ReseñasSección dirigida por Yvette BürkiInfoling 11.31 (2021)

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Julieta Del Prato (Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco). Reseña de Carranza, Isolda E. 2020. Narrativas interaccionales. Una mirada sociolingüística a la actividad de narrar en encuentros sociales. Córdoba (Argentina): Editorial de la Facultad de Lenguas. Infoling 2021 

Narrativas interaccionales. Una mirada sociolingüística a la actividad de narrar en encuentros sociales de Isolda E. Carranza se destaca por reunir, con un enfoque sociolingüístico interaccional, estudios sobre el narrar (y su combinación con la actividad de argumentar) considerado en encuentros sociales de diverso tipo, incluyendo los que se realizan como parte de prácticas socioculturales establecidas. El eje vertebrador que organiza los trabajos es la narración y la interacción cara a cara como espacio de reproducción o transformación de aspectos de estructuras sociales. Al vislumbrarse allí el juego de expectativas, visiones de mundo y posturas asociado a los roles discursivos y situacionales de los participantes, se vuelve fundamental –en el plano lingüístico discursivo– el estudio de las combinaciones entre los modos narrativo y argumentativo del discurso.

Este libro propone un planteo integral para el abordaje tanto de la actividad de narrar en diferentes contextos sociales, como de los productos textuales que son resultado de esas prácticas. Los análisis recuperan diversos géneros discursivos orales y escritos, como conversaciones espontáneas, entrevistas etnográficas, alegatos penales, declaraciones testimoniales y actas oficiales del ámbito judicial. La propuesta global de la obra responde a tres supuestos básicos: a) la relación entre el mundo diegético y el mundo de la interacción en el que emerge la práctica social de narrar, condicionada por un micro y un macrocontexto; b) la multilateralidad de la producción narrativa, resultado de una negociación interaccional entre los participantes del evento comunicativo; y c) la necesaria reflexión de la investigadora respecto de su rol en la recolección y construcción de datos.

La perspectiva de la sociolingüística interaccional adoptada contempla la dinámica de las relaciones de poder entre los participantes, las negociaciones por la representación del mundo que allí se producen, la construcción de la voz identitaria que cada sujeto asume en el seno de una interacción y la dimensión ideológica. A diferencia de las corrientes pragmáticas que se concentran en contextos situacionales acotados, Carranza plantea un modelo de análisis multinivel que abarca un nivel lingüístico y retórico, un nivel intermedio de práctica social, un nivel de contexto macrosocial y las relaciones de retroalimentación que entre ellos se generan. Las explicaciones de los fenómenos observados son el resultado de la aplicación de conceptos vigentes en los estudios narrativos y de la argumentación –como postura epistémica, cronotopo o evidencia–  y son enriquecidas con novedosas herramientas conceptuales, entre las que aquí mencionamos, tesis del relato, plausibilidad narrativa, narrativas de baja narratividad, temporalidad debilitada, macro relato y autoridad retórica.

En cuanto a los aspectos metodológicos, todos los estudios incluidos en este libro surgen a partir de comprometidas etnografías que propician un conocimiento profundo de los contextos socioculturales puestos en foco. Frente a la base empírica, la autora expone un reflexivo y necesario grado de vigilancia epistemológica en todas las etapas de su práctica de investigación. Cabe destacar la profusa bibliografía integrada críticamente y como resultado de un amplísimo relevamiento que incluye referencias ineludibles y publicaciones del mismo año en que esta obra salió a la luz.

Respecto de los destinatarios, el libro está orientado principalmente a investigadores y estudiantes de posgrado del área de las ciencias del lenguaje y la comunicación, que deseen profundizar en el estudio de textos narrativo-argumentativos interaccionales, trascendiendo el tratamiento localizado en la micro situación comunicativa. Por esto, también es una herramienta primordial para investigadores de aquellas ciencias sociales que le otorgan relevancia al uso del lenguaje y a los discursos. Cabe destacar que el hecho de que esta obra, de tal envergadura, haya sido publicada en Argentina, en español y con condiciones de publicación de acceso abierto (en el repositorio digital de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina) resalta su contribución al panorama académico latinoamericano y le otorga potencial para estimular el quehacer científico de la región.

Este volumen consta de catorce capítulos distribuidos en cinco partes. Dos recursos son de suma utilidad para orientar la lectura: cada una de las partes contiene una introducción a los capítulos que la componen y, al final de cada capítulo, se ofrece una síntesis del argumento central desarrollado. Estas herramientas posibilitan la lectura de los capítulos de manera separada, ya que permiten contextualizar rápidamente el lugar que ocupa en el mapa global del libro.

La Parte I, “Perspectiva interaccional, el concepto de voz y la explotación de recursos formales”, incluye los capítulos 1, 2 y 3: allí, además de la historización del estado de la cuestión, el énfasis está puesto en la construcción dialógica de la figura del narrador y de las estrategias retóricas y de performance implementadas durante la interacción.

En el capítulo 1, “Confluencias teóricas en el estudio de la narratividad interaccional”, la autora recupera los principales desarrollos de los estudios interaccionales de la narración: las contribuciones de la etnometodología, del interaccionismo simbólico y de reconocidos sociolingüistas, quienes han explorado la vinculación entre estas narrativas y la construcción de un self, valorando aquellas investigaciones que conectan lo personal, lo interpersonal y lo macrosocial. Este capítulo introductorio finaliza con algunas precisiones terminológicas y otras referidas a las pautas de transcripción. En el capítulo 2, “Dialogismo y autoridad retórica”, se profundiza en el carácter dialógico de las conversaciones espontáneas. Se estudia la construcción de “autoridad retórica” como una estrategia de configuración de la imagen social del yo. El efecto de autoridad se logra explotando dos recursos: la reducción de la distancia intertextual con las voces citadas y el discurso razonado. En el capítulo 3, “Performance: la forma puesta en primer plano”, el énfasis está puesto en la función persuasiva que cumplen los rasgos formales de la “actuación”, como el paralelismo y la prosodia. En el género “entrevista”, se estudian los recursos mediante los cuales se crea el efecto de verosimilitud. En las narrativas de acusados en testimonios judiciales, se demuestra que las formas de discurso referido se distribuyen, de modo sostenido y estratégico, entre los personajes de los relatos.

En la Parte II, “Narrar para la audiencia: Tesis y Tiempo”, que contiene los capítulos 4 y 5, la autora indaga en los mecanismos de construcción y justificación de sentidos asociados a experiencias de vida de inmigrantes latinoamericanos.

El capítulo 4, “Los relatos en entrevistas y sus tesis”, estudia cómo se construye la “tesis del relato” en el discurso coproducido por el par entrevistado-entrevistador. La tesis del relato es definida como aquella proposición que constituye una declaración controversial para el contexto de enunciación, y que es apoyada por elementos narrativos. Cuando la tesis está explícita, puede preceder a la narración que la legitima o puede aparecer luego de la narración, indicando cómo debe interpretarse la experiencia. Cuando la tesis está implícita, el narrador la considera potencialmente refutable y ello justifica la aparición de la narración. En el capítulo 5, “Los acontecimientos hipotéticos y los repetidos o habituales”, interesada en variedades de narrativas que no constituyen relatos, Isolda Carranza acuña el concepto de “baja narratividad” para abarcar las acciones del pasado que no pueden ordenarse linealmente y las que no son discretas (de aspecto perfectivo). Por un lado, muestra que la narración de acontecimientos contrafactuales puede adquirir una función evaluativa, focalizadora o explicativa respecto del relato abarcador. Por el otro, estudia las acciones reiteradas o habituales en el pasado, que recrean la visión que el sujeto tiene del telón de fondo donde se sitúan los hechos focalizados, por lo que también se convierten en un aporte para el análisis ideológico. 

La tercera parte del libro, “El mundo de la narración y los límites permeables del mundo diegético” (capítulos 6, 7 y 8), hace hincapié en el activo rol de la audiencia en el desarrollo de la narrativa y en los modos de intersección entre los planos intra y extradiegéticos. Los tres capítulos se desarrollan en un contexto de resistencia al prejuicio étnico generalizado.

El capítulo 6, “La réplica fuera del mundo diegético”, se ocupa de la interfaz que se produce cuando el relato representa una confrontación entre un personaje-oponente y un narrador-proponente y se estudia la proyección de roles actanciales de la diégesis sobre los roles situacionales en la entrevista. En el capítulo 7, “El personaje a cargo de la lógica retórica”, el centro del análisis son dos movimientos retóricos, la analogía y la explicación (causal), utilizados en una confrontación argumentativa en el mundo diegético. Como una marca característica de este libro, la autora cierra el capítulo con una reflexión que atañe a la labor de los investigadores: el análisis lingüístico y discursivo debe ser completado con la consideración de las condiciones sociales estructurales en las que se da el encuentro con los sujetos investigados. En el capítulo 8, “Razonamiento, el sí mismo y el otro”, Carranza aplica el concepto de “postura” y examina de qué manera el uso de la operación lógico-retórica de la consecuencia le permite al narrador construir una imagen del sí mismo como sujeto razonable.

La Parte IV, “Narrar en el molde de prácticas sociales”, incluye los capítulos 9, 10 y 11. En el capítulo 9, “Temporalidad narrativa específica de un género”, con un vasto corpus de narrativas producidas en alegatos finales en juicios penales orales, la autora demuestra que la combinación de ciertos recursos genera una ralentización de la acción narrativa y, con ello, se obtiene el efecto de una exposición de imágenes estáticas de los acontecimientos. El estilo resultante adquiere los valores de formalidad, profesionalismo y legitimación. El capítulo 10, “La experiencia ajena, el sentido común y los relatos en cadena”, se trata de una única narración que ofrece la confrontación entre dos relatos fundados en tipificaciones culturales diferentes y la refutación del primero de ellos sobre la base del sentido común. Las expectativas asociadas en la doxa al estereotipo de una categoría de protagonista dotan de plausibilidad a una línea narrativa y se la restan a la contrapuesta. En el capítulo 11, “La incuestionabilidad de la experiencia personal”, la autora revela que, aún en un género institucional, se apela a narrativas mínimas de experiencia personal como estándar para evaluar los acontecimientos del relato principal. El concepto de “postura epistémica” posibilita explicar la construcción subjetiva de la información presentada.

La Parte V, “Atravesando acontecimientos institucionales de narración”, abarca los capítulos 12, 13 y 14. En los dos primeros, se trasciende el nivel del encuentro social para abordar las conexiones entre hechos de habla con sus ocasiones de narración. El último retoma los hilos de las discusiones precedentes y los integra para proponer considerarlos en los mundos digitales.

El capítulo 12, “Macro relato”, propone el modo de conceptualizar una narrativa completa –realizada por un receptor– que integra un conjunto de narrativas producidas por diferentes narradores, referidas a un mismo suceso y ordenadas alrededor de un “momento cero”. Isolda Carranza explora allí la asociación entre un cronotopo narrativo y el establecimiento de vinculaciones causales entre hechos del mundo diegético. En el capítulo 13, “Trayectorias de narrativas burocráticas”, la autora propone el concepto “situación de contacto” para caracterizar un encuentro social asimétrico (en la relación social y las diferencias de capital simbólico) como el que observa entre operadores judiciales y ciudadanos legos. Luego, centra su atención en el proceso de reelaboración y transformación del relato interaccional en un acta escrita y en la trayectoria institucional de esa historia, que será luego empleada selectivamente en otros acontecimientos comunicativos. El capítulo 14, “Interactuar y narrar en entornos cambiantes”, comienza con una mirada panorámica del recorrido del libro que subraya el ordenamiento de los nudos teóricos. Luego, proyectando una agenda de investigación, Carranza expone recientes desarrollos analíticos sobre narrativas digitales y reflexiona sobre los desafíos para tales estudios que presentan las redes sociales.

Sin duda, esta obra –caracterizada por el rigor metodológico y la claridad expositiva– es una valiosa contribución no solo para los estudios narrativos con perspectiva sociolingüística, sino para el campo del discurso interaccional y sus ámbitos sociales de proyección. Por otro lado, la relevancia social de los problemas que aborda, la profundidad del tratamiento y el compromiso ético de la investigadora hacen de esta publicación un modelo para los investigadores noveles y una referencia para los académicos del área.