ReviewInfoling 8.1 (2020)

Review - Sección dirigida por Yvette BürkiInfoling 8.1 (2020)

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Hanan Saleh Hussein (Universidad Pablo de Olavide (Sevilla)). Reseña de Galán, Carmen. 2019. Glosolalias femeninas e invención de lenguas. Universidad de Córdoba: UCOPress. Infoling 8.1 (2020) <http://infoling.org/informacion/Review477.html>

1. Introducción

Carmen Galán Rodríguez es una lingüista prolífica, cuya investigación abarca distintos campos y ejes temáticos; sobresalen los de las lenguas artificiales y la invención de lenguas. Este último es un ámbito de investigación poco explorado, es más, se considera “objeto de burla académica” o “curiosidad lingüística” (p. 14), como afirma la propia autora. Por ello, uno de los objetivos de las investigaciones de Galán consiste en descubrir la influencia que tienen los nuevos paradigmas científicos en los estudios del lenguaje, por lo que consideramos que el trabajo que procederemos a reseñar constituye un eslabón importante en la línea de investigación de la autora.

Tal y como anuncia el título, la obra trata “las glosolalias femeninas e invención de lenguas” partiendo de una perspectiva lingüística que surgió en el ámbito religioso como una vía de oración e interlocución con la divinidad, pero que evolucionó gracias a los nuevos estudios científicos que surgen a finales del siglo XIX.

Concretamente, esta obra viene a desarrollar los conceptos teóricos y prácticos sobre las lenguas artificiales creadas por la vidente suiza Hélène Smith (1861-1929) y que, hasta entonces, apenas habían recibido atención de los lingüistas.

Antes de analizar el significado de las glosolalias en la obra objeto de reseña, cabe resaltar que el Diccionario de la Lengua Española indica las siguientes acepciones del término:

  1.  f. don de lenguas (‖ capacidad sobrenatural de hablar lenguas).
  2.  F. Psiquiatr. Lenguaje ininteligible, compuesto por palabras inventadas y secuenciadas rítmicas y repetitivas, propio del habla infantil, y también común en estados de trance o en ciertos cuadros psicopatológicos.

Galán parte de la idea de que las glosolalias consisten en comunicar algo en otra lengua cuando la propia lengua materna pierde la facultad de expresar debidamente aquello que se desea comunicar. En este sentido, la lingüista intenta demostrar, en contra de las opiniones de algunos estudiosos, que las lenguas artificiales producidas por la vidente suiza son autoglosias que ponen de manifiesto la capacidad de Hélène Smith de comunicarse a través de un lenguaje creativo. Dicho lenguaje está formado por glosolalias acopladas a la estructura de la lengua materna de la vidente. Así, las autoglosias se pueden definir como construcciones semióticas que forman un universo paralelo a la lengua materna. Las autoglosias, en este caso, cumplen con unas funciones determinadas que no están cubiertas por las lenguas naturales, como lo referencia la propia autora en otros trabajos de investigación (Galán 2018). Con esta obra, la investigadora ofrece una aportación innovadora que se suma a sus numerosas investigaciones en este campo.

En este trabajo Galán lleva a cabo un análisis exhaustivo y riguroso sobre lenguas artificiales y lenguaje femenino que ha sido un campo poco explorado hasta ahora, a pesar de que su creación se remonta al siglo XVII.

Aunque que el estudio de las glosolalias femeninas es una ciencia casi desconocida para gran parte de la comunidad investigadora en el campo de la Lingüística, es asombroso observar la claridad del estilo de la autora y la sencillez en la exposición de las ideas, lo que se traduce en una lectura fácil y placentera de la obra. El libro presenta una organización coherente que permite atrapar la atención de los/as lectores/as para profundizar, aún más si cabe, en las ideas y los conceptos que forman el contenido de la obra.

El libro consta de 151 páginas, divididas en cuatro capítulos. El primero de ellos se titula: “Innovación de lenguas artificiales: una historia en masculino”, y está organizado a modo de breve introducción, ya que consta únicamente de cuatro páginas (pp. 13-17). El segundo capítulo se titula “Glosolalias místicas, patológicas y glosopoiesis”, consta de 18 páginas (pp. 17-35). Después, se da paso al tercer capítulo titulado “Autoglosias astrales: las lenguas alienígenas de Hélène Smith” (pp. 35-109), que ocupa gran parte de la obra: consta de 67 páginas y constituye el núcleo central del libro. En la última parte del libro se encuentra el capítulo cuatro “A modo de conclusión: la legitimación de la voz femenina”, que consta de cuatro páginas (pp. 109-113) y ofrece una breve recapitulación del contenido de la obra.

En las últimas 17 páginas de la obra (pp. 113-135), los/as lectores/as pueden acceder al apartado de Anexo y Glosario.  

No podemos olvidar hacer referencia al amplio índice bibliográfico que aporta la autora al final del libro. Consta de casi 150 obras y trabajos que abarcan diferentes campos de investigación sobre las glosolalias y otros trabajos relacionados con la ciencia del lenguaje. Las referencias incluyen obras que cubren un arco temporal desde 1931 hasta la actualidad, incluidas tres obras de la autora de 2009, 2012 y 2014.

2. La innovación de las lenguas artificiales: una historia en masculino

En el primer capítulo, con el título de “Innovación de lenguas artificiales: una historia en masculino”, la autora expone el contexto histórico de la glosolalia. El capítulo comienza abordando cómo se han tratado estas lenguas, que han sido relegadas al terreno estético y al ámbito de los mundos imaginarios de la ciencia ficción cinematográfica. En este sentido, y a pesar de que algunas de las creaciones de lenguas artificiales han sido realizadas por lingüistas, se consideran como “producto de la fantasía desbordada de ciertos lunáticos” (p. 14), como afirma la autora. Otro aspecto relevante planteado en este capítulo es la escasez de las referencias de la presencia femenina en la historia de las lenguas inventadas en comparación con la masculina. Galán apunta que el motivo podría atribuirse a la dificultad que tenían las mujeres para el acceso a la imprenta, lo que no ocurría en el caso de los hombres. Esto hizo que las mujeres inventoras de lenguajes recurriesen al medio de los diarios para plasmar sus creaciones e invenciones lingüísticas. La autora trae a colación el caso de la lengua Fraksoo, creada por Barbara Newhall Follet en 1920 para el planeta del mismo nombre (Galán 2009). Por fortuna, en dos estudios del siglo XX algunas autoras de ficción, con formación lingüística, emprendieron proyectos donde se plasmó el punto de vista femenino sobre el mundo a través del léxico propio. La lingüista cita la novela El nombre del mundo es bosque (1976), de la autora estadounidense Ursula K. Le Guin, y el caso de la planificación de un auténtico sistema lingüístico, como la lengua Láadan, que elaboró la investigadora estadounidense S. Haden Elgin para su trilogía compuesta por Native Tongue (1984), The judas Rose (1987) y Earthsong (1933).

En este mismo capítulo, la investigadora detalla aspectos muy relevantes referentes a otras dos obras sobre lenguas artificiales que fueron relegadas al olvido. Las obras pertenecen a dos mujeres pioneras de sus épocas y que corresponden a la Ignota Lingua de Hildegrad von Bingen (siglo XII), inspirada en un estado de trance por una voz divina, y las producciones astrales de Hélène Smith, que fueron calificadas como una manifestación de profundos desórdenes psicóticos por el psicoanalista Théodore Flournoy. Ambas obras fueron consideradas como creaciones personales sin objetivo trascendental alguno.

Galán reconoce que el hecho de que estas pseudolenguas se generaran en momentos de trance espiritual provocó que fuese imposible realizar un estudio científico. Bien es cierto, como afirma la lingüista, que, de las dos obras anteriormente citadas, solo las producciones lingüísticas de Hélène Smith (marciano, ultramarciano y uraniano) cumplen realmente las condiciones para ser consideradas pseudolenguas o autoglosias.

Por primera vez en la obra, nos encontramos ante el neologismo autoglosias que la autora define como la creación personal de una lengua sistematizada producto del trance místico o espiritista que conforma una experiencia personal no trascendente. Además, se revela un dato importante en el caso de las creaciones lingüísticas de Hélène Smith, ya que se detecta la influencia de la lengua materna (el francés) sobre la lengua creada (autoglosias).

3. Glosolalias místicas, patológicas y glosopoiesis

El segundo capítulo titulado “Glosolalias místicas, patológicas y glosopoiesis”, aproxima a los/as lectores/as a la delimitación del fenómeno de la glosolalia a través de la investigación sobre sus orígenes epistemológicos e históricos. Como la propia Carmen Galán indica, no es fácil ubicar este fenómeno en un solo campo, ya que en el proceso de creación de las glosolalias se designan fenómenos vocálicos diferentes producidos en distintos ámbitos y cada uno de ellos posee sus propias singularidades. El campo religioso-místico, el patológico o el poético son algunos ejemplos que ilustran este último punto. De hecho, los lingüistas han demostrado interés en el estudio de las glosolalias por los neologismos o los discursos semiestructurados que produce. Entre estas aproximaciones se encuentra la del ámbito religioso-místico cristiano, que define la glosolalia como una capacidad vocal sobrenatural, un don otorgado por el Espíritu Santo que permite producir una suerte de esperanto místico para facilitar la comprensión de la palabra divina mediante la predicación, tal y como indica la autora.

En este sentido, Galán aclara la sutil diferencia que hay entre glosolalia y xenoglosia desde el enfoque de “don de lenguas” o “hablar en lenguas” y llega a la conclusión de que glosolalia es un don monolingüe, mientras que la xenoglosia abarca lo sobrenatural o milagroso en el aprendizaje de las lenguas en aras de la difusión del mensaje divino entre seguidores o fieles multilingües. Es decir, la xenoglosia se considera, según la autora, un don lingüístico y espiritual, cuya manifestación es plurilingüe.

A continuación, se desarrolla un análisis sobre los diferentes campos donde se analizan los significados terminológicos de la glosolalia. El análisis comienza desde el enfoque de los dos principales ámbitos, el religioso y el psiquiátrico, aunque la autora añade otras definiciones y delimitaciones de este fenómeno, al ofrecer, por ejemplo, también un enfoque lingüístico.

En lo que se refiere al término glosolalia en el ámbito religioso, Galán sitúa su uso en episodios que pertenecen a la tradición profética donde diferencia entre glosolalia y profecía. En este sentido, las manifestaciones glosolálicas no solo tienen presencia en el ámbito colectivo no intencionado durante algunos cultos rituales, sino, también, de forma intencionada. Este segundo caso requiere de un intérprete con el fin de dar sentido a la elocución. Interesa recalcar, en este punto, la relevancia que adquiere la figura del intérprete, que alcanza un excepcional protagonismo metalingüístico al atribuírsele una capacidad mediadora de la experiencia mística de otro o de otros y que dota al fenómeno de la glosolalia de una función social.

Como la propia autora ya había advertido, la glosolalia no es un fenómeno circunscrito al ámbito religioso, por lo que, en este mismo capítulo, se continúa con las aclaraciones relacionadas con el ámbito psicológico, que se inició en el siglo XIX. La definición sobre la que gira esta parte del trabajo se basa en dos vertientes: una de ellas define la glosolalia como “un discurso infantilizado en una aparente lengua desconocida que se produce en ciertos estados de alteración mental”; mientras que, en la otra vertiente, se considera como “un tipo de comportamiento disociativo transitorio en el que el sujeto experimenta un estado de trance inducido generalmente por la presión del grupo sociocultural al que pertenece” (p. 24).

En esta parte del capítulo (p. 28) comienza la definición de una nueva dimensión de la glosolalia en el sentido lúdico y que la autora denomina glosopoiesis. El fenómeno se define, en este caso, como un medio artístico de expresión relacionada con el poder mágico del lenguaje y la creación de nuevas realidades a partir del juego de sonidos. Se hace referencia al contenido afectivo y el carácter emocional de las glosolalias y al peso de la lengua materna. Para ellos, la autora se vale de ideas y obras de autores tales como Amancecer 2006; Moline 2016; Ogden &Richards 1938; Jakobson &Halle 1956; Jespersen 1928; Jacobson &Waugh 1979; Fonagy 1983 o Dogana 1988. Como se puede observar, las ideas expuestas en el apartado están fuertemente avaladas.

Al final de este capítulo se hace una alusión a la relación entre las glosolalias fónicas y el surrealismo. Este argumento ha potenciado la literatura como un nuevo método de conocimiento que une lo consciente y lo subconsciente mediante técnicas hasta ahora poco o nada exploradas, como la hipnosis, el espiritismo, la escritura automática, la utilización de drogas, entre otros, como afirma la autora.

4. Autoglosias astrales: las lenguas alienígenas de Hélène Smith

El capítulo tercero, titulado “Autoglosias astrales: las lenguas alienígenas de Hélène Smith”, constituye el núcleo central del libro. En él se detalla el análisis de las producciones astrales de la vidente suiza. La autora describe con todo detalle el proceso de construcción del lenguaje marciano a través de un ejercicio pedagógico de preguntas y respuestas llevado a cabo por Flournoy con ayuda de un personaje llamado Léopold1. Se podría decir que este capítulo es la parte que abarca el análisis aplicado del trabajo. Comienza con el relato del descubrimiento de experiencias de la médium y vidente que, en realidad, tenía el nombre de Élise Müller y que fue citada en la obra Un cas de somnambulisme avec glossolalie, publicada en el año 1900 por Théodore Flournoy.

Galán explica los tres principales motivos por los que Flournoy se interesa por el caso de la vidente, a saber (pp. 35-37):

1) Según la ciencias psicopatológicas, las voces alienígenas que experimentaba la médium estaban relacionadas con fenómenos como la histeria, la hipnosis, el sonambulismo o la mediumnidad.

2) El interés del autor por descubrir la protolengua de la humanidad a través del caso de la vidente y poder conjugar ontogénesis y filogénesis.

3) El estructuralismo no podría sustraerse a analizar una producción como la de Hélène Smith.

De los tres ciclos clasificados por Flournoy, el astral, el oriental y el real, y que fueron recogidos durante las sesiones de espiritismo, solo se analiza el primero de ellos. Tal y como describe la autora, fue tal la relevancia de este ciclo que despertó el interés de importantes lingüistas de la época como Victor Henry o Ferdinand de Saussure. La autora pasa a describir el análisis de las pseudolenguas o autoglosias de Smith en cuatro puntos o subapartados que conforman este capítulo, pero no sin hacer antes un recorrido por el contexto en que surge la actividad de la vidente y la relación entre los protagonistas de una historia que aúna la ciencia del psicoanálisis y la del lenguaje con la ficción.

El primer punto del análisis se denomina “El ciclo astral y la elaboración de la lengua marciana” (p. 42). De acuerdo con la lingüista, el ciclo astral no es más que una sucesión fragmentaria de escenas sin más relación entre sí que la invención de la lengua, la presencia de determinados personajes y el gusto por el colorido y exotismo de los paisajes marcianos, sin que estos tres elementos tracen por sí solos un hilo argumental sólido. También indica que el hecho de que las visiones no sean continuas responde a expectativas del auditorio y hace sospechar que este ciclo astral es el resultado de un estado anímico y emotivo particular, una especie de abducción hipocondificada que, inducida por la presión del grupo, va construyendo o improvisando escenas.

Otro hecho en el que insiste la autora es el relacionado con las visiones del planeta Marte y la producción de la lengua marciana que desencadenaron todo tipo de especulaciones en la sociedad ginebrina; sin duda, la más atractiva se apoyaba en la probada capacidad espiritista de Smith y sus desdoblamientos verbales, una cuestión que interesaba mucho al incipiente paradigma psicoanalítico de la época y al movimiento artístico del surrealismo por su relación con la escritura automática.

La sociedad de Marte se describe, a través de la mirada de Smith, como una sociedad carente de organización política y social y de costumbres, salvo algunos rituales relacionados con los saludos o algunas fiestas similares a las reuniones familiares europeas. Descripciones que se detallan por Smith como los globos de colores que iluminan las calles de Marte, equivalentes a las farolas en la tierra, o los puentes que se hunden en el río para dejar pasar los barcos, son representaciones que descubren un trazo pueril con lo que se pretende camuflar de extraordinarios. Los habitantes de Marte son seres de piel oscura y cabellos largos y negros que visten ropajes amplios y coloridos y habitan mansiones decoradas como las pagodas asiáticas o los templos hindúes. Esta fascinante creatividad forma las imágenes que deja volar la imaginación de los/as lectores/as y situarlo, directamente, en el escenario de Marte.

A partir de esta explicación detallada, Galán realiza un recorrido por los elementos considerados como influyentes, tanto de forma consciente como inconsciente, junto a la génesis del relato marciano que dieron lugar a las primeras tentativas de Smith para crear el ciclo hindú u oriental, considerado como el más original de la trayectoria marciana de la vidente y que termina con la creación de una nueva lengua.

Sobre el origen de las visiones de la vidente, la autora indica que, aunque no puede saberse con exactitud cuándo comienzan a gestarse estas visiones realmente, hay algunas fechas fundamentales que marcan hitos de perfeccionamiento en la supuesta capacidad espiritista de Smith.

A continuación, la lingüista comienza una descripción y análisis detallados de los hechos acontecidos a lo largo de las sesiones de trabajo de Flournoy con la vidente. Aunque Galán no enumera de forma correlativa las sesiones analizadas, hemos localizado un número de cinco sesiones a lo largo de los cuales se desarrolla la parte analítica de esta sección del libro.

La primera sesión de trabajo se produce el 28 de octubre de 1894. A esta sesión asiste un profesor llamado Lemaître y una viuda con el pseudónimo Mme. Mirbel. A partir de entonces, en las visiones y en el trance con alucinaciones ciestésicas de Smith aparece, de forma permanente, el personaje de Alexis Mirbel hijo de la viuda y alumno de Lemaître. Solo un mes después de esta primera sesión, el 25 de noviembre, comienzan las visiones marcianas de la vidente. A continuación, la investigadora inicia una fascinante descripción del contexto marciano reproducido en las alucinaciones cinestésicas de Smith mezcladas con alucinaciones auditivas y olfativas. Es un deleite para los/as lectores/as disfrutar de las maravillas que visiona Smith en sus viajes: vehículos sin caballos ni ruedas, mansiones con surtidores en el techo, doseles con ángeles de alas extendidas y humanoides de aspecto europeo donde ambos sexos utilizan la misma indumentaria, etc.

Galán afirma que Flournoy veía relevante la primera sesión marciana por la interpelación a Lemaître, ya que sugiere que el sueño astronómico no es más que el fruto de una sugestión provocada y alimentada por él mismo, al igual que las intervenciones del joven Mirbel que se justifican por el deseo de su madre por contactar con su hijo muerto. Es decir que Smith fabricaba sus visiones en función del auditorio, según Flournoy.

La autora apunta que a partir de esta fecha (25 de noviembre de 1984), y apenas iniciado el ciclo marciano, se produce una interrupción de las visiones que dura aproximadamente quince meses (hasta el 2 de febrero de 1986), fecha en que se produce el primer texto. Flournoy atribuye este período de vacío de alucinaciones a una reacción de la vidente ante su actitud escéptica y crítica. Pero, también, sugiere que estos meses constituyeron un período de incubación necesario para perfeccionar el sueño marciano y preparar la lengua.

El 2 de febrero de 1896 tiene lugar la segunda sesión en la que Smith se comunica con los espíritus y mantiene una larga conversación con una mujer imaginaria que la invitaba a subir a un extraño vehículo sin ruedas ni caballos para viajar hasta Marte. La mujer comienza a hablar en una lengua ininteligible para Smith hasta que Léopold, (personaje ficticio y que ejerce de intérprete en las visiones de la vidente), conocedor de las dos lenguas (francesa y marciana), indica que lengua es marciana y que la señora que aparece en las visiones es la misma Mme Mirbel. A partir de esta visión, Smith comienza a hablar en lengua marciana en sus alucinaciones. Galán hace una excelente exposición de la escenografía de esta segunda sesión. Describe los movimientos corporales de la vidente en cada una de las fases por las que atraviesa. El balanceo de la parte superior del cuerpo de la vidente indica que ha atravesado la atmósfera terrestre, la inmovilidad y la rigidez señalan que está transitando por el espacio vacío interplanetario o el movimiento del su torso que revela la llegada a la atmósfera de Marte son referencias que representan una puesta en escena que nos sitúa en el mismo escenario de las visiones descritas.

A lo largo del trance Smith llega a murmurar unas palabras confusas que, más tarde, representan una clave muy significativa para la construcción de la fase lingüística. Dichas palabras fueron basimini mètèche. Las investigaciones de Flournoy demostraron que el primer término significaba ‘secretamente’ y el segundo podría significar ‘señor’. Por tanto, se deduce que la expresión marciana pronunciada por Smith equivaldría a ‘Es un secreto, señor’, tal y como señala la lingüista.

De este modo, Flournoy comienza el proceso de identificación del primer léxico en marciano: metiche S. ‘Monsieur S.’; médache C. ‘Madamme C.’; Métaganiche Smith ‘Mademoiselle Smith’; kin´t´che ‘quatre’. Estas traducciones fueron conseguidas a través de una metodología de trabajo en la que el marciano se iba fraguando poco a poco, casi como un producto del laboratorio experimental de Lamaître y, sobre todo, del propio Flournoy. Aun así, Flournoy sigue considerando que la lengua marciana no es más que una pueril imitación del francés, ya que las cuatro palabras marcianas tienen el mismo número silábico que corresponden al francés. Más tarde, Flournoy cambia de opinión al hacerse cada vez más complejo el lenguaje marciano de Smith y comienza a admitir, no sin ciertas reservas, que las primeras manifestaciones de la vidente pertenecen al lenguaje pseudomarciano, una serie de referencias verbales sin significado reconocible, semejantes al balbuceo infantil o al a imitación lúdica de los idiomas extranjeros que hablan los niños.

Finalmente, Flournoy admite el lenguaje de Smith como una lengua a pesar de que no sirva como lengua vehicular para la comunicación entre seres vivos.

La autora pasa a describir la tercera sesión que tuvo lugar el 16 de febrero 1896. Esta sesión adquiere un estatus especial por el estado de trance en el que Smith observa cómo uno de los participantes en la sesión toma nota de sus palabras. Un año y medio más tarde se produce la escritura marciana. La vidente sufre un nuevo período de inactividad a raíz de un problema de salud que la obliga a mantener reposo durante casi seis meses en los que no se produce actividad lingüística, pero cuenta con una actividad de sonambulismos espontáneos abundantes relacionados con el ciclo oriental o hindú. Durante este período de cese de su actividad tuvo lugar el perfeccionamiento de la lengua y el brote de la escritura marciana.

Llegados a este punto de la primera sección del capítulo, Galán introduce la descripción de la cuarta sesión, que tuvo lugar el 5 de septiembre del mismo año. Fue una visión marciana muy intensa con conversaciones con varios personajes. Lo diferente en esta sesión es que Smith aseguraba estar consciente, a pesar de que esta visión sucede en un intervalo del sueño. Comienza, así, el período traductológico en el que se construye la equivalencia lingüística entre el marciano y el francés. Flournoy le pide a la vidente que entregue una carta a Léopold y le exige una respuesta por escrito a través de la vidente. Smith recibe la carta el 20 de octubre y el 22 del mismo mes redactó (con la caligrafía de Léopold) una carta en dieciocho versos alejandrinos como respuesta a la petición de Flournoy y en la que se explica en los últimos tres versos el rito para convocar al traductor.

Finalmente, esta sección concluye con la quinta sesión de trance (se refiere al estado de la médium durante las sesiones) con fecha 2 de noviembre de 1896, y en la que Flournoy avanza en el proceso traductológico. Galán describe la sesión en la que Flournoy pide que se instale a la vidente en un sillón confortable para iniciar su viaje a Marte. Durante la sesión, el personaje del traductor, Léopold, afirma que Smith comprende a la perfección la lengua marciana, aunque no la haya aprendido nunca. En esta parte del proceso aparece el nombre de Esenale, quien sustituye definitivamente a Léopold como traductor. A partir de este hecho comienza un proceso en el que cada vez que Flournoy pronuncia el nombre de Esenale en el momento adecuado, Smith comienza a hablar en marciano como si fuera por arte de magia. Esto ocurre después de dos años y medio de trabajo en sesiones en las que comenzó un proceso traductológico palabra por palabra.

El segundo punto del capítulo, titulado “La autoglosia marciana”, es un marco perfecto y completo del análisis de dos procesos relevantes. El primero consiste en la producción lingüística de Smith del lenguaje marciano, mientras que el segundo se refiere a la producción de un nuevo lenguaje marciano que denomina la autoglosia ultramarciana.

La autora define la lengua que genera Smith como un ejemplo típico de los que denomina autoglosia, que viene a ser la creación consciente de una nueva lengua manifestada, en este caso, a través de varios automatismos psicológicos.  Galán vuelve a resumir la situación en la que se encuentra el estado del lenguaje de la vidente y recuerda, a modo de resumen concluyente, lo acontecido durante las primeras manifestaciones. Clasifica los episodios que ocurren a lo largo de ese primer período en automatismos verbo-auditivos y verbo-visuales. La influencia de dichas manifestaciones sobre Smith también se analiza en esta parte del subapartado.

A continuación, se hace referencia a que el proceso de la creación de la escritura necesitó de un periodo de gestación mayor que el de la lengua, ya que justamente el 23 de mayo de 1897 es cuando se anuncia de manera más precisa la escritura marciana. El 23 de junio, tras las presiones de Flournoy, Smith afirma que no escribe porque no había encontrado el instrumento del que se sirven los habitantes de Marte para dicha tarea. En julio y agosto comienza a trazar unos dibujos con caracteres supuestamente marcianos, hasta que en la sesión del 22 de agosto de 1897 Smith reproduce la escritura marciana por primera vez. Además, en esta sesión estuvo con cuatro personajes: Astané, Esenale, Pouzé y Simandini. La autora exhibe dos figuras con estas caligrafías que formarán parte de las ocho figuras que se incluyen en esta sección del apartado.

Justamente durante este período se da comienzo al proceso de la escritura marciana automatizada. Se exponen algunas figuras de las cuales se deduce que los signos recogidos en sesiones posteriores por Flournoy solo han sufrido variaciones en las marcas tipográficas y caligráficas. Esto se debe a que las diferencias estaban supeditadas al agente que acompañaba a Smith en cada sesión.

El volumen de la producción de la vidente culmina en cuarenta textos recogidos durante los tres años del ciclo astral o marciano. Once de estos textos proceden de automatismos gráficos y de automatismos auditivos y gráficos, mientras que otros fueron copiados directamente por Smith.

A partir de este punto, desde la página 68 y hasta la página 81, la autora lleva a cabo un extenso y rico análisis morfosintáctico y léxico como resultado del cotejo de la tabla de correspondencias y frecuencias entre ambas lenguas que ofrece Flournoy. Los puntos más destacados de este análisis se resumen en que Smith intenta utilizar finales extraños en los términos vocalizados durante las sesiones; se observa un predominio de finales vocálicos y el alfabeto recuerda al alfabeto francés.

Según Henry (1901), se detecta un potente trasfondo lingüístico procedente del francés (lengua materna de la vidente), pero también de otras lenguas con las que Smith pudo haber tenido algún contacto desde su infancia, como el alemán, el inglés, el italiano o el húngaro, si bien parece que Smith no habló nunca ninguna de estas lenguas. Con este supuesto, la autora traza una línea de análisis con la que demuestra la construcción del marciano sobre otras lenguas naturales puesto que no comparte las etimologías poco convincentes que proporciona Henry, tal como señala la propia autora. Dicho análisis se lleva a cabo desde estas combinaciones lingüísticas: francés y marciano; alemán y marciano; inglés y marciano, y húngaro y marciano. A continuación, Galán procede a realizar otro análisis de los textos del lenguaje marciano de Smith donde aparecen los términos más decisivos para el proceso traductológico llevado a cabo. Los términos analizados fueron los siguientes: tarviné como ‘lengua’; manir como ‘escritura’; triné para ‘hablar’, entre otros. Estos términos metalingüísticos dejan constancia del afán que tiene la vidente por legitimarse bien como autora o bien como mediadora entre dos mundos.

En esta parte del trabajo, la autora refuta las ideas de Henry (1991) en lo que se refiere a las consideraciones que este tiene respecto a la elección de los nombres de los personajes en el lenguaje de la vidente. Según aclara la investigadora, la idea de la yuxtaposición que propone Henry exige un elevado coste interpretativo que no se justifica. Asimismo, opina que las ideas de Henry son meras especulaciones, a veces demasiado forzadas en su pretensión de buscar paralelismos. Por el contrario, la autora está en acuerdo con la interpretación de Giacomelli (2007), que parte de la relación entre el ciclo astral y el ciclo oriental. Se llega a la conclusión de que la sutileza de los procedimientos empleados en la construcción del vocabulario bastaría para excluir la producción lingüística de Smith del ámbito psicótico de las glosomanías y ubicarlas en el terreno de las glosolalias. Finalmente, la autora indica que la autoglosia es una muestra de lengua personal, enteramente neológica, creada a partir de lenguas existentes, especialmente la materna.

Al final de esta sección, la autora da paso a la justificación del siguiente punto a tratar e indica que Smith se vio obligada a crear una nueva lengua como respuesta a las críticas que había recibido su creación de una lengua marciana. Este nuevo lenguaje sería el ultramarciano.

La descripción del escenario ultramarciano lleva a los/as lectores/as, de nuevo, a un espacio creativo y cargado de magia, como si de ciencia ficción se tratara, donde se comparten las visiones de Smith. En algunas de las descripciones de la vidente se reflejan seres de pequeña estatura, de inmensos pies y manos semejantes a garras; de cabellos ralos, ojos pequeños y nariz chata. Todo ello en un paisaje desolador sin vegetación ni árboles sobre el suelo negro del planeta donde las casas carecen de elegancia, colorido y vistosidad en comparación con las visiones marcianas. Sin embargo, y a pesar de su apariencia animal, los ultramarcianos se dirigen a Smith en una lengua desconocida cuyas palabras anota ella misma. Aquí es donde comienza una nueva etapa de las visiones2.

En la última sección de este subapartado, la autora desvela los efectos de la mala reputación de Smith creada por la prensa y la ruptura entre la vidente y Flournoy. En un principio, el investigador había defendido a Smith de las acusaciones de la prensa en las que se afirmaba que la vidente había convocado a un ingenuo público en un fraude perfectamente organizado. Realmente, la defensa de Flournoy has sido, más bien, para salvaguardar el honor de todos los asistentes al proceso de trabajo durante las sesiones y a su propia intachable trayectoria científica, que por defender la reputación de la vidente.

Después de una etapa de decepción, finalmente, Smith despierta el interés de uno de los círculos espiritistas de Estados Unidos, vuelve otra vez a la inspiración y a la imaginación y consigue una financiación para su actividad. Sorprendentemente, Lamaître y Flournoy quedan fuera del nuevo proyecto de Smith, lo que provocó los celos del científico. Flournoy no pudo soportar la idea de que su propia obra o creación científica gozara de una posición económica notable y de un reconocimiento a nivel internacional sin su participación. Tales circunstancias hicieron que las producciones lingüísticas de Smith no gozaran del beneplácito de la comunidad científica ginebrina, que seguía manteniendo que las lenguas alienígenas no pueden sustraerse a la influencia del ilustre psicólogo Flournoy.

En el tercer subapartado titulado “El nuevo ciclo astral: la autoglosia ultramarciana”, la autora apunta que el ultramarciano que se había iniciado al final de la etapa anterior comienza a adquirir fuerza y notoriedad en esta nueva etapa. Las visiones son sustituidas por pinturas de paisajes, animales y nuevos personajes. La lengua marciana quedó reducida a un vínculo intermediario entre la legua ultramarciana y el francés.

Con el fin de facilitar las equivalencias, la autora expone una tabla (p. 90) donde destaca las palabras ultramarcianas, su traducción al marciano y la traducción al francés. Esta nueva lengua se caracteriza por los detalles de los paisajes, los utensilios, vestimentas, animales y casas al estilo de la escritura jeroglífica del antiguo Egipto. Se exponen dos figuras con el interior de una casa ultramarciana y los primeros signos ultramarcianos producidos durante la sesión del 13 de mayo de 1900.

La escritura ultramarciana pasa por una fase de incubación de casi siete meses, hasta que surge el 13 de mayo de 1900. A lo largo de este subapartado, la investigadora realiza un exhaustivo análisis de los primeros signos y caracteres que pertenecen al lenguaje inventado por Smith. Se exponen otras tres figuras con los signos ultramarcianos creados en las sesiones del 27 de mayo de 1900 y la del 17 de junio de 1900.

Para finalizar, en el último de los apartados del capítulo tercero titulado “La lengua de Urano”, la autora sostiene que en 1900 comienzan a producirse nuevas visiones con un nuevo ciclo desarrollado en Urano. En la sesión del 17 de junio de 1900, Smith se esfuerza de forma notable para dar un nuevo giro a sus visiones superando las descripciones de los paisajes, las casas y los habitantes de Marte y el grosero Ultramarte. Así es como aparecen las primeras palabras en uraniano, donde lengua y escritura surgen al mismo tiempo. Se exhiben dos figuras del alfabeto y la escritura uraniana producida durante la sesión del 2 de agosto de 1900. Galán ofrece un análisis del lenguaje uraniano, aunque mucho más escueto en comparación con los análisis de las dos anteriores lenguas.

A modo de conclusión, las tres lenguas de las que se conservan textos en marciano, ultramarciano y uraniano, han pasado por las mismas fases de construcción, según Galán, a saber: a) en el momento de la génesis, se ofrecen como una serie de palabras desconocidas que Smith oye y repite; b) más tarde, aparecen los caracteres escritos, primero a modo de visiones y, después, como escritura automática. En esta sucesión de fases es en las que se apoya Flournoy para defender el paralelismo con la adquisición de las destrezas lingüísticas en la infancia.

En lo que se refiere al sistema lingüístico, Carmen Galán indica que las tres lenguas extraterrestres están basadas en el francés y que es probable que la vidente haya recurrido a otras lenguas aprendidas en la infancia, pero son casos aislados, en contra de lo que sostenía Henry (1901). La autora deja constancia de la gran capacidad lingüística de Smith para crear nuevas lenguas con sistemas complejos, pues “fue capaz de mantener las correspondencias entre expresión y contenido a lo largo de las sesiones; extraña glosolalia que trasciende los límites de la voz sin sentido para alcanzar el estatus consolidado de una lengua (casi) humana fuera de los cueces habituales” (p. 108).

5. Reflexiones sobre la legitimación de la voz femenina

Carmen Galán sintetiza en este apartado certeramente las ideas expuestas a lo largo de sus cuatro capítulos y, además, ofrece una perspectiva científica y humana sobre la vidente suiza, las circunstancias históricas y científicas que rodearon sus producciones lingüísticas.

Este trabajo resulta fundamental por su labor de recuperación y análisis de las sutiles fronteras que separan lo religioso, lo psicológico y lo científico en lo que se refiere al estudio de la glosolalia, como si de una evolución natural se tratara.

Una vez leída la obra, llama la atención que a pesar de que el estudio pretende abarcar un hecho ocurrido hace más de un siglo, encontramos un material actualizado y práctico para la realización de otros estudios en ámbitos como pueden ser la Traducción e Interpretación. La autora plantea aspectos teóricos muy sólidos sobre referentes traductológicos y sobre el proceso de interpretación, aunque, eso sí, sobre una lengua no humana o inventada. Es fascinante el vínculo que se crea entre el proceso de interpretación lingüística –no la traducción– y el mundo de la glosolalia. Creemos que, si se nos permite llamarla variedad lingüística, estaremos ante un nuevo código de interpretación lingüística apto para los estudios del Grado en Traducción e Interpretación. Es un campo totalmente innovador y rico en materia de investigación que uniría los estudios del lenguaje y las teorías de la pragmática desde un enfoque interdisciplinar, que, sin duda, sería de gran ayuda en futuras investigaciones.

En definitiva, el estudio realizado por Carmen Galán Rodríguez en este libro es un análisis detallado sobre glosolalias femeninas e invención de lenguas, que, sin lugar a dudas, puede ser considerado una referencia dentro del campo de la investigación de la invención del lenguaje.

Referencias bibliográficas

Rodríguez, C. G. 2018. Género, sexo y lenguas artificiales. Boletín de la Sociedad Española de Historiografía Lingüística, (12), 75-93.

Real Academia Española: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.3 en línea]. <https://dle.rae.es> [Fecha de la consulta].


Notas

1 Es un espíritu o una especie de ángel guardián o consejero espiritual de Smith que aparecerá en todos los ciclos, encarnado, a su vez, en otro personajes (p.39).

2 Se exhiben dos figuras con las casas ultramarcianas en las páginas 84 y 85.



Fecha de publicación en Infoling:2020-08-02
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