámica concisa y actualizada de los principales pilares teóricos y corrientes que conforman la Lingüística Cognitiva, al tiempo que también establece conexiones y comparaciones con otras disciplinas, tales como la Teoría de la Relevancia, el funcionalismo o la gramática generativa. Todo ello hace que consiga así con éxito su propósito.

La accesibilidad del libro en general es alta. Los autores proporcionan al lector una amplia gama de ejemplos para ilustrar los conceptos tratados, así como figuras y tablas de resumen que ayudan a fijar conceptos y establecer comparaciones con otros enfoques. En ocasiones, sin embargo, algunos capítulos pueden abrumar al lector, en particular a los no iniciados, dada la complejidad de las ideas que abordan. No obstante, el hecho de que cada capítulo incorpore una bibliografía básica anotada con referencias clásicas y recientes en inglés y castellano subsana este potencial inconveniente. La bibliografía anotada tiene una doble función: por un lado, permite a los lectores profundizar en aspectos particulares de su interés, una vez leído el capítulo, y, por otra, da a los no especialistas la oportunidad de usarla como material apoyo para ganar en comprensión cuando les sea necesario.

Un aspecto muy interesante de esta obra, que también contribuye a su accesibilidad, es que el lector puede entenderla como una unidad o como una colección de artículos. Esto es posible ya que, a pesar de ser una obra con 18 autores, sigue una estructura homogénea y hace un esfuerzo por establecer conexiones entre los diversos capítulos mediante referencias internas. Esto otorga unidad a todo el conjunto. Al mismo tiempo, sin embargo, cada capítulo es autosuficiente en sí mismo con lo que puede leerse de manera independiente. Como consecuencia, dos métodos de lectura son posibles: el lector puede abordar la obra secuencialmente y obtener una visión global y coherente de la Lingüística Cognitiva o centrarse sólo en aquellos aspectos que sean de su interés y leer capítulos aislados.

Más allá del contenido y la organización de este volumen, otro aspecto muy destacable es el glosario español-inglés / inglés-español que se incorpora al final del libro y que recoge terminología básica de este dominio de conocimiento. Por un lado, el glosario ayuda a los lectores no familiarizados con la Lingüística Cognitiva a abordar un estudio más en profundidad de la bibliografía escrita en inglés y, por otro lado, puede usarse como referencia entre autores hispanohablantes para unificar la traducción de ciertos términos en castellano.

En definitiva, este volumen es sin duda una valiosa y completa introducción a la Lingüística Cognitiva, que da cobertura a todas sus principales teorías y en la que el lector puede dejarse guiar por autores de reconocido prestigio en un viaje exploratorio por los rasgos que la definen y diferencian. Lingüística Cognitiva es un libro de obligada lectura no sólo para los que quieran iniciarse en este campo, sino también para estudiosos de otras disciplinas y para aquellos que quieran estar al día de los últimos avances en la Lingüística Cognitiva.

3. Referencias

Fauconnier, Gilles. 1997. Mappings in thought and language. Cambridge: Cambridge University Press.

Goldberg, Adele. 1998. Patterns of experience in patterns of language. En Tomasello, ed. The psychology of language. Mahwah, N.J.: Lawrence Erlbaum, pp. 203-219.

Goldberg, Adele. 2006. Constructions at work: the nature of generalization in language. Nueva York: Oxford University Press.

Hampe, B. 2005. From perception to meaning: Image schemas in cognitive linguistics. Berlín: Mouton de Gruyter.

Ibarretxe-Antuñano, Iraide. 1999. Polysemy and metaphor in perception verbs: a cross-linguistic study. Tesis doctoral,Universidad de Edimburgo.

Johnson, Mark. 1987. The body in the mind. The bodily basis of meaning, imagination and reason. Chicago: University of Chicago Press.

Langacker, Ronald W. 2008. Cognitive Grammar: A Basic Introduction. New York: Oxford University Press.

Lakoff, George. 1987. Women, fire and dangerous things. What categories reveal about the mind. Chicago: Chicago University Press.

Rosch, Eleanor.1973. Natural categories. Cognitive Psychology 4:328-350.

Rosch, Eleanor.1975. Cognitive representations of semantic categories. Journal of experimental psychology: General 104: 192-233.

Sweetser, Eve. 1988. Grammaticalization and semantic bleaching. In S. Axmaker, A. Jaisser y H. Singmaster, eds. Proceedings of the 14th Annual Meeting of the Berkeley Linguistic Society, Berkeley: Berkeley Linguistic Society, pp. 389-405.

Tomasello, Michael. 1992. First verbs: A case study of early grammatical development.

Cambridge: Cambridge University Press.

Tomasello, Michael. 2003a. Introduction: Some surprises for Psychologists. In M. Tomasello, ed. The New Psychology of Language, Volume 2: Cognitive and Functional Approaches to Lanuage Structure. Lawrence Erlbaum.

Tomasello, Michael. 2003b. Constructing a Language: A Usage-Based Theory of Language Acquisition. Harvard: Harvard University Press.

Traugott, Elizabeth.1996.Semantic change an overview. Glot 92(10):3-7.



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