ReseñasSección dirigida por Carlos SubiratsInfoling 4.11 (2026)
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María Luisa Calero Vaquera (Universidad de Córdoba (España)). Reseña de Escudero, Francisco. 2025. Tú a Salamanca y yo a Alejandría. Una historia sobre la utilidad de las gramáticas. Madrid: Pie de Página. Infoling 4.11 (2026) <http://infoling.org/informacion/Review577.html>
En las más prestigiosas librerías del entorno de la universidad de la Sorbona (LHarmattan, Gibert, entre otras), y en los últimos años del pasado siglo, era habitual encontrar sugerentes libros de iniciación a la lingüística con un marcado carácter divulgativo. Así, era un disfrute hojear, por ejemplo, Alice au pays du langage: pour comprendre la linguistique (Seuil, 1981) de Marina Yaguello, o En écoutant parler la langue (Seuil, 1991), de la misma autora. En el primero de los títulos citados, la entonces profesora de la universidad París VII y curtida lingüista proponía a los no especialistas en la disciplina una introducción inesperada (“inattendue”) pero rigurosa a la ciencia del lenguaje. En la contraportada se presentaba así esta publicación:
La linguistique est une chose trop sérieuse pour être confiée aux seuls linguistes et cest lAlice de Lewis Carroll qui ouvre ici au lecteur la voie dune réflexion non conformiste sur le langage, conduisant à un exposé des thèmes majeurs de la linguistique.
En efecto, a través del humor, del juego con las palabras y de la poesía pretendía Yaguello desvelar el funcionamiento del lenguaje y de las lenguas particulares. Una manera atractiva y novedosa para atraer a los lectores no iniciados (pero interesados) en la lingüística. Un método didáctico que, en esos años, apenas se ensayaba en nuestro país en el marco de la ciencia del lenguaje. Hubo que esperar al presente siglo para encontrar publicaciones similares. Aunque guardando ciertas distancias de contenido y formato, el libro divulgador más cercano que podría citarse aquí, y uno de los primeros que conozco, es el publicado por Bruno Camus, Ángeles Carrasco, Laura González y Margot Vivanco, ¿Para qué servimos los lingüistas? (Catarata, 2024), donde, a través de la voz de varios expertos, se trata de dar respuesta a las preguntas más frecuentes (y, a veces, “inattendues”) que, a quienes nos ocupamos del estudio del lenguaje, suelen dirigirnos los no versados en la materia: ¿“lingüista” y “filólogo” es lo mismo?, ¿el lingüista es un policía de la lengua?, ¿qué relación existe entre la semántica y ChatGPT?, ¿se expresa de la misma manera la cortesía en las diferentes lenguas?, entre otras muchas.
Un año después, acaba de aparecer en el mercado editorial el libro que aquí reseñamos, con el llamativo título Tú a Salamanca y yo a Alejandría (Pie de Página, 2025), del profesor Francisco Escudero Paniagua, de la Universidad Rey Juan Carlos. El subtítulo de la obra, Una historia de la utilidad de las gramáticas, nos ofrece una pista para elucidar aquel curioso título y, en consecuencia, delimitar el campo que al autor le interesa: la historiografía lingüística, con el foco narrativo puesto en la gramática, en su utilidad y su historia.
El libro se abre con un oportuno prólogo de Lola Pons, catedrática de la Universidad de Sevilla y, como es sabido, gran divulgadora de la historia de la lengua y de cuestiones lingüísticas en general. El profesor Escudero, siguiendo un orden cronológico, con un discurso cercano y desenfadado que logra implicar al más ignaro lector de lingüística, va narrando el nacimiento y desarrollo de la gramática en diferentes culturas. En el inicio de su exposición, nos presenta un variado índice geográfico, en el que asigna a cada capítulo el nombre de una ciudad (Alejandría, París, Salamanca, Madrid), un país (España, India), un continente (Europa, América), un ámbito geopolítico (Imperio Romano, al-Ándalus)…, topónimos que actúan como marco y símbolo de las diversas perspectivas que se han adoptado a lo largo de la historia en la producción de gramáticas.
En la parte 1, que comprende cinco capítulos, el estudio se extiende desde “el nacimiento de la primera gramática al nacimiento de la gramática castellana”, esto es, desde las teorías alejandrinas y las primeras gramáticas de lenguas clásicas hasta la primera gramática completa que se publica de una lengua vulgar, la gramática castellana de Antonio de Nebrija (1492). En esta sección del libro, me gustaría destacar el acierto que supone incluir un capítulo (“La palabra de al-lāh”) dedicado a la historia de la gramática en al-Ándalus, decisión convenientemente justificada por el propio Escudero:
Porque el árabe clásico ─y también el árabe andalusí─ se habló en la península ibérica, en muchos ámbitos y círculos, desde el 711 hasta varias décadas después de 1492 y porque nuestros antepasados coterráneos (musulmanes y no musulmanes) estudiaron su gramática (p. 51).
La existencia probada de más de doscientos cincuenta lingüistas andalusíes en el período 1031-1238 (según los estudios aportados por Salvador Peña y Juan Pablo Arias) es razón suficiente para que los destinatarios de esta “historia de la utilidad de las gramáticas” conozcan, siquiera brevemente, el rendimiento que aquellos sacaron a los estudios gramaticales de la lengua árabe. En definitiva, y en palabras de Escudero, “no hay duda en que el árabe es una lengua de nuestra historia y también conviene conocerla” (p. 51). Y en esa historia, por descontado, también tiene cabida la primera gramática del árabe andalusí que se publicó en Europa: el Arte para ligeramente saber la lengua aráuiga (1505) de Pedro de Alcalá, como pertinentemente se señala en el libro.
En la parte 2, y a lo largo de ocho capítulos, el autor se ocupa “de la expansión de la gramática hasta el siglo XX”. Ahí presenta a grandes rasgos “las utilidades y finalidades de la gramática de lenguas cotidianas” (p. 73) en los países europeos, con especial atención a la gramática española y su enseñanza a partir del siglo XV (“De erasmus”). Tampoco se olvida de trazar un panorama del enjundioso capítulo de la lingüística misionera (“De misiones”), no solo la llevada a cabo por los religiosos españoles en la América hispana sino también la que estos desarrollaron en Asia, África y Oceanía: la existencia de, al menos, mil novecientos tratados de lingüística misionera escritos por clérigos españoles entre los siglos XVI-XIX (son datos que extrae de la tesis doctoral de Víctor Acevedo) bien merecía un espacio en este libro. Por otra parte, muy bien traído nos parece el capítulo (“Limpiando, fijando y dando esplendor”), que el autor dedica a la Real Academia Española, cuya existencia, sin duda, es conocida por el gran público hispanohablante pero cuya actividad y propósitos suele presentar, en esos niveles, ciertas lagunas o vaguedades que Escudero trata de salvar con sus diáfanas explicaciones. Las gramáticas de otras lenguas habladas en España (euskera, catalán, gallego) tienen también su protagonismo en el libro, en el capítulo “La importancia de llamarse gramática”, lo que nos parece una valiosa decisión en la difícil tarea de selección temática para una obra de “amplio espectro” como esta es.
Se completa el volumen con una serie de temas historiográficos que encuentro muy adecuados en un trabajo de divulgación como este: los inicios de la gramática escolar en España, cuyos promotores políticos en el siglo XVIII vieron por fin las ventajas de generalizar el aprendizaje de la disciplina desde la escuela (aunque otra cosa fue la realidad); las venturas y desventuras de quienes se arriesgaron a crear lenguas artificiales y armar sus gramáticas; los orígenes de la gramática en la India, con referencias a Pāṇini como autor de la primera gramática del sánscrito, lengua cuyo “descubrimiento” facilitaría la aparición de la gramática comparada y la lingüística histórica en el siglo XIX. Incluso hay espacio para abordar el concepto de “gramática parda”: aunque “este capítulo es un poco de broma”, según comenta el autor, guarda no obstante su interés porque en él se da noticia de un par de publicaciones (Gramática parda sublime, de Jaime Herreros, 1819; y Gramática parda en quince lecciones ó vivir sin trabajar, del Bachiller Cantaclaro, 1833), que no eran sino parodias literarias cuya finalidad última fue criticar determinados comportamientos sociales de la época.
Para concluir. El libro Tú a Salamanca y yo a Alejandría del profesor Francisco Escudero ofrece un ameno recorrido por la historia de las ideas gramaticales que han ido floreciendo en muy diversos lugares y civilizaciones, con un declarado interés del autor por demostrar la utilidad de la disciplina, una utilidad que aún se mantiene vigente. Y alguna razón habrá para tal vigor, como bien sabe argumentar Escudero en el epílogo. La sencillez y llaneza con que fluye el texto no debe confundir al lector en la apreciación de su valor científico: cada afirmación viene fundamentada por sesudas investigaciones del autor, quien se ha preocupado por informarse a fondo de la bibliografía más solvente para, a continuación, devolverla a sus lectores en un formato más “digerible”, lo que puede parecer tarea fácil ─que no lo es─. Ya lo dejó escrito fray Martín Sarmiento, hacia 1760: “Si un asunto difícil y prolijo no lo sé reducir al respaldo de un naipe y que le [sic] entiendan todos, tampoco lo he comprendido yo”. La pertenencia de Escudero a la Escuela gramaticográfica de Salamanca (con el maestro Pepe Gómez Asencio siempre en el recuerdo; con Carmen Quijada y tantos otros) estampa un sello de calidad a esta obra, audaz en su enfoque dentro de nuestro ámbito y muy necesaria para la divulgación de la historia de la gramática y la comprensión de su utilidad.



