Reseña

Matilde Vida. Reseña de Andrade Ciudad, Luis. 2016. The Spanish of the Northern Peruvian Andes. A Sociohistorical and Dialectological Account. Oxford: Peter Lang. Infoling 2.45 (2019) <http://infoling.org/informacion/Review364.html>

En el año 1884, Vincent Van Gogh pintó Tejedor en un telar. Se trata un cuadro (en realidad, una serie de ellos) dedicado a los trabajadores de la industria textil que se desarrolló durante la revolución industrial. Las imágenes que aparecen en el cuadro no solo proyectan la estética de la época, sino también la historia, el entorno socioeconómico, la situación política e incluso el pensamiento social contemporáneo del autor. La tela (un óleo sobre lienzo) es, en realidad, una urdimbre de diferentes sensibilidades que refleja, por un lado, un conocimiento completo, amplio y múltiple de una realidad compleja y, por otro, la gran capacidad del autor para plasmarla en una imagen visual única.

La comparación con el cuadro de Van Gogh resulta muy oportuna para presentar el libro que aquí se reseña por varias razones. La principal es que el trabajo es el resultado de una acertada combinación de los principios y métodos de diferentes disciplinas para caracterizar de forma precisa una variedad del español empleado en la sierra norte de Perú, analizar su fundamentación sociohistórica y volver después a las consideraciones teóricas de partida para matizarlas y completarlas. La referencia a las plantas textiles que funcionaron como motor económico de la zona y la imagen del telar de cintura de la página 157 son otros elementos del libro que conectan, quizá de manera más sugerente y plástica, con la pintura de Van Gogh.

1. Introducción

El libro de Luis Andrade Ciudad es un magnífico “tapiz” en el que la dialectología, la historia, la sociología del lenguaje y la sociolingüística histórica se entremezclan para: 1) describir de manera pormenorizada una variedad del español que prácticamente no había sido estudiada hasta este momento, 2) analizar las circunstancias sociohistóricas que llevaron a su configuración actual y 3) revisar y discutir los conceptos, clasificaciones y categorizaciones que hasta el momento se han proyectado sobre el español de América en general y el castellano andino en particular.

1.1. Marco

La descripción de las variedades del español de Perú tiene una amplia tradición dentro del entorno de los estudios dialectológicos, desde las primeras aproximaciones de Arona (1883) hasta los trabajos más recientes (Klee y Caravedo 2006; Anna María Escobar 2011, 2000 o el mismo que aquí se reseña: Andrade-Ciudad 2018) pasando por los estudios de Rocío Caravedo (1990, 1987) o Alberto Escobar (1989, 1978, 1976) entre otros muchos.

No es este el lugar para llevar a cabo una revisión bibliográfica de los trabajos que se han realizado sobre las variedades del español de Perú en particular ni sobre el español de América en general ya que el lector dispone de una muy completa en el epígrafe 2.2. del libro de Andrade-Ciudad (2018: 34  48), pero sí es conveniente recordar el análisis propuesto por Fontanella de Weinberg (1992: 42 - 54) y detallado por De Granda (1994: 22 - 92) acerca de las primeras etapas del español en América. La hipótesis planteada por De Granda ayuda a entender, de manera general, la formación y configuración del sistema de variedades americanas del español, pero los análisis particulares, como el que aquí realiza Andrade-Ciudad, permiten llevar a cabo matizaciones a dicha propuesta y enriquecen con datos específicos el panorama general. Esta es una de las principales aportaciones del trabajo que aquí se reseña.

Según De Granda (1994: 22 - 92), se pueden distinguir dos etapas en el desarrollo del español americano. La primera, que abarca la mayor parte del siglo XVI, se podría describir como un proceso de koineización (Siegel 1985) que dio lugar a una variedad simplificada y nivelada que el autor denomina español koiné. Esta variedad se extendió por todo el territorio hispanoamericano aunque presentaba algunas diferencias, tanto en la configuración de las variedades como en el ritmo de su formación, en función de los condicionamientos (demográficos, socioeconómicos y culturales) que actuaron en cada espacio geográfico. A partir de la segunda mitad del siglo XVI comienza la siguiente fase del desarrollo del español americano, que se caracteriza por un proceso de estandarización monocéntrica (Stewart 1968) que consistió en la aparición de un modelo de lengua institucional, basado en el castellano septentrional europeo y asociado al uso de las autoridades oficiales, tanto civiles como eclesiásticas, que representan a la metrópoli europea. Este modelo se impuso en determinadas áreas y desplazó, al menos de forma parcial (Rivarola 1990: 31 - 56), al español koiné a través de un proceso de cambio desde arriba (Labov 1983: 168), consciente y prestigioso.

La principal razón de repasar aquí el análisis histórico elaborado por De Granda es que su descripción de las diferentes fases del proceso de estandarización monocéntrica le lleva a proponer una zonificación del territorio del español americano que AndradeCiudad discute en su trabajo. La diferenciación que se propone se basa en la intensidad que tuvo el proceso de estandarización en cada una de las zonas. De Granda parte de una división realizada a partir de criterios políticos y económicos (Slicher van Bath 1979) que lleva a la distinción entre “áreas centrales (México, Quito, Lima-Charcas, por ejemplo) intermedias y periféricas (Centroamérica, Popayán y zonas atlánticas de Colombia y Venezuela, Tucumán, entre otras) y marginales, como Paraguay o las islas antillanas” (De Granda 1994: 76). Por un lado, en las zonas centrales, vinculadas territorial y funcionalmente a los focos de poder, como las ciudades de México y Lima principalmente, se produce desde la segunda mitad del siglo XVI, un proceso de estandarización temprana que da lugar a una variedad caracterizada en gran parte por los rasgos propios del estándar europeo. Sin embargo, en las zonas denominadas intermedias o periféricas la estandarización fue tardía y se produjo tras un proceso de vernacularización (Siegel 1985) del español koiné, de tal modo que en estas zonas se habían consolidado los rasgos derivados de la corriente simplificadora y niveladora de la fase de koineización. Por otra parte, en las zonas marginales, los mecanismos de divergencia con respecto al estándar europeo avanzan todavía más, no solo por la lejanía, geográfica y política, de los centros de poder, sino también por la fuerte influencia producida por el contacto con lenguas indígenas prehispánicas.

Andrade-Ciudad empleará los datos obtenidos tras su análisis de la variedad utilizada en el norte de los Andes peruanos para enriquecer esta clasificación a través de una  caracterización más completa de cada una de las áreas. Para ello, además de ofrecer una detallada descripción por niveles lingüísticos de dicha variedad, el autor presenta una minuciosa revisión documental que analiza la relación del castellano and

ino con las principales lenguas prehispánicas empleadas en la mayor parte de Perú, el quechua y el aimara, pero también con el culle, una lengua de extensión más reducida y específica de la zona estudiada. En este sentido, un aspecto muy interesante del trabajo es que el autor explora la posibilidad de relacionar sus resultados con el modelo de Trudgill (2010, 2011) en el que se propone una tipología sociolingüística sobre situaciones de contacto entre lenguas y su influencia en los procesos de cambio. Trudgill observa que las diferentes situaciones de bilingüismo no siempre derivan en procesos simplificadores, sino que también pueden dar como resultado la elaboración de sistemas más complejos, bien porque, en lugar de sustituir unos rasgos por otros, se suman elementos de las diferentes lenguas en contacto o bien porque en el proceso de sustitución, los hablantes seleccionan los rasgos más complejos y marcados. Estas dos tendencias contrapuestas, bien hacia la simplificación o bien hacia la elaboración de estructuras más complejas, pueden venir determinadas por factores externos como la duración e intensidad de las situaciones de contacto entre diferentes lenguas, así como por la configuración de las estructuras reticulares de las comunidades de habla en las que las lenguas conviven. A pesar de que, tal y como el mismo autor señala, todavía es necesario llevar a cabo más investigaciones que permitan conocer qué tipo de bilingüismo fue el que realmente tuvo lugar en la zona analizada, el trabajo que aquí se reseña es, sin duda, un importante paso adelante en este camino, tanto por la labor documental e histórica que en él se presenta (capítulo 3) como por el análisis diacrónico de los rasgos lingüísticos que caracterizan a esta variedad sincrónica (capítulo 4).

No cabe duda de que la sociolingüística histórica es una disciplina autónoma con su correspondiente aparato teórico y metodológico, sin embargo, una de sus principales características es la necesaria relación que establece con otras especialidades afines de las que obtiene importantes recursos, pero a las que también aporta una abundante dosis de datos útiles para avanzar en el conocimiento de la configuración y evolución de los sistemas lingüísticos (Nevalainen y Raumolin-Brungerg 2012: 27). En este sentido, el trabajo de AndradeCiudad conecta con: 1) la lingüística histórica, puesto que lleva a cabo una minuciosa investigación sobre las lenguas y variedades que han entrado en contacto en la zona estudiada desde la época precolonial hasta la actual; 2) la filología, disciplina en la que se ha apoyado para la exhaustiva interpretación paleográfica de documentos; 3) la historia social, de la que se vale para describir la evolución de las fuentes económicas de las provincias norandinas, la dirección de los movimientos migratorios producidos en diferentes periodos e, incluso, su historia etnográfica, ya que incluye detalles de aspectos culturales y religiosos que inciden en la historia lingüística del área analizada; 4) la lingüística de corpus, que implica la recolección y tratamiento de textos orales y escritos para llevar a cabo tanto el análisis histórico como una descripción, en este caso cualitativa, de los rasgos del español de la zona norte de los Andes peruanos para lo que se vale de 5) la dialectología social al dar cuenta, no solo de los rasgos lingüísticos, sino también de su distribución por diferentes grupos sociales.

Luis AndradeCiudad demuestra aquí que es un concienzudo investigador sobre las variedades andinas del español de Perú. Su profundo interés por la lingüística andina, a la que él se refiere como “obsesión” en el prefacio del libro (p. xiv), le ha llevado a adentrarse en su estudio desde diferentes perspectivas no solo en este trabajo, sino también en muchos otros entre los que se podrían destacar sus publicaciones sobre las lenguas de Perú en general (Andrade-Ciudad y Pérez-Silva 2013), el culle en particular (Andrade-Ciudad 1990) y sobre el léxico y cultura de la sierra norte de Perú (Andrade-Ciudad y RamónJoffre 2014) entre otros muchos.

2. El español en el norte de los Andes peruanos

2.1 Objetivo

Tal y como se ha señalado más arriba, el propósito de este trabajo es describir un conjunto de variedades del español utilizado en el norte de los Andes peruanos que ha sido escasamente analizado hasta este momento. La tesis principal del autor es que estas variedades constituyen un grupo dialectal cohesionado dentro de lo que se tradicionamente se ha etiquetado como castellano andino, es decir, que a pesar de presentar características que lo vinculan a dicha categoría, también presenta rasgos diferenciadores que llevan al autor a considerar que constituyen una subvariedad de la misma.

El trabajo de Andrade-Ciudad demuestra que el castellano andino es una variedad que se ha descrito tomando como base el español utilizado en la zona sur de los Andes donde inciden, como lenguas de sustrato, el quechua y el aimara. Las variedades empleadas en las provincias peruanas del norte de los Andes, que son las que se analizan en el trabajo, comparten algunos de los rasgos descritos para el castellano andino, pero constituyen un grupo que se diferencia de dicha variedad por distintas razones, como la influencia que, en las provincias del norte, ejerce una tercera lengua indígena, el culle, y porque en ella se activaron mecanismos internos de cambio lingüístico ya que la zona analizada no sufrió el intenso y temprano proceso de estandarización que se registró en otras zonas de los Andes (Rivarola 1990: 31-56). Las evidencias que el autor aporta le llevan a otra de sus intenciones: una discusión teórica sobre las ventajas, pero también los inconvenientes y sesgos que se derivan de las categorizaciones y las divisiones generales, especialmente la zonificación del español de América desarrollada por De Granda (1994: 76), así como una revisión crítica del concepto de castellano andino, realizada a través de un enfoque empírico.

2.2. Plan de la obra

El trabajo se organiza en cinco capítulos. En los dos primeros, el autor dibuja el fondo de su análisis, es decir, el marco teórico y bibliográfico en los que se encuadra el estudio de la historia social y el panorama lingüístico de las provincias norandinas de Perú. En el primer capítulo, de carácter más general, se repasan los conceptos y perspectivas básicas de la sociolingüística histórica y su relación con disciplinas como la sociología del lenguaje, la dialectología y el estudio del contacto lingüístico. Asimismo aprovecha para trazar las principales líneas de aplicación de dichas disciplinas a la investigación sobre las variedades lingüísticas en el dominio andino y, al mismo tiempo, las principales aportaciones que el estudio particular de estas variedades puede realizar sobre las disciplinas teóricas. El segundo capítulo se centra específicamente sobre el concepto de castellano andino y hace un repaso bibliográfico muy detallado de los trabajos que se han llevado a cabo sobre esta variedad lingüística, tanto desde el punto de vista dialectal como sociolingüístico. Los dos capítulos siguientes recogen el análisis propiamente dicho: el capítulo tercero presenta, basándose en el estudio detallado de documentos históricos, la base social e histórica de la convivencia de lenguas en el norte de los Andes peruanos, su jerarquización y los diferentes grados de contacto que se producen entre las mismas y el capítulo cuarto se centra en la descripción de los rasgos dialectales específicos de la zona analizada organizándolos por niveles de análisis. El último capítulo no es únicamente una recapitulación de los resultados obtenidos y la exposición de las principales conclusiones, sino también una revisión de todas las líneas de investigación que, a partir de aquí se abren para futuros trabajos.

2.3. Sociolingüística histórica, dialectología y el dominio andino (capítulo 1)

El primer paso del autor es revisar el marco teórico en el que se sitúa el análisis que se presentará más adelante. Esta revisión se lleva a cabo a través de un “diálogo” (p. 29) entre la lingüística andina y el resto de subdisciplinas teóricas y, por ello, el capítulo se vertebra en torno a dos grandes cuestiones: en primer lugar, Andrade-Ciudad plantea qué es lo que aporta la sociolingüística histórica al estudio de las lenguas y variedades empleadas en los Andes (epígrafe 1.2.) para, a continuación, revertir la pregunta y exponer qué es lo que puede ofrecer la investigación en el ámbito andino a la sociolingüística histórica (epígrafe 1.3.).

La primera cuestión se aborda desde la revisión de conceptos propios de la sociología del lenguaje: diglosia, sustitución y alternancia de lenguas, koineización y contacto lingüístico, como aspectos clave para entender la aparición, evolución y configuración de las variedades lingüísticas. En este punto, Andrade-Ciudad aporta ejemplos procedentes de diferentes lenguas, pero se centra en trabajos realizados sobre el español de América. Expone, de manera clara y basándose en los principios de la sociología del lenguaje, la situación lingüística de Perú en tiempos coloniales, momento en el que surge una variedad koinética, lengua general, surgida por el contacto entre el quechua y el español, diferente, por tanto, de la lengua vehicular, lengua franca empleada en el imperio inca y basada en la variedad del quechua utilizada en Cuzco. También es este capítulo donde aprovecha para exponer con detalle la hipótesis de De Granda (1994: 22 - 92) sobre la zonificación del español de América que después discutirá y matizará a partir de los resultados obtenidos en este trabajo particular. Por último, describe la situación de multilingüismo y contacto que es propia de esta zona específica y que no solo combina lenguas como el quechua y el aimara, sino también otras lenguas propias de la zona del Amazonas. A partir de aquí se propone un replanteamiento de la clasificación de las lenguas mediante criterios estrictamente geográficos que, en el caso del Perú, lleva a una distinción entre costa, sierra y selva que oscurece, según el autor, el hecho de que entre ellas pudieran haberse establecido relaciones sociohistóricas. Por último, el autor aborda la convivencia entre el quechua y el aimara en épocas prehispánicas y aquí abre el camino para integrar los resultados de esta investigación dentro la tipología de bilingüismo social desarrollada por Trudgill (2010, 2011) y aplicarlo no solo a los procesos de convergencia entre las lenguas indígenas, sino también a los que se establecen entre ellas y el español. Como el mismo autor reconoce, la aplicación del modelo de Trudgill al panorama lingüístico del norte de los Andes es difícil, pero espera que los resultados de este trabajo sirvan de base para una investigación futura en este campo.

El segundo tema que se aborda en este capítulo: ¿qué puede aportar la investigación sobre el mundo andino a la sociolingüística histórica?, conduce directamente a la paradoja histórica (Labov 1994: 21), según la cual la tarea propia de la lingüística diacrónica, que consiste en explicar las diferencias entre el pasado y el presente se encuentra con un inconveniente intrínseco ya que, puesto que el pasado es diferente del presente, no hay forma de averiguar cuán grandes son esas diferencias. Una de las causas que conducen a esta paradoja es la ausencia de documentos completos y adecuados que aporten datos sobre el pasado porque la lingüística histórica se apoya principalmente en documentos escritos que se alejan del mecanismo de la lengua oral. Esta dificultad aumenta con la ausencia de textos escritos, tal y como sucede cuando se carece, además, de textos escritos, como sucede en el caso de la cultura andina precolonial, que se desarrolló, como muchas otras, sin necesidad de apoyarse en ningún sistema de escritura (se valían, en realidad, de otras herramientas, como los quipus, para realizar anotaciones contables o administrativas). Esta circunstancia hace especialmente difícil la investigación filológica y etnolingüística sobre estas civilizaciones, de modo que hay que valerse de procedimientos indirectos para recabar información de utilidad. El autor presenta, a lo largo de este epígrafe, algunas de las investigaciones llevadas a cabo en el mundo andino y los métodos de trabajo empleados para reconstruir el pasado lingüístico del mismo: desde la revisión de los trabajos lexicográficos quechua-español emprendida por Taylor en 1980 (2000: 19 – 34); el análisis variacionista (con el empleo de cálculos estadísticos) de rasgos sintácticos utilizados en documentos legales (Anna María Escobar 2012); el análisis, también a través de cálculos estadísticos, de un documento escrito en el siglo XVII en lengua quechua, en el que se describe la mitología de la zona y su cotejo con una “revisita” para examinar la utilización de los antropónimos (Salomon and Grosboll 2009 y 2011) o la revisión exhaustiva de documentos para, a partir del estudio de los topónimos, entre otros aspectos, determinar cuál pudo ser el panorama lingüístico de la zona durante la época del imperio inca e, incluso, en periodos anteriores (Cerrón Palomino 2013).

Para cerrar el capítulo, el autor insiste en la importancia del enfoque multidisciplinar para llegar a conclusiones acertadas sobre la configuración histórico-lingüística del territorio norandino: historia y lingüística andina deben complementarse necesariamente y esta conjunción es la que marca el resto del libro.

2.4. El concepto de castellano andino y la historia lingüística del norte de los Andes (capítulo 2)

Una vez que el autor establece el marco teórico y conceptual que sirve de base a su estudio, llega el momento de repasar los trabajos que se han llevado a cabo de forma específica sobre el castellano andino y que sirven para caracterizarlo y situarlo en su contexto. Andrade-Ciudad emprende esta labor de manera minuciosa en el capítulo segundo de su libro, pero su revisión bibliográfica no se limita a ser una descripción detallada de los acercamientos que se han llevado a cabo sobre esta variedad, sino que la aprovecha para discutir el concepto de castellano andino desde diversas perspectivas: la dialectológica, la sociolingüística y la histórica. Al mismo tiempo, el autor analiza la inclusión de la subvariedad analizada en el libro, la empleada en el norte de los Andes peruanos, dentro de esta categoría general, ya que en el español utilizado en el norte de los Andes entra en juego una tercera lengua de sustrato, el culle. No hay que olvidar que uno de los objetivos del trabajo que se reseña es someter la categoría de castellano andino a una revisión empírica. El capítulo segundo cumple con creces dicha intención.

En primer lugar (epígrafe 2.2), el autor repasa los trabajos académicos que se han llevado a cabo sobre la variación dialectal en Perú. Su revisión no solo incluye trabajos dialectológicos y sociolingüísticos, sino que también se presentan las principales teorías sobre el contacto lingüístico que, en esta zona, pudieron haberse establecido entre el español y las lenguas indígenas, principalmente el quechua y el aimara; los principales estudios que se han realizado sobre dichas lenguas, así como la clasificación de las variedades lingüísticas de Perú; su variación social y los procesos de convergencia desarrollados a partir de los movimientos migratorios producidos del campo a la ciudad. Se trata de un completo apartado que ofrece una visión panorámica y detallada en el que se sitúa el análisis que emprende Andrade-Ciudad.

De allí se pasa a la “reconstrucción” del concepto de castellano andino, para ello parte, en primer lugar, de una segunda revisión bibliográfica sobre este término en particular que, a pesar de ser una categoría reconocida en los trabajos dialectales sobre el español, no siempre es definida del mismo modo debido, principalmente, a que los acercamientos a esta variedad se pueden llevar a cabo desde diferentes perspectivas lingüísticas que son, al mismo tiempo, complementarias: la dialectal, la social y la que se enfrenta al análisis de la influencia de las lenguas de sustrato y/o adstrato. El autor repasa los trabajos que se han llevado a cabo desde cada uno de estos campos de estudio y discute los principales problemas y limitaciones que, a la hora de delimitar el concepto, se presentan en cada uno de ellos. Uno de los aspectos más llamativos de esta revisión es el carácter central que presenta el bilingüismo en la caracterización del castellano andino, ya que tanto el carácter bilingüe de la comunidad de hablantes, como el grado de bilingüismo de determinados grupos de individuos, aparecen necesariamente en cada uno de los enfoques desde los que se puede abordar el análisis de esta variedad. Se trata de un “componente clave”, tal y como lo denomina el mismo autor, que no solo está presente en la variedad conocida como interlecto, variedad inestable de transición en el proceso de adquisición del español como segunda lengua (Escobar 1978), sino también en el castellano andino como variedad nativa.

El siguiente paso consiste en revisar los trabajos que se adentran en la descripción de la historia lingüística del norte de los Andes peruanos, donde tradicionalmente han convivido tres lenguas: el culle, el quechua y el español. De las tres, la menos estudiada ha sido la variedad del español empleada en esta zona de los Andes, mientras que el quechua ha sido ampliamente analizado desde diferentes puntos de vista. El autor comienza su análisis con el culle, principal lengua de sustrato de la zona (aunque escasamente documentada y estudiada) y realiza un dibujo completo de la misma, desde la historia de su denominación, la presencia histórica de la lengua en la zona norandina, su extensión, su coexistencia con el quechua y las principales características por niveles lingüísticos. A continuación, analiza los trabajos realizados sobre las variedades del quechua empleadas en la zona, sus características y las discusiones sobre su clasificación basadas tanto en criterios lingüísticos como históricos. En este contexto, la variedad del español utilizada en el norte de los Andes plantea una problemática específica acerca de su clasificación ya que, a pesar de incluirse geográficamente en la zona del castellano andino, es habitual que los investigadores eviten utilizar dicha etiqueta cuando describen las características del español empleado en la zona de sustrato culle, debido a que presenta rasgos específicos que lo diferencian de dicha categoría. Lo que el autor propone es que los dialectos del español hablados en el área de sustrato culle son ejemplos de castellano andino, con el que comparten muchas características, si bien con rasgos específicos que permiten hablar de una subvariedad (o de un grupo cohesionado de variedades) en sí misma. A pesar de su propuesta, el autor vuelve a insistir en que para aceptarla, es necesario ampliar el concepto de castellano andino tradicionalmente reconocido en los trabajos dialectológicos, sociolingüísticos e históricos.

2.5. Contacto lingüístico en el norte de los Andes peruanos y su base sociohistórica (capítulo 3)

Tras definir y delimitar el concepto de castellano andino que el autor propone para su trabajo, llega el momento de presentar los resultados del análisis documental que se ha llevado a cabo para corroborar sus presupuestos iniciales. El capítulo 3 está dedicado a exponer cuál fue el grado de contacto que se estableció entre diferentes lenguas en los diferentes periodos de la historia del norte de los Andes. Para ello recurre a un amplio corpus de fuentes documentales que permiten llevar a cabo, de manera indirecta pero muy precisa y detallada, una reconstrucción de los diferentes escenarios lingüísticos que se sucedieron en la zona que el autor denomina “área de consenso”, es decir, la zona andina que se ha propuesto como espacio de expansión de la lengua culle. Dicha reconstrucción está acompañada de una descripción fiel de la historia social y económica de la zona y se incide muy especialmente en cuáles fueron los principales canales o circuitos de comunicación de la época, lo que permite un mejor entendimiento de las estructuras sociales que explican la mayor o menor vitalidad de las lenguas indígenas en cada uno de los momentos analizados.

El autor recurre a documentos de diferente naturaleza para llegar a resultados concluyentes (detallados en los dos primeros apéndices del libro). A la información histórica disponible sobre el norte de los Andes y los estudios filológicos sobre la toponimia y el léxico indígena, se añade el examen de una serie de archivos civiles y eclesiásticos que complementan la documentación disponible y permiten extraer datos con los que fundamentar las conclusiones propuestas en el trabajo. Es necesario recordar de nuevo que una de las principales dificultades con la que la lingüística histórica se puede encontrar es la ausencia de registros escritos que permitan el acceso a las producciones lingüísticas de épocas pasadas -la paradoja histórica planteada por Labov (1994: 21)- y esta circunstancia es a la que se enfrentan los investigadores del panorama lingüístico norandino. En este sentido, el análisis documental que el autor presenta en este capítulo es un claro ejemplo de cómo superar dicha paradoja, lo cual no solo permite conocer mejor la historia lingüística norandina, sino que también supone una aportación metodológica para la sociolingüística histórica general.

El capítulo sigue una organización cronológica. En primer lugar se reconstruye cómo pudo ser, durante la época prehispánica, la convivencia lingüística, entre dos lenguas de características muy diferentes, el quechua y el culle. Este análisis permite establecer con rigor cómo se constituye el principal sustrato indígena del español peruano norandino. En el siguiente punto se dibuja con precisión la compleja situación lingüística que se establece tras la llegada del español, durante los siglos XVI y XVII. La implantación de esta lengua contribuyó, paradójicamente, a que la desaparición del culle se retrasara y a que apareciera un bilingüismo diglósico entre las dos lenguas. A pesar de que, tal y como el autor reconoce, es complicado conocer los detalles del panorama lingüístico en la zona norandina durante estos siglos, el profundo escrutinio de documentos eclesiásticos y jurídicos que permiten rastrear los movimientos poblacionales de individuos de diferente origen alrededor de la minería y la industria textil, los motores económicos de la zona y el análisis etnolingüístico acerca de los telares tradicionales permiten esbozar de forma bastante clara el escenario. A continuación, el autor revisa la convivencia lingüística del quechua, el culle y el español en los siglos XVIII y XIX a través del estudio de documentos sobre la empresa evangelizadora y la existencia de nuevos circuitos comerciales. Para terminar, se describen las circunstancias históricas que, en el siglo XX, llevaron a la completa desaparición del culle y a la absoluta hegemonía del español.

2.6. El español peruano norandino como subvariedad lingüística (capítulo 4)

Después de presentar, desde el punto de vista histórico, la sucesión y convivencia de lenguas en el norte de los Andes peruanos, se emprende la tarea de describir los rasgos lingüísticos que aparecen en el español utilizado actualmente en dicha zona. El autor adopta ahora una perspectiva principalmente sincrónica (sin evitar por ello el análisis diacrónico de los rasgos y estructuras características de esta variedad) y, a partir del análisis de datos orales obtenidos a través de entrevistas semi-estructuradas, demuestra que en la comunidad de habla estudiada se emplea una variedad diferenciada dentro del castellano andino, es decir, que aunque comparte muchas de sus características generales, también presenta rasgos particulares que la convierten en una subvariedad de la misma. Por otra parte, la combinación de los resultados de este análisis sincrónico con los datos históricos presentados en el capítulo anterior, hacen posible matizar la zonificación propuesta por De Granda (1994: 76) en áreas centrales, intermedias y periféricas y afinar la ubicación de la variedad estudiada dentro de la misma.

El propósito central del capítulo es presentar la configuración general de un dialecto del castellano andino cuya influencia principal ha sido la lengua culle y no una de las principales lenguas andinas, el quechua o el aimara. Hay que tener en cuenta que, tal y como explica el mismo autor, siempre se ha considerado que el castellano andino está fuertemente determinado por el dominio de estas dos lenguas, cuya influencia habría llegado a todas las zonas de los Andes peruanos.

Tras describir la metodología empleada para recoger los datos (cuyos detalles se presentan también en los apéndices 3-5), que consiste principalmente en la grabación de entrevistas semidirigidas a una muestra estratificada de hablantes combinada con la observación participante, y justificar la elección de las provincias en donde se ha llevado a cabo el estudio, el autor explica el proceso seguido para seleccionar las variables analizadas: se parte de una revisión detallada de diversos trabajos (claramente sesgados, tal y como el autor apunta, hacia las variedades del sur) en los que se presentan los rasgos característicos de la supravariedad conocida como castellano andino y estos se utilizan como “variedad de referencia” para determinar si esos mismos rasgos son los que aparecen en las comunidades de habla que se analizan o si aparecen otros diferentes.

A partir de aquí el autor presenta los rasgos encontrados en la variedad estudiada siguiendo la ordenación clásica por niveles de análisis lingüísticos: fonético-fonológico, morfosintáctico y pragmático-discursivo y deja para trabajos posteriores el nivel léxico-semántico; dentro de cada uno de estos niveles el autor presenta en primer lugar aquellas unidades y fenómenos lingüísticos que son exclusivos de la variedad analizada y que, por tanto, no aparecen en las variedades del castellano andino descritas hasta el momento y, en segundo lugar, aquellos que comparte con dichas variedades. Junto a esta clasificación, el autor hace referencia también a rasgos frecuentes en el corpus analizado que son propios de otras variedades del español americano, algunas peruanas, como el castellano de la costa norte o el empleado en la zona de la selva amazónica, y otras no peruanas, como el español de los Andes ecuatorianos, la variedad rural colombiana o, incluso, el español de México. En el examen de cada uno de los rasgos lingüísticos, el autor no se limita a describir o registrar su uso, sino que ofrece ricas explicaciones sobre sus posibles significados sociales y la relación, en su caso, con las lenguas indígenas, entre las que el culle presenta un importante dominio. Por otra parte, para constatar la difusión regional de los rasgos descritos, se presenta la distribución de los rasgos estudiados en las tres provincias en las que se desarrolla el trabajo y que corresponden a diferentes áreas del territorio analizado.

El exhaustivo análisis que Andrade-Ciudad realiza sobre los rasgos y procesos lingüísticos propios de la zona norte de los Andes peruanos le lleva a proponer la revisión del concepto de castellano andino que viene anunciando a lo largo del trabajo: dentro de esta categoría general se deben distinguir, al menos, dos subvariedades: la meridional o centro-meridional y la septentrional; la primera de ellas se caracteriza por presentar rasgos fijados por el contacto continuo con el quechua y el aimara, mientras que la septentrional está principalmente influenciada por la lengua culle y, en ella, el peso del quechua ocupa un lugar secundario.

Además de ello, el hecho de que la variedad septentrional descrita por el autor presente características que lo alejan del español estándar europeo le lleva a revisar la clasificación en la que De Granda (1994: 76) sitúa las variedades del norte de los Andes dentro de la zona central. Hay que tener en cuenta que De Granda parte de una visión muy general de la configuración histórica americana que conduce a la idea de que esta región, que formó parte del Virreinato de Perú, habría seguido los patrones más prestigiosos que irradian desde Lima y que están basados, a su vez, en el español europeo septentrional. Dicha base, la del español estándar europeo y no la propia de la koiné establecida a partir de los rasgos del andaluz, es la que aparece efectivamente en la variedad septentrional del castellano andino y la que lleva, por tanto, a De Granda a excluirla de las zonas intermedia y periférica, ya que considera que las variedades del español que se desarrollaron en ellas se constituyeron sobre la base de la koiné meridional. Sin embargo, la presencia de rasgos divergentes con respecto al estándar europeo, muchas veces compartidos con otras variedades americanas (principalmente rurales) y derivados de la fuerte influencia de lenguas indígenas y de la activación de procesos internos de cambio lingüístico que surgen como consecuencia de los diferentes tipos y grados de bilingüismo (Trudgill 2010, 2011), llevan al autor a reconfigurar, en el capítulo siguiente, la propuesta de De Granda para poder realizar una clasificación más precisa de las variedades dialectales del español de América.

2.7. Castellano andino septentrional y sociolingüística histórica (capítulo 5)

El rigor demostrado por el autor a lo largo de todo el trabajo, desde los planteamientos teóricos y metodológicos iniciales hasta la minuciosidad analítica e interpretativa desplegada en la descripción lingüística y  sociohistórica del español norandino, se deja ver también en el último capítulo del libro, que lejos de ser una mera recapitulación de los resultados principales, revisa cuál es la validez y el alcance de sus propuestas, especialmente la de presentar el español de la zona norte de los Andes como una subvariedad del castellano andino y su clasificación en el conjunto de variedades americanas a partir de una revisión de la zonificación propuesta por De Granda (1994). Además, el autor aprovecha para discutir las principales dificultades a las que se ha enfrentado a lo largo del trabajo y las recoge para abrir líneas de investigación futuras que permitan arrojar más luz sobre las características lingüísticas e históricas de la variedad analizada y de su comunidad de habla. El capítulo se estructura en dos epígrafes: el primero resume las propuestas del autor sobre el concepto de castellano andino norperuano y el segundo las relaciona con los planteamientos teóricos de la sociolingüística histórica. De esta forma, el cierre del libro enlaza directamente con los planteamientos expuestos en la introducción.

Presentar las variedades del español empleado en la zona norte de los Andes peruanos como un grupo dialectal diferenciado dentro del castellano andino lleva al autor a ampliar las preguntas iniciales y a plantear, por tanto, nuevos caminos para la investigación, como la necesidad de establecer comparaciones con otras comunidades de habla fuera de la región y definir así las fronteras de esta variedad; realizar trabajos de corte diastrático que permitan definir la distribución social de los rasgos dialectales; investigar de manera más profunda el peso que en la configuración de la variedad tuvo la influencia del sustrato indígena en combinación con la mayor o menor proximidad de la variedad estándar; estudiar más a fondo los circuitos migratorios que dieron lugar a los escenarios de contacto entre diferentes lenguas y variedades lingüísticas y explorar todavía más los momentos históricos en los que la presencia o ausencia de procesos de reindigenización pudieron influir en la construcción de las identidades lingüísticas.

Con respecto a la conexión con la sociolingüística histórica, el autor destaca la posibilidad de aplicar la tipología de Trudgill (2010, 2011) sobre los diferentes modelos de contacto lingüístico a la zona estudiada. A pesar de que son necesarias más investigaciones históricas, la mayor complejidad de ciertas estructuras morfosintácticas con respecto a las construcciones de las que derivan, parece sugerir que tuvo que haber periodos largos de convivencia intensa entre las comunidades de habla de lengua culle (e incluso quechua) y la población hispanohablante.

Por otra parte, la influencia del sustrato indígena sobre la variedad del español norandino es la que lleva al autor a revisar la propuesta de zonificación elaborada por De Granda (1994) y a caracterizar de manera más precisa las zonas etiquetadas como intermedias y como periféricas, que quedan ahora bien diferenciadas: aunque ambas se alejarían del proceso de estandarización hacia los modelos de prestigio septentrionales europeos, las primeras (zonas intermedias) sí se habrían conformado sobre una base dialectal andaluza y en ellas se produjeron procesos lingüísticos de simplificación y nivelación; por el contrario, las variedades lingüísticas de las zonas periféricas, entre las que se encontraría la que se analiza en este trabajo, no tuvieron como base el dialecto meridional andaluz, pero su lejanía con respecto a los principales focos de poder y su largo contacto con las lenguas indígenas las alejan de las características propias de las zonas centrales y favorecen la activación de procesos complejos de cambio lingüístico (aunque nunca tan radicales como los que se registran en las zonas marginales, en las que el proceso de estandarización no tuvo ninguna influencia). Tras su propuesta, Andrade-Ciudad señala la necesidad de mayores matizaciones de la misma tras el análisis de otras variedades, como la del castellano surandino que ha servido como base para caracterizar la que se analiza en este trabajo. Junto a ello, el autor aprovecha para indicar otros “cabos sueltos” en los que se debería seguir investigando, como la reconstrucción histórica de la variedad vernacular en documentos de proximidad (epistolarios familiares de muy difícil acceso y, sobre todo, hallazgo) y la mayor explotación de los corpus judiciales.

3. Conclusión

Este libro, que se basa en la tesis doctoral que el autor presentó en la Pontificia Universidad Católica de Perú, ofrece una investigación madura y sólida en la que se demuestra que la descripción de variedades dialectales particulares puede beneficiarse de presupuestos teóricos y metodológicos de la sociolingüística histórica y sus disciplinas afines, pero que también pueden aportar importantes precisiones y matizaciones a los conceptos y taxonomías que en ellas se establecen. En este sentido, el objetivo que el autor presenta como propósito principal de su trabajo, la descripción de un grupo de variedades lingüísticas escasamente estudiado hasta el momento, es en realidad la base de la que se parte para revisar el concepto de castellano andino, las propuestas de clasificación de las variedades del español de América o para rastrear la influencia del sustrato indígena no solo a través de la presencia de algunos de sus rasgos lingüísticos en la variedad analizada, sino también a partir del escrutinio de documentos que permitan dar cuenta de la vitalidad de las lenguas prehispánicas en los diferentes periodos históricos.

El libro pone a disposición del lector los resultados de una rigurosa y detallada investigación que aporta un importante avance teórico tanto en el terreno de la lingüística andina como en el de la sociolingüística histórica. La propuesta, por parte del autor, de nuevas líneas de investigación hace muy deseable la publicación de próximos estudios en los que Andrade-Ciudad aborde, con la maestría demostrada aquí, cada una de las cuestiones que se abren a partir de la interpretación de los resultados obtenidos.

Mientras tanto, dejaremos al tejedor trabajando en su telar…

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