ReseñasSección dirigida por Yvette BürkiInfoling 2.25 (2021)

Si no puede leer este documento,
descárguese la última versión de ADOBE

Luis Andrade Ciudad (Pontificia Universidad Católica del Perú). Reseña de Valiente Catter, Teresa; Störl, Kerstin; Gugenberger, Eva. 2019. La reciprocidad entre lengua y cultura en las sociedades andinas. Estudios de romanística, lingüística y antropología americana. Berlin: Peter Lang International Academic Publishers. Infoling 2.25 (2021) <http://infoling.org/informacion/Review473.html>

Este volumen, cuya carátula muestra una hermosa representación extraída de un quero o vaso ceremonial incaico, reúne diecinueve trabajos sobre lingüística, antropología y educación, con el interés por la región andina como elemento en común. Los Andes se entienden en este libro en un sentido geográfico amplio, pues se recogen textos relativos a los diferentes países que los conforman, especialmente el Perú, Bolivia y el Ecuador. La mayor parte de las contribuciones se presentaron como ponencias en una sección del 54.o Congreso Internacional de Americanistas, llevado a cabo en Viena en julio de 2012.

La diversidad temática de los textos se resuelve, en términos editoriales, mediante su distribución en seis secciones relativamente unitarias. Estas atañen a lenguas extintas y amenazadas, así como a su documentación y revitalización; al análisis de textos quechuas; a los contrastes entre algunas representaciones conceptuales entre quechua, aimara y español; a la antropología andina; a la interacción social y a los patrones narrativos y, por último, a la educación bilingüe intercultural. Siendo tan amplia la temática del libro, he optado por seguir el orden propuesto por las editoras, utilizando los títulos de las seis secciones para resumir y comentar los trabajos individualmente, y al final, proponer una breve apreciación general.

1. Lenguas extinguidas y amenazadas, documentación y revitalización de lenguas andinas

En esta sección se reúnen un trabajo sobre una lengua andina extinta, el puquina, y dos capítulos sobre revitalización y documentación de lenguas en los Andes. En el primero, “En busca de elementos diagnósticos puquinas”, Rodolfo Cerrón-Palomino trata dos segmentos toponímicos característicos de esta lengua: -baya (con variantes -huaya y -paya), como en los nombres Carabaya y Sañupaya, y –parqui (con variante –huarqui), como en Parquipuquio y Anaguarque. Asimismo, el autor analiza el nombre antiguo de una huaca cuzqueña, Cirocaya, y muestra que se trata de un compuesto puquina-aimara. De este modo, el libro se abre con un capítulo que contribuye a mostrar la complejidad de los sustratos lingüísticos en los Andes sureños, haciendo emerger, mediante el análisis de la onomástica, el antiguo espacio cubierto por el puquina, proyecto en el que el autor se viene concentrando durante los últimos años (véanse, por ejemplo, Cerrón-Palomino 2013; Cerrón-Palomino 2020).

En el segundo trabajo —“Documentación activa con, desde y para los hablantes de lenguas amenazadas”—, Marleen Haboud describe los fundamentos de tres proyectos de documentación de los idiomas originarios hablados en el Ecuador: Oralidad Modernidad, Geolingüística Ecuador y Así Dicen Mis Abuelos. Los tres proyectos se caracterizan por una metodología centrada en las acciones de la comunidad. La “documentación activa” se entiende aquí como aquella que no se limita a “registrar de la forma más completa y rigurosa posible datos de lenguas que están en peligro”, sino que, además, emplea una “metodología de colaboración y trabajo conjunto en los procesos de la formación y el uso de productos obtenidos desde adentro y hacia adentro” de las comunidades (pp. 48-49).

“Revitalización y documentación de lenguas amenazadas en América Latina. Énfasis en casos de la región andina” es el título del tercer capítulo de esta sección, redactado por Utta von Gleich. En este texto programático, pero ilustrado con distintos ejemplos y casos, se recomiendan cinco estrategias de intervención para favorecer el “rescate de lenguas amenazadas” (p. 59): (1) prestar atención, en la implementación de la política lingüística, tanto al estatus de las lenguas como al corpus lingüístico; (2) favorecer la creación de instituciones de culturas y lenguas indígenas; (3) desarrollar la educación bilingüe intercultural en sus diversas modalidades, desde la formación inicial de los niños hasta la educación superior formal; (4) promover la formación de miembros de pueblos indígenas para la autogestión de los procesos orientados a la revitalización lingüística; y (5) “dar voz e imagen a los hablantes de lenguas indígenas” (p. 66). En cuanto a esta última estrategia, se resalta que, durante los últimos años, “el auge de la comunicación en lenguas indígenas es impresionante y los radios locales, websites bilingües en el comercio y música bilingüe dan vida a las lenguas” (p. 66).

2. Análisis de textos quechuas como fuente del saber andino

La segunda sección reúne dos trabajos de análisis sobre textos andinos. En el primero, “El quechua del devocionario kichua shimichu. Algunos aspectos morfológicos y de la escritura”, Sisinio Hernán Aguilar presenta un importante documento religioso, publicado en Suiza en 1891, y preparado por los misioneros redentoristas, que contiene plegarias, cánticos y fórmulas catequéticas en una variedad quechua de la sierra central del Perú, área del quechua I o Huáihuash en la terminología de Torero (2002). Aguilar aborda la autoría del documento y analiza, a partir de algunos fragmentos, las principales características del quechua del devocionario. Concluye sugiriendo que la variedad de base fue “un quechua propio a Huaylas, incluyendo Conchucos” (p. 83). Cierra el texto un útil listado léxico.

En el segundo capítulo de esta sección, “Mama Kinuwap Paqarisqanmanta. Yachachinakuypi qhichwa simipi iñiy t’aqwiriypa chanin kasqan”, Rufino Chuquimamani y Carmen Gladis Alosilla Morales presentan un relato mítico sobre el origen de la quinua en quechua Cuzco-Collao —recogido de informantes de Azángaro, Puno, y Espinar, Cuzco— y lo traducen al castellano. Asimismo, elaboran un análisis del texto orientado a su utilización en la escuela. Al margen del interés del relato y de su edición, considero que este capítulo hubiera sido más apropiado para una publicación de carácter pedagógico, orientada a docentes de escuelas bilingües interculturales.

3. Representaciones conceptuales y lingüísticas andinas y españolas

En esta sección, más homogénea temáticamente que las dos anteriores, se reúnen cinco capítulos que abordan, desde enfoques onomasiológicos, los contrastes entre algunas nociones codificadas en las lenguas andinas y el español. En el primer capítulo, “El runa andino y su reflejo en la lengua quechua”, Kerstin Störl y Valentín Usca Callañaupa analizan el campo de la concepción de la persona en el quechua.1 En diálogo y discusión con algunas ideas de Estermann (1998) sobre la “filosofía andina”,  los autores concluyen que la concepción de la persona en el quechua es “un campo policéntrico con una variedad de diferentes medios lingüísticos” para expresar dicha noción (p. 149), en el que abundan las expresiones para los papeles y funciones sociales de hombres y mujeres, así como para codificar las relaciones entre las personas, aspectos que “son mucho más importantes que la individualidad”, pues “la identidad andina se cree [sic: crea] a partir de roles y vínculos” (p. 150).

El segundo capítulo de esta sección, “El contacto de campos conceptuales quechua-castellanos y sus consecuencias lingüísticas en el castellano andino”, a cargo de Kerstin Störl, aborda, desde una perspectiva cognitiva, diferentes situaciones de contacto conceptual que tienen efectos en la expresión lingüística. Se abordan aquí fenómenos clásicos en el estudio del español andino —como la doble marcación en las estructuras posesivas, la evidencialidad y el léxico del parentesco— sin que en todos los casos se tomen en cuenta los estudios que han abordado tales problemas anteriormente. Al parecer, lo más importante para la autora son las relaciones conceptuales —cambio, refuerzo y olvido de nociones— que, desde el análisis cognitivo, se pueden entrever a partir de los mencionados fenómenos, derivados del contacto histórico entre quechua y castellano. Esta perspectiva conduce por momentos a una esencialización que lleva a hablar de formas de pensamiento andinas como si se tratara de un conjunto homogéneo, históricamente fijo y radicalmente distinto de los marcos conceptuales occidentales.

Nora Rohde es la autora del tercer capítulo de esta sección, titulado “La evidencialidad en la región andina. Análisis de contactos lingüísticos entre el quechua, el aimara y el español andino”, en el que se busca examinar el papel que desempeña en la región andina la evidencialidad —entendida, a partir de Willett (1988), como la expresión de la fuente de información— en una situación de contacto secular e intenso entre quechua y aimara, por un lado, y español, por otro. Después de revisar de manera general las características de la evidencialidad en quechua, aimara y castellano, la autora llega a la conclusión de que, en la variedad andina del español, la evidencialidad se restringe a las regiones rurales, sin tener mayores efectos en el desarrollo del estándar.

También sobre la evidencialidad versa el cuarto texto de esta sección, “El concepto de la evidencialidad en el castellano andino. Estudios semánticos con ejemplos de Perú, Colombia, Ecuador y Chile”, de Maxim Karagodin. En este caso, también se parte de la clasificación de Willett (1988) para abordar, sobre la base de bibliografía secundaria, ejemplos de cuatro diferentes países andinos y mostrar las formas que adoptan las funciones evidenciales. Entre las principales conclusiones del autor está el hecho de que “[a]l contrario del español estándar, donde la evidencialidad se transmite sobre todo por frases preposicionales, adverbios o modismos determinados, se pueden constatar más estrategias en la variedad andina que la reproducen de manera más diferenciada: así se hallan, entre otro [sic], además de las partículas pues y dizque que trascienden los límites dialectales, la redundancia de la forma verbal dice en el castellano andino en el Perú, la construcción haber de + participio en Nariño [Colombia, LAC] y el futuro compuesto en el Chile [sic]” (p. 210).

El quinto capítulo de esta sección, “La noción de lo malo representado en las lenguas quechua y español. Un estudio filosófico-lingüístico comparativo”, de Daniel Kirchner, también sigue un enfoque onomasiológico para desarrollar un interesante acercamiento a los contrastes entre las nociones del mal tal como se codifican en quechua y español. A partir del desarrollo conceptual realizado por Estermann (1998) y tomando en cuenta el análisis lexicográfico previo de Mróz (1988), se concluye que hay, en efecto, una distinción conceptual importante: mientras que en español se centra la atribución de lo malo en una ética individual, en la lengua quechua es la relación entre los sujetos, tanto seres humanos como seres de la naturaleza, la que constituye el fundamento de esta noción. En una concepción como la andina, en la que la reciprocidad entre los seres humanos y el entorno resulta fundamental, acciones como el ocio, la avaricia y la esterilidad son vistas como defectos mayores que el robo, y como expresiones más claras de lo malo, según argumenta el autor.

4. Estudios antropológicos a partir de formas de expresión verbal y no verbal

Esta sección reúne tres capítulos de corte antropológico. El primero, “Comunicación, rivalidad y reciprocidad en la región andina. El kasarasiri aymara en la zona del Lago Titicaca en el Perú”, de Teresa Valiente Catter, describe los rituales del casamiento aimara en la región de Puno a partir de dibujos y textos de Esteban Quispe Chambi (1969-1992), comunero de Caritamaya, elaborados para el Proyecto Experimental de Educación Bilingüe, Puno (1978-1990). Las hermosas imágenes dibujadas por Quispe Chambi con plumones, combinados con crayolas y lápices de colores, fueron acompañadas por descripciones suyas de importante valor etnográfico, recogidas y analizadas por la autora. Los lectores podemos recorrer, así, los cuatro días que toma el kasarasiri y comprender su complejidad social y cultural.

El segundo texto, “Huasao warmakunaq kawsaynin. La vida de los niños en Huasao”, por Annett Hofmann, está escrito principalmente en quechua cuzqueño por la autora, en colaboración con los hablantes de la zona, a fin de dejarle al lector “el reto de ahondar en la bella lengua quechua” (p. 257). Enmarcado en la antropología de la niñez, el breve estudio presenta y comenta testimonios y dibujos de dos hermanos —Camila y Miguel—, del distrito de Huasao, en Oropesa, Quispicanchi, que luego se comparan con datos ofrecidos por niños de otras localidades cuzqueñas. Se concluye que, desde el punto de vista de estos niños, la chacra es un lugar esencial para desarrollar las relaciones interfamiliares y comunales; que los caminos entre la chacra y la casa están marcados por la presencia de seres mitológicos; y que la casa no constituye solo un lugar para realizar tareas familiares y escolares, sino también para mirar televisión y jugar videojuegos. Desde el punto de vista metodológico, resultan de interés las observaciones que hace la autora sobre las dificultades y retos que supuso la escritura colectiva del texto en quechua, que comprende “muchas formulaciones intentadas, tachadas, borradas y compuestas” (p. 257).

Sabrina Železný estudia la danza del wititi en el capítulo “‘Todos lo llevan en la sangre…’. Construcción y representación de identidad a través de la danza del Wititi en el Valle del Colca y la ciudad de Arequipa, Perú”. La autora se centra en la construcción histórica de las identidades regionales, tanto urbanas como rurales, para explicar de manera convincente la mencionada danza como un índice de rebeldía, libertad y autenticidad asociado a discursos de resistencia de las etnias collaguas y cabanas frente a la expansión incaica y a la invasión española. Al mismo tiempo, Železný concluye que “[e]s su potencial subversivo [lo] que hace que el Wititi sea compatible con el discurso de identidad y representación de la Arequipa urbana, que —en parte— ha pasado a integrarlo en sus narrativas y su canon iconográfico” (p. 279). Se sugiere también que el nombre del baile se origina en el verbo quechua local witiy, referido al coito.

5. Lengua y comportamiento social en los Andes

Esta sección está constituida por dos capítulos que se relacionan con las interacciones verbales y la creación de jerarquías entre los interlocutores. En el primer texto, “Diálogos interculturales o diálogos que (re)producen relaciones jerárquicas en el sur de los Andes”, Margarita Huayhua analiza detalladamente tres contextos interaccionales entre mujeres lugareñas y agentes externas en la comunidad de Uqhupata, cercana a la ciudad del Cuzco: la combi, la sala de exámenes del puesto de salud y el interior de una vivienda durante la visita de una funcionaria municipal. El examen de la alternancia de códigos entre quechua y castellano, así como las minucias del diálogo y la gestualidad, llevan a la autora a concluir que estamos ante “formas de conducta que son esencialmente rituales de humillación” (p. 297), en los que “el quechua se usa para regañar, criticar, dar órdenes e imponerse en la vida de las mujeres quechua-hablantes”, mientras que el castellano se emplea, en conjunto con el quechua, para “representar a las mujeres como sujetos que deben ser disciplinadas y elevadas a una vida de ‘nivel humano’” (p. 297). El texto condensa e integra de manera útil datos y enfoques que se desarrollan de manera separada en otros documentos (por ejemplo, en Huayhua 2017).

En el segundo texto, “La actitud de minimizar el conocimiento. La función social de la negación y del sufijo delimitativo en los cuentos quechuas”, Cristina Villari identifica, a partir de su trabajo de campo en Huaraz —departamento de Áncash, Perú—, dos manifestaciones interaccionales de la autoevaluación negativa de las narradoras en tanto conocedoras de los relatos quechuas: la negación inicial de tal conocimiento y el uso del sufijo delimititativo (o limitativo) –lla al final de la performance verbal, como en la expresión tseellam ‘eso nomás’. Si bien la autora es consciente de las dificultades metodológicas que supone recopilar narrativas andinas fuera de su contexto comunicativo habitual —que es intrínsecamente dialógico (Mannheim y Van Vleet 1998)— y aunque reconoce la importancia del respeto en la cultura quechua, propone explicar dichos patrones como resultado de la incomodidad que sienten los entrevistados ante una entrevistadora europea que les pide narrar cuentos tradicionales. A mi modo de ver, faltaría evidencia comparativa para llegar a esta conclusión; por ejemplo, tomar en cuenta narraciones efectuadas entre los propios quechuahablantes sin participación de la entrevistadora, aunque me resultan claras las dificultades metodológicas para cumplir este tipo de requerimientos.

6. El papel de la cooperación internacional y la educación para las lenguas y culturas andinas

En esta sección sexta y final se reúnen cuatro capítulos referidos a la educación en la región andina y a la cooperación internacional orientada a promoverla. En el primer texto, “Lengua y comunicación en sociedades multiculturales. Reflexiones sobre la lengua materna en la Educación Intercultural Bilingüe en la región andina y la Cooperación Técnica Alemana”, Wolfgang Küper hace un recuento histórico de la cooperación internacional a favor de la educación en lenguas indígenas, que lo lleva a plantear un conjunto de recomendaciones generales para orientar mejor el rumbo de dicho apoyo con miras a lograr en los países andinos una educación para todos con calidad.

En el segundo texto, Julieta Zurita Cavero reseña algunas experiencias pedagógicas orientadas a revalorar las formas de conocimiento indígenas y asociadas al agro entre estudiantes bolivianos de escuelas primarias. “Experiencias de producción de conocimiento en lengua materna quechua en escuelas rurales de Bolivia. Una aproximación al pluralismo epistémico” analiza tres textos escritos por niños en quechua. Estos tienen en común un potencial descolonizador, si entendemos que “la descolonización parte de asumir que no existe un solo tipo de conocimiento hegemónico, sino muchos y diversos conocimientos, como los de los niños en los textos observados”, que se refieren a las papas “chaparas” o inusualmente grandes, no usadas para el comercio; a la siembra de maíz, basada en el ayni o trabajo colaborativo y recíproco; y a una experiencia de curación tradicional mediante la intervención del jampiri o “curandero” de la comunidad.

Kati Krüger reporta, en el tercer texto —“La enseñanza del quechua en el departamento de Cuzco, Perú”—, algunos resultados de la ordenanza 025 de 2007, mediante la cual el Gobierno Regional del Cuzco estableció la enseñanza obligatoria del quechua en todas las modalidades y niveles educativos dentro de su jurisdicción. A partir de una encuesta realizada en el año 2011 entre profesores, directores y 300 alumnos de diferentes provincias cuzqueñas, se concluye que, en todos los centros educativos, el quechua forma parte de la enseñanza, pero que en la mayoría su presencia se limita a una hora semanal. También se encontró que, en algunos casos, profesores monolingües de habla castellana asumen estos cursos solo con un conocimiento básico del idioma indígena, con lo que la enseñanza se limita al léxico y a algunas canciones. Otros centros educativos contratan a personas quechuahablantes que carecen de formación pedagógica. Hubiera sido deseable una presentación más detallada de estos hallazgos, así como mayores precisiones sobre la encuesta empleada y su aplicación.

Finalmente, Anita Krainer y Martha Guerra presentan algunos resultados de la investigación realizada, entre los años 2011 y 2012, por el Laboratorio de Interculturalidad de FLACSO, titulada “Construyendo interculturalidad desde el sector educativo en el Ecuador. La importancia de la formación docente” y basada en 45 entrevistas en instituciones estatales a nivel nacional y provincial, universidades e institutos de formación docente. Entre las conclusiones resalta el hecho de que “[e]l desarrollo de un currículo nacional de educación básica y bachillerato […] se encuentra con las realidades de escuelas interculturales bilingües de la Amazonía, en las cuales hay presencia de estudiantes de hasta cinco nacionalidades diferentes, lo que hace prácticamente imposible la aplicación de la ley, […] por la falta de maestros capacitados y de material didáctico para todos” (p. 369). En cuanto a la educación superior, destaca el hallazgo de que “[e]l tema de la interculturalidad no termina de ser asumido como parte de los procesos educativos dentro de los currículos de las instituciones educativas […], salvo en los casos de los Institutos Pedagógicos Interculturales Bilingües y algunos programas específicos de Universidades como la de Cuenca o Salesiana” (p. 370). Asimismo, se encontraron confusiones conceptuales en los entrevistados en torno a la noción de interculturalidad, que se entiende muchas veces como ‘igualdad, inclusión y equidad’, y que en otras ocasiones se traduce en visiones paternalistas, esencialistas y folclorizadas de las culturas indígenas.

7. Apreciación final

Estamos ante un volumen con una temática variada e interesante, pero desigual en la calidad de sus contribuciones. Junto con excelentes trabajos de destacados investigadores y de jóvenes estudiosos, algunos de sus diecinueve capítulos constituyen aproximaciones todavía muy preliminares o demasiado generales a los problemas abordados, o bien presentan planteamientos programáticos desprovistos de una base empírica. Por otra parte, hubiera sido recomendable una revisión más cuidadosa de la redacción y de la correspondencia entre textos citados y bibliografía en buena parte de las contribuciones. A pesar de estos problemas, como se ha podido ver, la importancia de algunos trabajos reunidos en el libro, y la originalidad de sus datos y planteamientos, hacen que el volumen sea de mucho interés para lingüistas, antropólogos y educadores no solamente enfocados en el área andina, sino en la relación entre lenguas y culturas en América Latina de manera general.

Referencias bibliográficas

Cerrón-Palomino, Rodolfo. 2013. Las lenguas de los incas: el puquina, el aimara y el quechua. Frankfurt am Main: Peter Lang.

Cerrón-Palomino, Rodolfo. 2020. La presencia puquina en el quechua y el aimara: aspectos léxicos y gramaticales. Indiana 37, 1: 128-153.

Estermann, Josef. 1998. Filosofía andina. Estudio intercultural de la sabiduría autóctona andina. Quito: Abya-Yala.

Huayhua, Margarita. 2017. Interacción social y racismo en el transporte público peruano. En V. Zavala y M. Back, eds. Racismo y lenguaje. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, pp. 83-114.

Mannheim, Bruce y Krista Van Vleet. 1998. The dialogics of Southern Quechua narrative. American Anthropologist 100, 2: 326-346.

Mróz, Marcin. 1988. Análisis lexicográfico de la noción de lo malo en el quechua. Estudios Latinoamericanos 11: 57-98.

Torero, Alfredo. 2002. Idiomas de los Andes. Lingüística e historia. Lima: Horizonte.

Willett, Thomas. 1988. A cross-linguistic survey of the grammaticization of evidentiality. Studies in Language 12: 51-97.


Notas

1  Los autores hablan de “personalidad”, pero, como ellos mismos reconocen (p. 131, nota 1), esta expresión puede ser ambigua en castellano.