Esteban Tomás Montoro del Arco. Reseña de Mario García-Page. 2008. Introducción a la fraseología española. Barcelona: Anthropos
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1. Aunque el interés por la fraseología viene de lejos, su estudio “moderno” tiene su origen a comienzos del siglo XX en la teoría lexicológica de Charles Bally y se desarrolla inmediatamente después en el ámbito de la lexicografía soviética, según es aceptado por la mayoría de los especialistas. Para el español no encontramos ningún trabajo de envergadura sobre dicho componente hasta mediados de siglo, época en la que surge el famoso y celebrado capítulo III de la Introducción a la lexicografía moderna (1950) de Julio Casares. A pesar de la relevancia internacional de este libro, habremos de esperar otros treinta años hasta la aparición de la primera publicación monográfica sobre las tradicionalmente llamadas frases hechas: se trata de la Introducción al estudio de las expresiones fijas (1980) de Alberto Zuluaga, obra que surge ya en el marco de una nueva disciplina y plantea un estudio inmanente de la fraseología, libre en cierto modo del corsé de los planteamientos lexicológicos –creados para las unidades univerbales–, o de las necesidades prácticas inmediatas de la labor lexicográfica. Este autor clasifica las unidades fraseológicas en dos grandes grupos, locuciones y enunciados fraseológicos, y con ello amplía los límites de la fraseología, que incluye no solo unidades intraoracionales (locuciones), sino también superiores a la oración o incluso “equivalentes” a ésta (por su autonomía), como el refrán, las frases proverbiales o las fórmulas pragmáticas. Esta concepción se consolidará en 1996 con la inclusión de las unidades conocidas como colocaciones, a partir de la segunda gran monografía sobre fraseología española tras la de Zuluaga, el Manual de fraseología española (1996) de Gloria Corpas Pastor. Con ello se completó una visión amplia de la fraseología, basada en tres pilares (locuciones, enunciados fraseológicos y colocaciones), que ha gozado de gran predicamento y aceptación y que resulta tremendamente útil para múltiples actividades aplicadas. Sin embargo, con frecuencia se ha insistido en las grandes diferencias que mantienen entre sí estas tres esferas, y en la consiguiente artificialidad de la que dicho constructo teórico adolece. Una de estas voces críticas ha sido la de Mario García-Page, quien se ha mostrado más partidario de trabajar con una concepción estrecha de la fraseología y circunscribir esta al estudio específico de las locuciones, aspecto que se adivina en el subtítulo (explicativo, no especificativo) del libro que reseñamos.

2. En esta monografía se agrupa, ordena y sistematiza el ingente volumen de estudios teóricos y descriptivos que Mario García-Page ha realizado durante veinte años en torno a la fraseología. Está organizada en siete capítulos, precedidos de una pequeña Introducción (1), en la que el autor expone brevemente las principales dificultades con las que se enfrenta el investigador que aborda el análisis de este componente. Estos siete capítulos pueden subdividirse a su vez en dos bloques: en el primero, formado por los capítulos 2, 3 y 4, se define el concepto de locución, se analizan los problemas limítrofes de esta unidad frente a otros fenómenos y estructuras fronterizas y se propone una tipología de las locuciones. En un segundo bloque (5-8) se describen las locuciones a partir de los distintos niveles de análisis morfológico, sintáctico, léxico, semántico y pragmático.

En el capítulo 2 (Visión panorámica: estado de la cuestión, terminología, características) el autor defiende su visión estrecha de la fraseología y presenta algunos de los aspectos que va a tratar por extenso en los capítulos siguientes. Consta de una primera parte, ya clásica en este tipo de obras, en la que se revisa críticamente tanto la nomenclatura utilizada para referirse a los hechos fraseológicos como las características definitorias de estos: pluriverbalidad, fijación, idiomaticidad, institucionalización, estructura no oracional, frecuencia, nominación, anomalía y artificiosidad. A esta parte le sigue una relación de obras, trabajos y reuniones científicas, cuyo objetivo es sencillamente demostrar el desarrollo de la investigación fraseológica en España durante las últimas tres décadas.

El capítulo 3 (Clasificación de las locuciones) presenta en primer lugar una revisión de las principales propuestas de clasificación de las locuciones españolas, desde Casares (1950) hasta la del propio autor (2004). En el resto del capítulo desarrolla esta última. Como es sabido, las locuciones han sido clasificadas habitualmente según la clase de palabra equivalente desde el punto de vista funcional: la propuesta de García-Page no se aparta, pues, de la tradición gramatical en el caso de las locuciones nominal, pronominal, adjetival, verbal, adverbial, prepositiva y conjuntiva. Su singularidad radica, sin embargo, en proponer una octava clase: la locución oracional. Las unidades de este tipo se caracterizan, de una parte, por tener una estructura formal compuesta por un sintagma nominal sujeto y un predicado verbal, ambos fijados, y, de otra, por la condición textual y pragmática de constituir enunciados y unidades comunicativas por sí mismas (ir la procesión por dentro, correr las aguas por donde solían, ¡qué le vamos a hacer!, trabársele la lengua).

Las unidades fraseológicas han sido descritas como unidades fijas desde el punto de vista formal. Sin embargo, la investigación fraseológica ha demostrado que es muy amplio el número de unidades que presenta algún tipo de variación. Esta no es en absoluto regular, pero lo cierto es que se pueden encontrar comportamientos similares dentro de la anomalía generalizada. Distintos especialistas se han afanado en los últimos tiempos en la sistematización de los principales cambios que pueden sufrir las locuciones, con el objeto de deshacer la paradoja que encierra el concepto inicial de fijación. Resulta, por tanto, muy significativo que el autor haya decidido destacar el fenómeno de la variación fraseológica en un capítulo específico (4. La variación) y no como un epígrafe más del capitulo 2, destinado al comentario de las características generales prototípicas de las locuciones. Aquí se abordan aspectos relacionados con la variabilidad de los distintos formantes que componen las locuciones (adición, supresión, intercambio, etc.), desde el punto de vista fónico, gráfico, morfológico o sintáctico. Ahora bien, si bien las locuciones son unidades a medio camino entre la morfología y la sintaxis, todas las variaciones tienen que ver con la consideración de la locución como unidad del eje paradigmático. Por ello, si dichos formantes son a las unidades fraseológicas lo que los morfemas a las palabras, en aras de la homogeneidad del tratado, hubiese sido más acertado nombrar este capítulo «Nivel morfológico: la variación». En nuestra opinión, este capítulo inaugura, pues, implícitamente, el segundo bloque del libro, la distinción metodológica de niveles para el análisis de las locuciones.

El capítulo 5 (Nivel sintáctico: principales estructuras sintácticas) no constituye un estudio general de las posibilidades estructurales que pueden darse en las unidades fraseológicas, sino que atiende específicamente al análisis de un ramillete de estructuras sintácticas que el autor considera especialmente frecuentes y recurrentes en el ámbito fraseológico. En concreto, encontramos la estructura geminada o binomio (mover cielo y tierra, de tomo y lomo, tiquis miquis), las estructuras que incluyen algún componente de negación o fórmulas negativas (no dar el brazo a torcer, no ser nada del otro mundo, no doler prendas) y las locuciones con clítico (dormirla, vérselas con [alguien], tomar las de Villadiego). A ellas se suma la locución elativa, y es necesario aclarar que, aunque el concepto de elación supone en principio un criterio pragmático de base –la función de intensificación– la intención del autor es mostrar cómo determinados esquemas sintácticos suelen vehicular dicha función. Es el caso, entre otros, de la frase prepositiva (de pacotilla, de campeonato), la comparación estereotipada (beber como un cosaco, más feo que Picio) o el sintagma nominal cuantitativo (una burrada, un montón, un rato).

En el capítulo 6 (Nivel léxico: principales componentes léxicos) se estudia la presencia de elementos léxicos particulares en la composición de gran número de unidades fraseológicas. Se muestra así la anomalía característica de la formación fraseológica frente a la construcción libre y, al mismo tiempo, la existencia de similitudes entre grupos amplios de fraseologismos. Dedica la mayor parte del capítulo a las palabras idiomáticas, segmentos que, considerados en sincronía, no existen en el sistema de manera individual o autónoma fuera de una locución (en cuclillas, al tuntún, a porrillo, a nado, a la funerala, a trancas y barrancas). A ellas se añaden los arcaísmos (a toca teja, estar sin blanca, acá y acullá), los somatismos (abrir el ojo, hacer pie, estar mano sobre mano), los números y los cuantificadores (cada dos por tres, estar entre dos fuegos, irse al otro barrio, todo el mundo), los deícticos (de aquí para allá, ahí me han dado) y las palabras tabú (joder la marrana, de puta madre, no haber huevos). Finalmente se señalan algunos de los principales campos léxicos a que pueden adscribirse las unidades léxicas que se reparten en las unidades fraseológicas (nombres de colores, plantas, animales, minerales y piedras preciosas, objetos del hogar, etc.).

El análisis del nivel semántico se lleva a cabo en el capítulo 7 (Nivel semántico: principales relaciones semánticas). Consta de dos partes: la primera gira en torno a la idiomaticidad, propiedad semántica prototípica de las locuciones en virtud de la cual el significado global de la expresión no es deducible de la suma o combinación de los significados individuales de sus partes. Como sucede con la mayoría de las cualidades fraseológicas, la idiomaticidad es una propiedad de la que las locuciones participan en diverso grado. Por eso encontramos un continuum de unidades que van desde las que el autor llama locuciones ambiguas (locuciones con homónimo libre tales como morder el anzuelo, rascarse la barriga, caer en la trampa, etc.) hasta aquellas cuya opacidad semántica implica un mayor esfuerzo de procesamiento (a machamartillo, pedir peras al olmo, nadar en la abundancia). En la segunda parte del capítulo se recogen las diferentes relaciones semánticas que pueden verificarse dentro del conjunto fraseológico de las locuciones: polisemia (no tenerse en pie ‘[dicho de una teoría] poco fundamentada o insostenible’/‘[aplicado a personas] débil, enfermo o borracho’); sinonimia (sorber el seso/comer el tarro); antonimia (hacer frente / irse por pies); hiperonimia e hiponimia (comer/comer como una lima, morirse de hambre, ponerse las botas); e intervención de algún recurso tropológico, como la metáfora (echar raíces, lavarse las manos), la metonimia (saltar a la vista, tirar de la lengua), etc.

En el último capítulo (8. Nivel pragmático: algunos aspectos), bastante más breve que los anteriores, solo se apuntan algunas vías de análisis pragmático de la fraseología aún por explorar y desarrollar: el fenómeno de la deixis, la ironía implícita en algunas locuciones, el cumplimiento de las máximas griceanas o la pertenencia de determinadas construcciones a actos de habla específicos.

3. Podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que este trabajo se convertirá en poco tiempo en una obra de referencia imprescindible para el estudio de la fraseología española. A sus virtudes teóricas se le añade su gran valor informativo, en tanto que describe con afán casi enciclopédico prácticamente todos los fenómenos que han sido susceptibles de ser analizados como fraseológicos, acompañados de una gran cantidad de ejemplos. No elude el tratamiento de cuestiones espinosas como las fronteras entre los distintos tipos de construcciones fraseológicas, así como de estas frente a las construcciones libres. Aporta además un registro bibliográfico casi notarial. Este resulta tremendamente útil para todo aquel investigador interesado en profundizar en alguno de los aspectos que se desarrollan en el libro. No obstante, a veces es difícil vislumbrar la originalidad de unos autores frente a otros pues no se suele trazar el desarrollo histórico o historiográfico de los conceptos. Por otro lado, parece intuirse a lo largo del tratado siempre una concepción propia de cada fenómeno, por lo que las citas a veces tan solo demuestran el conocimiento del autor de una bibliografía que, sin embargo, no tiene en cuenta a la hora de describirlos. Por último, en cuanto a los aspectos formales se refiere, es necesario destacar que las notas de autor son especialmente numerosas y prolijas, y que su acumulación al final de cada capítulo dificulta enormemente su consulta durante la lectura. Aparte, hubiesen sido muy útiles apéndices tales como un glosario de términos utilizados, un listado de autores citados y una relación de las unidades fraseológicas que, a manera de ejemplos, van engastándose en los diferentes capítulos. Posiblemente, tanto la ubicación de las notas como la ausencia de estos anexos se deba a condicionamientos editoriales ajenos a la voluntad del autor y, en cualquier caso, no empañan en absoluto el valor general del manual.

En definitiva, esta obra es una fuente inagotable de información, supone un gran esfuerzo organizativo y constituye ya de por sí un argumento rotundo frente a la opinión generalizada de que la fraseología española se halla aún en un estado incipiente de desarrollo. A lo largo de sus páginas se plantean múltiples interrogantes, pero al mismo tiempo se aportan ya resultados y se ofrecen las bases para enfrentarse al estudio de cualquier fenómeno fraseológico. Contribuirá, sin duda, a despertar el interés por la fraseología hispánica en el ámbito internacional.


Notas

1 El texto de esta reseña fue publicado inicialmente en la revista Lingüística (nº 21, año 2008, páginas 137-142), de la ALFAL, y se vuelve a publicar en este medio con la autorización de la Dirección de dicha revista.



Con el apoyo de:
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