Reseña

Reseña - Sección dirigida por Yvette Bürki

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Carlos Garatea Grau. Reseña de Julio Ortega. 2010. Nuevos hispanismos interdisciplinarios y trasatlánticos. Madrid / Frankfurt: Iberoamericana / Vervuert

En lo que llevamos del siglo un deseo de distinción y, otro tanto, de originalidad parece dar paso a nuevas maneras de acercarse a lo conocido y mostrarnos así cuánta ignorancia habíamos acumulado. En esa ruta se proponen nuevos espacios al diálogo entre disciplinas hasta ahora divorciadas o sencillamente distanciadas en virtud de malentendidos o de la falsa creencia de que sólo se ganaba seriedad académica si objeto y método ofrecían solidez e impermeabilidad en su diseño y ejecución. Es verdad que se cayó en la formalización de todo, en el diseño de límites fijos, irrenunciables, propios y, en ocasiones, transferibles por escuela o herencia. Si ello dio origen a la parcelación de los fenómenos y de la realidad, no obstante los avances que al mismo tiempo permitieron, también es cierto que la apertura que proclaman las orientaciones del momento carecen, con frecuencia, de una epistemología clara, de un método que asegure consistencia a explicaciones y conclusiones y de un mínimo conocimiento de la historia de las disciplinas que permita salvar el equívoco de dar por descubierto lo archisabido o de responder a compromisos ideológicos que anticipan las interpretaciones que se ofrecen al final de los trabajos. En ocasiones, el afán de ser distintos y originales no lleva más allá de los lugares comunes. Es una velocidad inmóvil.

Ciertamente que el hispanismo no escapa a esos jaloneos en la búsqueda de una justificada renovación disciplinar. Claro que renovar no es echar al traste los saberes acumulados sino –digo yo– ponerlos en nuevas relaciones y perspectivas, libres de estereotipos y límites autoimpuestos. Hubiera sido interesante, por ello, intentar una definición del término que articula el libro: hispanismo. ¿Cuál es su alcance? La lengua empleada en el análisis; la procedencia del autor; la lengua en que se expresa un fenómeno o una creación; el espacio en el que ocurre el hecho estudiado, en suma, qué. ¿Qué hace que una investigación aterrice en el campo del hispanismo? Entiendo que no era propósito del libro ofrecer una definición. Me queda claro además que esas cuestiones generan otras preguntas y tienen el riesgo de repetir discusiones ya vividas. Sin embargo, en cualquier caso, unas cuantas notas al respecto, aún si preliminares, habrían permitido calibrar mejor la renovación que se pretende impulsar y las razones para hacerlo. Las hay de sobra, por cierto. Pero también es verdad que, en los últimos veinte años, en el campo filológico por ejemplo, hay muestras de querer cambiar las cosas. Dicho de otro modo: hay trabajos que incorporan variables y dimensiones antes postergadas o ninguneadas, que señalan nuevos caminos para futuras investigaciones y que enfatizan la necesidad de una interdisciplinariedad bien entendida, conciente de las tradiciones involucradas y, al mismo tiempo, dispuesta a trascender sus límites para pensarse nuevamente. Todavía es una minoría pero su existencia ya da cuenta de un movimiento en ciernes. En el caso de este libro, el nuevo hispanismo viene determinado grosso modo por el siguiente marco, en palabras del Julio Ortega, autor del prólogo: “Se trata, en efecto, de una teoría crítica forjada en español, cuyo sentido de pertenencia se afirma en su traza multinacional y se proyecta en su disputa de una textualidad más articulatoria y más dialógica; esto es libre de los cánones forjados por la conflictiva voluntad de verdad de varias persuasiones críticas y autoridades teóricas” (9-10). Y líneas después agrega: “la crítica trasatlántica, probablemente, empieza siendo una renovación del hispanismo y una avanzada del Humanismo internacional”. Salvando el tono de proclama política (“avanzada del Humanismo internacional”), sin duda ajeno a los intereses del distinguido prologuista, queda trazado un campo que se caracterizaría por poner el acento en perspectivas críticas, expresadas en español, integradoras y libres de la presión de los cánones.

Difícil no estar de acuerdo. Pero los problemas son, primero, cómo se traducen esas afirmaciones en la práctica de una disciplina académica y, segundo, cómo se expresa ello en la conceptualización de los objetos de estudio, en la aproximación metodológica y en las explicaciones resultantes. Si no se atienden estos aspectos existe el peligro de banalizar los estudios y de generar espectáculos de discursos bien articulados pero sin trascendencia alguna para el conocimiento. Hay, además, un tema colateral que no me parece menor y que podría dar pie a otro debate: la noción de “disciplina académica”. Lo digo pensando en si lo que hoy entendemos por disciplina académica calza con el marco citado. ¿Puede ese marco prescindir de una reflexión previa sobre el quehacer y el sentido de las disciplinas involucradas? ¿Toda disciplina está en condiciones de ser flexible y embarcarse en la interdisciplinariedad? ¿Qué hacemos con los matices y diferencias coexistentes en interior del hispanismo tradicional? A estas preguntas se suma algo más: el humanismo. Me resulta fundamental subrayar la importancia de preservar las ciencias humanas y el enfoque humanista de los hechos de cultura. Pero también me queda claro que es necesario discutir cuál es papel de las humanidades en un contexto interdisciplinar y dialógico como el que se propone, sobre todo por la heterogeneidad y asimetría, científica y social, del mundo hispano, en un contexto que parece guiado por una cultura que favorece el lucro inmediato y los resultados a corto plazo, mejor si son cuantificables. La propia diversidad metodológica puede llevar a interpretaciones muy distintas de un objeto de estudio y sin embargo compartir un fondo humanista. Por principio, el humanismo y, en general, las humanidades no son compatibles con ningún tipo de extensión internacional que no sea un conjunto de perspectivas, a veces entrecruzadas, en otras diferenciadas, es decir, una compleja pluralidad de disciplinas. Quiero decir: si las humanidades aumentan su presencia en la vida académica, ese crecimiento es, en sí mismo, una multiplicidad de enfoques agrupados en un único término. Son muchos en uno o si se quiere es uno que se expresa de distinta manera. Discutir aquello que permite agrupar a una diversidad de quehaceres y tradiciones científicas, me parece fundamental en la ruta que plantea el libro de cara a un mundo que no alienta la formación humanista sino que, por el contrario, defiende la prematura especialización y continúa parcelando el saber.

El libro tiene tres partes. La primera, Balances y prospecciones, acoge cinco trabajos: Ángel Gómez Moreno, El hispanismo medievalista del siglo XXI; Klaus Zimmermann, La hispanofonía, la lingüística hispánica y las academias de la lengua: propuestas para una nueva cultura lingüística; Hernando Valencia Villa, Memoria histórica y derechos humanos: lecciones de Hispanoamérica; Susana Reisz, ¿El premio será otra carrera? (El lugar de la mujer escritora en el hispanismo del futuro); Ricardo Gutiérrez Mouat, Cosmopolitismo y latinoamericanismo: nuevas propuestas para los estudios literarios.  De los cinco quiero destacar el de Zimmermann y el de Reisz. En el primer caso, Zimmermann razona en torno a los parámetros de una lingüística hispánica heredera de una concepción monocéntrica del español, asentada en las pretensiones políticas que definieron las relaciones entre España e Hispanoamérica (44-46). Desde ese marco, aboga por un futuro que traiga y explore una concepción plural del español, es decir, “un concepto moderno de lengua, más adecuado, sociolingüísticamente fundamentado y políticamente de respeto e igualdad” (48). Se trata, pues, de una manera de concebir el español desde la diversidad de sus usuarios, perspectiva que, por una parte, plantea cambios metodológicos y teóricos y, por otra, que debe redefinir el trabajo de la Academia española de lengua y la función de sus correspondientes en América (50-57). Otro es ciertamente el enfoque de Reisz. No quiero calificarlo de feminista porque lo encasillaría demasiado y evaporaría las ramas que desbordan esa perspectiva. Hay, por cierto, una orientación ligada al feminismo pero, a mi juicio, no es una orientación ciega ni apasionada; más bien, es crítica, dentro de los parámetros feministas, lo que hace de su lectura un ejercicio reflexivo que, en algunos momentos, plantea asuntos centrales cuando se valoran obras literarias: “la tradicional reducción de la imagen de la mujer a su cuerpo y a su sexualidad parece extenderse oscuramente, a modo de reverberación subterránea, a muchos productos de la actividad literaria” (85). Pero las cosas no se reducen sólo al género. El valor literario es eso: valor literario. Claro que esta afirmación no niega lo anterior. Pero la complementariedad amplía claramente el horizonte conceptual de Reiz: “La tarea […] requiere el afianzamiento de la autoestima personal y artística, el incremento de la capacidad de diálogo intra- e inter-genérico, el esfuerzo por la integración en la escena literaria general y […] la suficiente autocrítica para no caer en la universal tentación de «no ver la alforja de la espalda» […] y de achacar todas nuestras limitaciones y fracasos al sistema” (99).

Escenarios Interdisciplinarios es el título de la segunda parte del libro. En ella se acogen trabajos de Mary Aren Safir, Laboratorios fantásticos: literatura y ciencia; Paul Julian Smith, Los estudios cinematográficos y televisivos: localismo y trasnacionalidad; Enric Bou, Bloqueo digital: perversidad en las autobiografías público-privadas; Aranzazu Borrachero Mendíbil, Nuevos hispanismos en Estados Unidos: para una ética del aula; Anke Birkenmaier, El hispanismo en Estados Unidos: literatura, estudios culturales y lingüística en el panorama actual. Basta, pues, repasar los títulos aquí citados para reconocer inmediatamente la diversidad de enfoques, análisis y temas que agrupan los “nuevos hispanismos”. Creo, sin embargo, que los mismos títulos habrían encontrado también espacio en publicaciones especializadas o si se quiere temáticas. La novedad, en todo caso, tendría que venir en el contenido. Y aquí es donde se extraña una idea más acotada de hispanismo que permita valorar la novedad de estos trabajos.  El propio término “interdisciplinarios” que sirve de paraguas para el conjunto no tiene correspondencia en los análisis propuestos. Quiero decir: no se aprecia el enfoque interdisciplinario en los análisis; al menos, no he logrado reconocerlo con claridad. Lo que sí me parece útil es el recuento de temas pendientes, lugares comunes, vacíos y prejuicios que hacen cuatro de los cinco artículos en sus respectivos campos de estudio. Son por ello trabajos que trazan rutas y plantean problemas antes que reflexiones o hipótesis. No incluyo aquí el texto de Enric Bou porque, a mi juicio, la novedad viene asegurada desde el tema: el  mundo digital. La comunicación digital es un nuevo campo de estudio que merece más atención de la prestada hasta el momento. Las distintas modalidades de vincular a las personas son, sin duda, espacios que deben ser atendidos interdisciplinariamente. Hay mucho por hacer en este terreno. Bou se ocupa sólo de los blog y pone en evidencia cómo el hecho de escribir un blog y los distintos tipos de blogs suponen una redefinición del espacio privado y del espacio público pero sobre todo de la manera en que el autor de uno de ellos se sitúa y representa ante un(os) otro(s) generalmente desconocido(s). ¿A dónde nos llevará? –se pregunta el autor– “los bloggers representan una innovación fascinante, apropiando elementos del pasado (la escritura de los diarios), innovando con su exhibición sin problemas de la intimidad” (176).

La tercera y última sección del libro lleva el título de Proyecciones trasatlánticas. La integran: Beatriz Colombi, Escenarios de la crítica latinoamericanista: una visión desde la Argentina (del descontento de la promesa); José del Valle, La construcción del hispanismo trasatlántico: lecciones de una polémica mexicana sobre el idioma; Jorge Carrión, Las estructuras y el viaje (hacia un nuevo hispanismo); Victor Vich, El discurso sobre la sierra del Perú: la fantasía del atraso; Vicente Luis Mora, Hacia una estructura trasatlántica de Borges: el aleph en el espejo y el espejo como aleph en la literatura española; Juan Francisco Ferré, Zona sotádica: historias del cuerpo y sexualidad fronterizas.  Me interesa destacar dos. Uno es el ofrecido por José del Valle. Desde una perspectiva que podríamos llamar metatextual, del Valle se acerca, como ha hecho en otros trabajos, a la lengua española en tanto objeto y razón de textos –digamos– políticos. Claro que aquí el carácter político de los documentos estudiados por el autor radica en que responden a intereses de subordinación o, de lo opuesto, de “insubordinación” a un único foco desde el que se pretende estandarizar la lengua española. El hecho que da pie al análisis es la frustrada participación de la RAE en el congreso de academias realizado en México en 1951. Según del Valle, “los discursos metalingüíticos resultan centrales para un tipo distinto de aproximación histórica del lenguaje; una aproximación que afirma los orígenes y efectos sociopolíticos de los fenómenos lingüísticos y que se plantea desenmarañar las raíces y ramificaciones contextuales de los regímenes de normatividad en que se despliegan las prácticas lingüísticas” (233). Es por este tipo de razonamiento que, a mi juicio, la perspectiva se sitúa en el campo de las políticas del lenguaje. Sería útil contrastar esas políticas y el apasionamiento que traen las citas con la percepción que tienen los hispanoamericanos sobre su variedad materna y sobre la madrileña. De esta manera, podría ponderarse si esas proclamas tienen asidero y reflejo en la actividad del hablar y, por cierto, en qué medida lo conducen o si, contra lo que se dice, no son más que proclamas políticas de otro cuño y, por tanto, ajenas a los usos y a la conciencia de los hablantes de español. En el fondo, lo que está en juego es una idea de lengua española y, por ello, concierne también al campo de las valoraciones y al modo en que nos representamos los unos a los otros. Precisamente, es desde este lugar que Vich desarrolla el otro trabajo que me interesa destacar aquí. Su propósito es dotar de contenido a la representación que, por lo general, se tendría en la costa de la sierra peruana. Vich señala cinco rasgos. Estos serían: 1. En los Andes hay una resistencia a la modernidad; 2. En los Andes existe una cultura inferior, que debe ser educada; 3. La sierra es un territorio desconocido y difícil de controlar; 4. Es un escenario violento y conflictivo; 5. El capitalismo y la modernidad deben ingresar a la sierra a como dé lugar. Sobre estos cinco aspectos, concluye Vich que, para lograr una verdadera integración y encaminar mejor el futuro del país, urge reconvertir la representación que se tiene de la sierra. Sin ese cambio, ningún proyecto político o económico tendrá éxito. Este cambio exige, por cierto, una seria y coherente política cultural y, claro, también educativa.

Dicho a manera de colofón: la renovación que se pretende en el hispanismo no sólo exige multiplicar temas y perspectivas analíticas. Poco o nada se avanzará si no se considera la formación universitaria, los planes de estudio y sobre todo, si no se reconoce y fomenta la reflexión y la crítica en los cursos universitarios, actividades que necesariamente deben acompañar algo que no está en discusión: cursos disciplinares e investigación, mucha investigación. A mi juicio, es la única manera para no caer en la improvisación o en la banalización de las ciencias humanas. Este libro es, sin duda, un primer paso que debemos valorar y agradecer adecuadamente.



Fecha de publicación en Infoling:2011-09-01
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