Reseña

Reseña - Sección dirigida por María Luisa Calero

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Francisco Javier Perea Siller. Reseña de Josefa Dorta. 2009 Historiografía de la lingüística en el ámbito hispánico. Madrid: Arco/Libros

1. Introducción

La Historiografía lingüística es una disciplina que está adquiriendo notoria pujanza. Desde los años setenta, el crecimiento de la investigación ha sido constante, a partir de la creación de revistas especializadas, como Historiographia linguistica (Amsterdam, 1974) e Histoire – Epistémologie – Langage (París, 1979), entre las primeras, y la fundación de sociedades como la Société d’Histoire et d’Epistémologie des Sciences du Langage, en 1978, la Henry Sweet Society for the History of Linguistic Ideas (HSS, Oxford, 1984) o la North American Association for the History of the Languages Sciences (NAAHoLS, 1987). En España, la profesionalización de la disciplina se debió en gran parte a la Sociedad Española de Historiografía Lingüística, creada en 1995, que ha organizado congresos cada dos años desde 1997. También hay que contar con la entrada de la historia de la lingüística en los currículos universitarios.

Historiografía de la lingüística en el ámbito hispánico aparece como uno de los últimos frutos de la consolidación de la disciplina en el entorno hispánico1. Publicado inicialmente en 2007, aparece ahora en versión electrónica. Recoge las contribuciones de 17 reconocidos especialistas en una introducción y 14 capítulos, que versan sobre aspectos epistemológicos y metodológicos, o presentan determinadas parcelas de la historia de la lingüística en España. Aparecen también dos útiles índices finales, uno de materias y otro onomástico, además de las direcciones de contacto de los autores. La distribución de los capítulos no viene jerarquizada en secciones, excepto en el caso del primer capítulo, que aparece como introducción, frente al resto de las contribuciones, que aparecen numeradas.

La revisión de los contenidos se puede afrontar desde la especificidad de esta obra frente a otras publicaciones. Se trata de un manual, que en el prólogo de los editores se concibe como presentación, para “profesores de Lingüística, investigadores y público interesado” (p. 14), del status quaestionis en la investigación de la historia de la lingüística “en el ámbito hispánico” (específicamente, de la lengua española o de autores españoles acerca de las lenguas indígenas de las antiguas colonias españolas). Así, los editores proponen como motivación de la edición de este libro la de servir de instrumento en el establecimiento de “fundamentos básicos y universales” (p. 13) para una correcta orientación de la Historiografía lingüística, aunque, siguiendo al profesor Koerner, afirman que aún estamos lejos de definir tales fundamentos.

2. Historia de la lingüística española

La mayor parte de los trabajos que componen la obra se ocupa del desarrollo de la investigación en diferentes áreas de la lengua española. Encontramos secciones bien representadas, especialmente la historia de la lexicografía (a la que se dedican cuatro capítulos, alrededor de un tercio del volumen), también la historia de la gramática (dos capítulos) y la de la evolución de las disciplinas que estudian el nivel fónico (con otros dos capítulos). La semántica ocupa un capítulo.

En primer lugar, aparecen dos contribuciones dedicadas a la gramática, una de orden general, como presentación de las principales gramáticas españolas a lo largo de la historia, y otra más específica, que estudia la evolución de las doctrinas sintácticas hasta aproximadamente la aparición del Esbozo. La primera es obra de Girón Alconchel (“Corrientes y periodos en la gramática española”); la segunda, de Calero Vaquera (“Desarrollo de la sintaxis en la tradición gramatical hispánica”). Hay que destacar la finalidad necesariamente diferente de ambos capítulos. Si el primero presenta las obras principales y sus características más señaladas, el segundo se adentra en la evolución interna de los conceptos y terminología de la sintaxis en la gramática denominada tradicional, sin duda una aportación relevante en un área tan compleja, y posible punto de partida para otras investigaciones.

A pesar de la utilidad de ambos trabajos, en nuestra opinión es del todo necesario afrontar desde una perspectiva historiográfica el desarrollo de la gramática española en un periodo posterior, a partir de las aplicaciones del estructuralismo y los distintos modelos funcionalistas y generativistas. El elenco de escuelas y autores que presenta López García (2000) es tan solo un punto de partida para poder analizar aspectos concretos de la gramática española en la segunda mitad del siglo XX2. Otro aspecto que sería conveniente plantearse es el desarrollo de la gramática española en América, que trasciende la relevancia de las gramáticas de Bello (1847) y Alonso y Henríquez Ureña (1938-1939)3.

Al contrario de lo que ocurre en la gramática, los capítulos dedicados al plano fónico se centran en el siglo XX y lo que llevamos del XXI. A pesar de que el capítulo sobre Fonética y Fonología, de Martínez Celdrán y Romera Barrios, arranca en Juan Pablo Bonet y Francisco Orchell, el interés lo ocupan la Fonética y Fonología científicas, ya en el siglo XX. Se trata de un capítulo dedicado prioritariamente a las matizaciones de la doctrina de Tomás Navarro Tomás desde la fonética acústica actual, y la presentación de los principales avances de la disciplina (algunos alcanzados por el propio Martínez Celdrán), así como los de la Fonología estructuralista y generativista. Igualmente sucede con la contribución de Josefa Dorta sobre “La entonación hispánica y su desarrollo desde principios del siglo XX hasta nuestros días”: más que en la historiografía, el trabajo se inscribe en el debate actual sobre la disciplina. En ambos casos, quizá más en el primero que en el segundo, habría hecho falta incidir en las ideas sobre este plano lingüístico en la rica tradición española, y desde presupuestos historiográficos4.

La contribución sobre historia de la semántica se concentra en un único capítulo, con unos límites cronológicos precisos: los inicios científicos de la disciplina, desde el segundo tercio del siglo XIX hasta mediados del XX, momento en que se desarrolla la semántica estructural. El profesor Casas Gómez trata con profundidad las escuelas principales del periodo y los temas que interesaron a cada una de ellas: una primera etapa dominada por la semántica histórica, y dos corrientes alternativas en la primera mitad del siglo XX: las llamadas semántica tradicional y la semántica preestructural. El capítulo destaca en la precisión a la hora de determinar la terminología y los fines de cada escuela. No obstante, no conforma un capítulo de historiografía “en el ámbito hispánico”, pues su alcance es general.

Frente a los capítulos anteriores, los dedicados a la lexicografía sí abarcan toda su historia. Este bloque se divide de la siguiente manera: “Los inicios de la lexicografía en España” (Miguel Ángel Esparza Torres), “Panorama de la lexicografía del español en el siglo XVIII” (Manuel Alvar Ezquerra), “Panorama de la lexicografía española en el siglo XIX” (Pedro Álvarez de Miranda), y “Lexicografía y Metalexicografía en el siglo XX” (Cristóbal Corrales y Dolores Corbella). Sobre este bloque, puede notarse que la orientación diferente que recibe cada una de las contribuciones lo convierte en un conjunto poco homogéneo. El criterio principal ha sido exclusivamente cronológico. Sin embargo, se puede afirmar que en cada sección se ha realizado un estudio abarcador de las principales obras producidas en el periodo tratado, con referencia a la bibliografía disponible más importante.

En efecto, el capítulo de Miguel Ángel Esparza, sobre la lexicografía española desde la Edad Media hasta Covarrubias, se presenta explícitamente como un “panorama general de la investigación” que ayude a los interesados a partir de la documentación de la que se dispone. Por su parte, el capítulo de Alvar Ezquerra sobre el siglo XVIII contiene información pormenorizada sobre el principal diccionario del periodo, el conocido como de Autoridades, y también sobre el de Terreros, y un panorama de la lexicografía plurilingüe y las nomenclaturas. Álvarez de Miranda analiza las contribuciones decimonónicas tanto de la Academia como las extraacadémicas, especialmente las de Vicente Salvá y Ramón Joaquín Domínguez.

Un aspecto interesante para Álvarez de Miranda es que “ningún diccionario de carácter histórico se acomete en España durante el siglo XIX” (p. 351). No considera como tales los “etimológicos” de Monlau (1851 y 1881) y Barcia (1880-1883), aunque sí el Glosario etimológico de las palabras españolas de origen oriental, de Eguilaz Yanguas (1889). En este campo, la obra más valiosa del periodo es la del colombiano Rufino José Cuervo y su Diccionario de construcción y régimen (1886-1893). Frente a esta laguna, sí se desarrollan en España los diccionarios de voces regionales y provinciales.

El último capítulo de esta sección lexicográfica tiene el interés de historiografiar el siglo XX, con un análisis de los proyectos más singulares realizados tanto por la Real Academia como por otras instituciones y empresas (diccionarios VOX, María Moliner…). Se aborda la amplia tipología de diccionarios producidos en el siglo pasado, así como el desarrollo de la metalexicografía a partir del cambio metodológico en la elaboración de diccionarios.

Un capítulo especialmente novedoso es el de Emilio Ridruejo sobre “Lingüística misionera”, novedoso porque se define por un objeto específico dentro de la gramaticografía: aquellas gramáticas hechas por españoles sobre lenguas de América y Filipinas. Aunque no se traten otros aspectos de la lingüística misionera (diccionarios, traducciones, redacción de obras originales), queda muy bien trazado el panorama de gramáticas realizadas entre los siglos XVI y XIX, con una reflexión más que acertada sobre los problemas que los autores se encontraron a la hora de codificar lenguas no indoeuropeas desde las categorías que ofrecían los esquemas lingüísticos conocidos en Europa. Se vislumbra no solo cómo se adaptan tales categorías a la nueva realidad, sino también cómo se va abriendo paso una terminología autónoma que da cuenta de aspectos particulares de las lenguas indígenas.

Aparte de este capítulo, sobre un tema muy específico de la historiografía lingüística actual, las contribuciones reseñadas abarcan áreas tradicionales de la lingüística española, quizá las más importantes. Sin embargo, esta Historiografía de la lingüística en el ámbito hispánico no puede concebirse como una historia de lingüística (española). Por una parte, se echan en falta secciones también nucleares de la historiografía, por ejemplo, la ortografía, la morfología y la historia de la lengua, junto a otras como la variación lingüística y la didáctica de las lenguas. La reflexión sobre estos temas y el nacimiento y evolución de las diferentes disciplinas a lo largo del tiempo han ocupado el interés de los historiógrafos de la lingüística en monografías, revistas especializadas y congresos.

Por otra parte, como obra de conjunto, también se puede observar un desequilibrio patente en las etapas históricas que reciben atención pormenorizada. Si la lexicografía obtiene el tratamiento más extenso, en la gramaticografía se estudia la gramática tradicional (por más que en el capítulo de Girón se revisen obras posteriores). Límites cronológicos semejantes presentan los otros capítulos, tanto los que se ocupan del plano fónico (prácticamente, el siglo XX) como el dedicado a la semántica (de la que desaparece toda reflexión acerca de las aportaciones realizadas hasta el siglo XIX).

3. Fundamentos epistemológicos y metodológicos

A pesar de los capítulos que podrían faltar, el libro que se reseña también presenta un componente significativo de guía epistemológica y metodológica para quien pretenda adentrarse en la historiografía lingüística, o bien como instrumento de ayuda y reflexión para historiógrafos avezados. Destaca el trabajo inicial, “Introducción: La Historiografía de la Lingüística. Pasado, presente, futuro”, escrito por E.F.K. Koerner. En este capítulo, se recuerdan las orientaciones que se han seguido en la escritura de la historia de la lingüística desde finales del siglo XIX hasta la actualidad. Asimismo, su autor reflexiona sobre el objeto propio de la historiografía lingüística y sus relaciones con otras disciplinas (Filosofía de la Historia, Historia de las ideas, Filosofía e Historia de la Ciencia).

Además de este capítulo, otras contribuciones contienen un alto valor epistemológico; en concreto, el capítulo 13, escrito por Milagros Fernández Pérez y titulado “Método de enseñanza para el aprendizaje de la historia de la lingüística”. Está dedicado a la necesaria reflexión sobre contenidos y objetivos en la docencia universitaria de la materia. De acuerdo con la concepción que tenga el docente de la historiografía (de entre las orientaciones que señalaba Koerner), y de acuerdo con los objetivos didácticos que se persigan, así se utilizará una metodología u otra. Enfrentarse con el qué y cómo enseñar en Historia de la Lingüística permite a la autora reflexionar sobre el propio estatus del objeto de conocimiento como disciplina científica, y sobre las metas legítimas tanto para el investigador como especialmente para el docente.

Podríamos comparar algunas de las ideas de Koerner y Fernández Pérez en el ámbito epistemológico. En relación con la historia de las ideas, el primero escribe:

La Historia de la Lingüística no debe tratarse como una simple rama de la Historia de las Ideas, al menos no después del surgimiento de la filología histórico-comparativa de principios del siglo XIX (p. 40).

Ello significa que la lingüística precientífica (el grueso de la tradición) sí que debe explicarse como una parte de la Historia de las Ideas. Pero cabe preguntarse: ¿Solo la lingüística precientífica? La profesora Fernández Pérez afirma:

La Historia de la Lingüística ha de ser historia de las ideas que contenga ingredientes suficientes de historia humana como para entender el éxito, la difusión o el influjo de algunas contribuciones, frente al olvido, la desatención, el fracaso o el limitado impacto de otras (p. 531).

Historia de las ideas e historia externa se dan cita en la Historiografía Lingüística. El propio Koerner cita factores externos que explican el éxito de teorías lingüísticas, como es el caso de los neogramáticos en el siglo XIX y de Chomsky en el XX5.

La historia de la lingüística se debe presentar como un objeto de estudio de valor intrínseco, y no como presentación introductoria de los antecedentes de disciplinas actuales. Como escribe Fernández Pérez, en historiografía es preciso apreciar el significado y el valor de las reflexiones sobre el lenguaje “en las coordenadas de progreso que le corresponden” (p. 542). Algo en lo que está de acuerdo el profesor Niederehe (2006): hace falta expresar las ideas de los autores desde sus propios presupuestos teóricos, y no desde la disciplina como actualmente se entiende.

4. Aspectos instrumentales y metodológicos

La perspectiva amplia que acabamos de destacar sobre el objeto de la historiografía lingüística se ve respaldada en el capítulo 11, “La edición de textos clásicos y su contribución al desarrollo de la historiografía lingüística”, de José J. Gómez Asencio. Se trata de la llamada a publicar todo tipo de textos de la historia de la lingüística, “los innovadores y los rutinarios, los buenos y los malos, los de gran calado y los humildes escolares, los de fuerte personalidad y los mostrencos” (p. 481)6. Este capítulo se propone una revisión y caracterización de las ediciones de gramáticas españolas desde Gregorio Mayans, primer editor del Diálogo de la lengua, hasta la actualidad. El autor analiza las necesidades principales que la edición de gramáticas antiguas plantea hoy día.

Un trabajo complementario al del catedrático de Salamanca es el de Hans-Joseph Niederehe, sobre las fuentes secundarias (“Documentación y fuentes para la Historiografía lingüística española”, capítulo 14). El que quizás sea el principal especialista sobre bibliografía de historia de la lingüística española ofrece las principales recopilaciones sobre la materia y fuentes documentales desde La Viñaza hasta el momento de la publicación del volumen. Su contribución termina con la sugerencia de un proyecto perentorio: la necesidad de publicar una bibliografía de fuentes secundarias de la Historiografía lingüística, paralela a las que ya existen de fuentes primarias. Se trata de una empresa que al año siguiente de publicarse este volumen ha llevado a cabo otro experto de la bibliografía de la materia, el profesor Esparza (2008).

El último capítulo que vamos a comentar no es el último en importancia. Se trata de “El valor de las fuentes marginales en la metodología gramaticográfica”, de Manuel Breva Claramonte. Las fuentes marginales (objeto de estudio de la epihistoriografía, según la formulación de Swiggers 2004) son documentos que han pasado desapercibidos para los investigadores, por un juicio negativo hacia ellos o por dificultades de acceso, pero que pueden ser especialmente reveladores para una reconstrucción adecuada de las formulaciones y teorías de los autores antiguos. El autor pone como ejemplo dos textos de Hervás y otro de Francisco Sánchez de las Brozas.

En conclusión, la obra que se presenta supone una contribución importante a la reflexión teórica y metodológica y al estudio de algunas de las áreas más importantes de la Historiografía Lingüística en España. No en vano los editores han encargado los capítulos a los especialistas más destacados en cada campo. Merece la pena que este libro editado en 2007 amplíe su influencia ahora gracias a su aparición en formato electrónico.

Notas

1 Otros frutos que son referencia obligada son las bibliografías que han publicado dos especialistas que también participan en este libro: Niederehe (1994-2005), sobre fuentes primarias, y Esparza (2008), sobre fuentes secundarias.

2 Véanse, a este respecto, los artículos de Rojo (1994), sobre el funcionalismo español, y Gutiérrez Ordóñez (1994 y 2001), sobre la figura axial de Alarcos Llorach.

3 Una aportación significativa en este sentido es la de Álvarez Martínez (1994). También se celebra la aparición de la Revista argentina de Historiografía Lingüística, en 2009, publicación electrónica disponible en http://www.rahl.com.ar/

4 Tan solo un ejemplo: la descripción de los sonidos de la lengua española de Antonio de Nebrija supone un hito frente a las gramáticas latinas del momento. ¿En dónde se inspiró el sevillano para llegar a tal innovación? Según Percival (1984), fue su conocimiento de la gramática hebrea el que le permitió combinar las categorías fónicas utilizadas en las gramáticas latinas y la clasificación según el punto de articulación, usual en la tradición hebrea desde el Sefer Yetsirá.

5 En este último caso, Koerner (p. 39) señala, por una parte, la extensión de la educación universitaria en Estados Unidos y Europa; por otra, la implicación de Chomsky en las protestas contra la guerra de Vietnam, que atrajo a numerosos jóvenes a acudir al Massachusetts Institute of Technology a estudiar con él. Por cierto, Fernández Pérez (p. 531) alude a otro factor de éxito del generativismo: las cuantiosas subvenciones que recibió por parte del gobierno estadounidense, aporte que no recibieron propuestas alternativas como el modelo de dependencias de Lucien Tesnière.

6 Desde el punto de vista epistemológico, son muy reveladoras las palabras de Gómez Asencio en la misma página: “Deben atraer por igual la intrahistoria de esos textos de gramática, los contextos culturales en los que se fraguaron, las redes de influencias entre autores y escuelas, la eficacia de ciertos textos privilegiados, el prestigio de las lenguas, las disposiciones legales de los gobiernos de turno, la importancia de los maestros como el descaro o lo insustancial de los imitadores, la fuerza que la faceta socio-educativa ejerció sobre la textura y los contenidos de esos libros, los intereses de sus autores, sus posibles destinatarios como moldeadores de su estructura…” (p. 481). Este pasaje sirve también para señalar la orientación de la mayor parte de los capítulos de esta obra dedicados a la historia de la lingüística, que se desarrollan desde parámetros exclusivamente internos.

Referencias bibliográficas

Álvarez Martínez, María Ángeles. 1994. La gramática española en América. Universidad de La Laguna

Esparza Torres, Miguel Ángel. 2008. Bibliografía temática de historiografía lingüística española: fuentes secundarias, 2 vols. Hamburg: Helmut Buske

Gutiérrez Ordóñez, Salvador. 1994. Principios y magnitudes en el funcionalismo sintáctico de E. Alarcos. Español Actual 61: 19-35

Gutiérrez Ordóñez, Salvador. 2001. La obra lingüística de Emilio Alarcos Llorach. La Crónica 29.2: 95-123

López García, Ángel. 2000. Teoría gramatical. En Alvar, Manuel, dir. Introducción a la Lingüística española. Barcelona: Ariel, pp. 7-22

Niederehe, Hans-Joseph. 1994-2005. Bibliografía cronológica de la lingüística, la gramática y la lexicografía del español (BICRES), 3 vols. Ámsterdam/Philadelphia: John Benjamins

Niederehe, Hans-Joseph. 2006. Recursos para la investigación sobre gramaticografía del español del siglo XVI. En Gómez Asencio, José Jesús. dir. El castellano y su codificación gramatical, Burgos: Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, vol. 1: 13-32

Rojo, Guillermo. 1994. Estado actual y perspectivas de los estudios gramaticales de orientación funcionalista aplicados al español. Verba 21: 7-23

Swiggers, Pierre. 2004. Modelos, métodos y problemas en la historiografía lingüística. En Corrales, Cristóbal et al., eds. Nuevas aportaciones a la historiografía lingüística., vol. I. Madrid: Arco-Libros, pp. 113-145



Fecha de publicación en Infoling:2010-04-03
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