ReseñasSección dirigida por Carlos SubiratsInfoling 9.18 (2018)

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Miroslava Cruz Aldrete. Reseña de Zeshan, Ulrike; de Vos, Connie. 2012. Sign Languages in Village Communities. Anthropological and Linguistic Insights. Berlin: De Gruyter. Infoling 9.18 (2018) <http://infoling.org/informacion/Review209.html>

Un vistazo al estudio de las lenguas de señas (LS) y a sus usuarios nos permite observar que su desarrollo no solo fue tardío, sino que se dio de forma heterogénea, y sobre todo, desigual. Si bien, en la actualidad, a nivel mundial es notorio el incremento en la investigación de las LS, es muy probable que al focalizar nuestra mirada en una región en particular –supongamos que hablo de América– destacaría el estudio de una LS en particular. Sí, sería la Lengua de Señas Americana (ASL), y es muy posible que no encontremos referencias a la gramática de las LS de Honduras o de El Salvador.

Esta disparidad sobre los trabajos en torno a la documentación y análisis de las LS es un tema que, de manera tácita, podemos encontrar en la obra que ahora reseñamos. Así, Ulrike Zeshan y Connie de Vos, editoras de la obra objeto de esta reseña, colocan en el centro de la discusión la aparición y desarrollo de las LS “minoritarias”. Es un tema relevante, si consideramos que se inserta en un contexto donde el desplazamiento, la extinción o revitalización de las lenguas originarias se convierte en uno de los temas de la agenda de las políticas públicas de varias de las naciones donde surgen estas LS. Y, se vuelve un asunto de mayor complejidad, atender las condiciones de comunidades en las cuales coexisten dos o más lenguas orales y diversas LS.

El estudio sobre la diversidad de las LS es un campo de investigación, al cual Ulrike Zeshan ha prestado una atención principal desde hace varios años, algo que se refleja en su vasta publicación de trabajos translingüísticos, donde describe, analiza y compara la gramática de varias LS utilizadas por diferentes comunidades sordas alrededor del mundo. Aun cuando en sus primeras investigaciones de corte tipológico, ocupan un lugar prominente los datos de LS de países con un alto nivel de desarrollo económico, entre ellas la ASL, o la Lengua de Señas Británica (BSL), en sus estudios recientes, las lenguas de señas provenientes de Asia, África y América se convierten en su objetivo principal, como podremos constatar en la reseña que nos ocupa. Y, en particular, es en Asia donde se localiza la mayor cantidad de lugares y lenguas discutidas en esta obra.1

En cuanto a la investigación translingüística de las LS, no será hasta finales de la primera década del siglo XXI cuando sea evidente el desarrollo de este ámbito de estudio encabezado por Zeshan. Por ejemplo, en el primer lustro del siglo XXI, observamos entre las varias publicaciones de esta investigadora estudios sobre la noción de palabra, la construcción de frases interrogativas, y las formas de expresar la negación en varias LS (Zeshan, 2002, 2004a, 2004b). Estos dos últimos temas son retomados como parte de su contribución en la colosal obra The World Atlas of Language Structures (2005), editada por M. Haspelmalth, M. Dryer, D. Gil y B. Comrie.2

Así, en el apartado. “J. Sign languages”, Zeshan presenta dos temas, uno referente al uso de partículas interrogativas (presencia de rasgos no manuales, y señas interrogativas, por ejemplo, QUÉ, CUÁNDO, en la construcción de estructuras interrogativas); y otro con respecto a las formas negativas irregulares en las LS.3 Su participación en este atlas lingüístico fue sin duda una deferencia al trabajo de Zeshan, pero también, de manera simbólica, se otorgaba un reconocimiento de la contribución de los hallazgos encontrados al investigar las LS en pro de una mayor comprensión sobre la naturaleza del lenguaje.

En el 2012, Ulrike Zeshan y Connie de Vos –coordinadoras de la publicación de la obra que reseñamos– ofrecen un texto, en el cual investigadores de distintas partes del mundo abordan, en los varios capítulos que integran este libro, las condiciones de las comunidades indígenas y rurales, cuyos miembros –sordos u oyentes– utilizan una lengua de señas.

El valor de esta obra radica, por un lado, en su compromiso social, y por otro lado, por la complejidad lingüística y socio-antropológica de las comunidades que estudian. En este sentido, Zeshan y de Vos enfatizan, en su introducción, titulada “Demographic, sociocultural, and linguistic variation across rural signing communities”, que a diferencia de las comunidades urbanas, las comunidades rurales o indígenas presentan condiciones que vuelven más compleja su atención no solo para asegurar su acceso a los servicios básicos, sino en el ejercicio de su derecho a la salud, trabajo, justicia, educación y a la información. Y, asimismo, señalan que esta situación se agrava cuando en las comunidades indígenas o rurales existe un sector de la población, que presenta sordera, y eso condiciona el uso de señas para la interacción entre los miembros de dichas comunidades. Pues, presenciamos entonces la constitución de comunidades multilingües, donde coexisten lenguas minoritarias –orales y lenguas de señas emergentes–, aunado el uso de una lengua dominante en el intercambio comunicativo cotidiano. Responder a las demandas de atención para los miembros de estas comunidades y, con ello, cubrir lo mínimo requerido para su bienestar es un tema pendiente en la mayoría de las agendas públicas, por ejemplo, de los países de América Latina.

Asimismo, coincidimos con Zeshan y de Vos, cuando comentan que estas comunidades (de sordos y oyentes) no pueden analizarse como si fueran la “típica” comunidad indígena o comunidad sorda, como las que tradicionalmente se han estudiado de manera sistemática, puesto que, en las comunidades de este tipo, prevalece un sentido “filial”, hay lazos consaguíneos entre sus miembros, hay una historia ancestral compartida, y, aunque estos colectivos categoricen de la misma manera la sordera como el rasgo que diferencia a sus miembros –semejante al color del pelo o de los ojos–, dicho rasgo se resignifica en la posibilidad de originar otra lengua, en el empleo de varias lenguas entre sus miembros,  y el estatus que adquieren dichas lenguas para los usuarios.

Por todo ello, se genera en estos grupos un conjunto de representaciones sociales en torno a la cohesión e identidad entre sus miembros, lo cual se ve influenciado por una forma de entender qué significa la sordera, es decir, si se concibe como una enfermedad o como un elemento de identidad. De igual manera, se revaloriza el estatus de las LS, o de las lenguas orales, entre los integrantes de estos colectivos (Cruz-Aldrete, Moraes García, y Lopes Cohelo, 2016). Este panorama, lingüístico, social y cultural da la pauta para que Zeshan & de Vos consideren la pertinencia del trabajo conjunto de lingüistas y antropólogos en el estudio de este tipo de lenguas y de sus usuarios. De este modo, consiguen una mejor aproximación a los hallazgos sobre el origen y desarrollo de las LS y pueden analizar, además, las razones por las cuales se considera que estas lenguas emergentes (LS rurales y LS indígenas) sean consideradas lenguas en peligro, como se expone en los capítulos que componen este libro.

La obra que reseñamos se ha convertido en un hito en el estudio de las LS pero, sin embargo, llama la atención el poco impacto que ha tenido en el estudio de las LS emergentes de los países de América Latina, especialmente, si tenemos en cuenta, por un lado, el hecho de que varias regiones del Continente americano se caracterizan por presentar una gran diversidad lingüística y, si tenemos en cuenta además, por otro lado, la  existencia de una larga tradición en el estudio de las lenguas originarias, como es el caso de México. El conjunto de estos elementos quizá habría favorecido el desarrollo de esta área de estudio. No obstante, cabe aclarar que, en este libro, aparecen dos artículos dedicados a las LS que se usan en algunas comunidades de la península de Yucatán, al sur de México, concretamente, la Lengua de señas de Chicán y la Lengua de señas maya yucateca4.  

Hasta ahora hemos presentado una introducción al estudio de las lenguas de señas minoritarias, el cual permitirá al lector acercarse con otros elementos a la reseña del libro que ahora nos ocupa. La obra se compone de 21 capítulos distribuidos en dos grandes apartados. El eje del primer apartado se centra en el trabajo de campo, la descripción y documentación de las LS “emergentes”, es decir, de las lenguas que aparecen en comunidades rurales, pueblerinas o indígenas. Por tanto, las comunidades lingüísticas que se estudian en esta obra se caracterizan, por un lado, por encontrarse en pequeños asentamientos, aunque en algunos casos, hay grupos cuya dinámica en su vida cotidiana implica una movilidad sujeta a razones de diversa índole, económica o cultural, y, por otro lado, por tratarse de comunidades que se conforman en su mayoría por personas oyentes, aunque con la presencia de un elevado número de personas con sordera. Este alto porcentaje de sordera se explica por las relaciones de parentesco entre los miembros de la comunidad, de tal modo que la discapacidad auditiva tiene un componente hereditario.

Ahora bien, en el segundo apartado, la discusión gira en torno al estudio del perfil sociolingüístico de los usuarios de estas LS, tanto oyentes como sordos. Al respecto, los lazos familiares entre los integrantes de estos grupos, y con ello una actitud no discriminatoria sobre las personas sordas, favoreció la creación y uso de sistemas de comunicación visogestuales empleados por los miembros sordos y oyentes de estas comunidades. Esto explicaría el desarrollo y conservación de las LS emergentes, pues los “primeros” signos, señas caseras, que en principio facilitan la interacción en la vida cotidiana de sus integrantes, posteriormente, dan lugar a otras señas para hablar sobre las festividades, o sobre labores propias de los pueblos, por ejemplo, agricultura, o para la enseñanza formal. El paso de esta primera forma de comunicación visogestual de generación en generación puede dar lugar a la formación de sistemas lingüísticos complejos de LS. De ahí que entre los tópicos centrales del contenido de este libro está ponderar la importancia del estudio de las señas caseras, como un elemento clave para entender este tipo de lenguas.

Otra discusión importante que se aborda en esta obra es el papel que tiene la educación para estas comunidades. Se comenta que la enseñanza formal para los sordos puede favorecer el desarrollo de las lenguas emergentes o, por el contrario, puede provocar la desaparición de las mismas, pues es probable que la LS empleada por la mayoría de los educadores para la enseñanza sea la LS dominante.

Las LS emergentes o rurales que en esta obra se discuten provienen de casi todos los continentes:  África, Asia, Oceanía y América. Me baso en esta ubicación continental para la presentación de las investigaciones que describen las características de este tipo de lenguas y sus usuarios, y, al final, al tratar los estudios de las LS de América, me detengo con mayor detalle en aquellos estudios que hacen referencia a las LS emergentes que se localizan en México.

Del continente africano, la autora Annelies Kusters presenta dos estudios, en los cuales hace referencia a la investigación antropológica y sociolingüística en el poblado de Adamarobe, localizado en Ghana. El primero de dichos estudios se titula “Being a deaf white anthropologist in Adamarobe: Some ethical and methodological issues”, y, el segundo,  “Adamarobe: A demographic, sociolinguistic and sociocultural profile”. Esta antropóloga sorda se centra en la discusión de las relaciones entre los propios sordos y de los sordos entre los oyentes. En su texto, nos muestra el estatus que le confiere la comunidad de Adamarobe, y que ella misma asume, al tratarse de una investigadora blanca, además de sorda. Estas particularidades, la sordera y su posición como académica, causaban una ambivalencia con el colectivo sordo al cual estudiaba, pues se le reconocía como miembro del grupo por ser sorda, pero se le exigía una retribución en su calidad de ser un sujeto externo. La veían como una persona que obtenía un beneficio de su encuentro con ellos, en este caso, el poder realizar una investigación. Victoria Nyst, Kara Sylla y Moustapha Magassouba, en el capítulo “Deaf signers in Douentza, a rural area in Mali”, se centran en la situación de los sordos señantes de Douentza, en relación con el desarrollo de señas caseras y el contacto con otras lenguas de señas utilizadas en la región.

De Asia, Connie de Vos nos ofrece sus investigaciones realizadas en la comunidad de Kata Kolok, ubicada en la isla de Bali. El título de sus artículo es “The Kata Kolok perfective in child signing: Coordination of manual and no manual components” y “Kata Kolok: An updated sociolinguistic profile”. Por su parte, Angela M. Nonaka, discute las condiciones de vulnerabilidad que condicionan la existencia de la lengua de señas rural empleada en Ban Khor, Tailandia, a través de dos artículos: el primero es “Language ecological change in Ban Khor, Thailand: An ethnographic case study of village sign language endangerment” y, el segundo, “Kata kolok: An updated sociolinguistic profile”.

Las colaboraciones de Shifra Kisch, Sara Lanesman e Irit Meir, no solo conforman un núcleo importante en el desarrollo de las investigaciones de las lenguas de señas de Israel, sino que además nos brindan el pretexto para establecer una línea de tiempo entre la obra de Irit Meir, Wendy Sandler, Carol Padden y Mark Aronoff (2010), Emerging Sign Languages, sobre las características sociolingüísticas de las lenguas de señas emergentes empleadas por comunidades de distintos lugares del mundo, entre ellas algunas provenientes de Asia y África. Así, en el estudio de Shifra Kisch, “Demarcating generations of signers in the dynamic sociolinguistic landscape of a shared sign language: The case of the Al-Sayid Bedouin”, se observa un reconocimiento a Meir et al. (2010), al revisar la características que definen las lenguas de señas emergentes, entre ellas, su origen. Esta revisión entraña de hecho analizar las LS que surgen sin un modelo lingüístico, en pequeñas comunidades, alejadas de centros urbanos o que se encuentran aisladas. Estos antecedentes le permiten discutir las condiciones sociales y lingüísticas de cuatro generaciones de señantes de la actual LS, la Al Sayid Bedouin Sign Language (ABSL). De igual manera, Sara Lanesman e Irit Meir en “The survival of Algerian Jewiah Sign Language alongside Israeli Sign Language in Israel”, recuperan los primeros estudios sobre la Lengua de Señas Israelí (ISL), los cuales fueron encabezados  por Meir a inicios del siglo XXI, para comparar la situación actual de la Algerian Jewian Sign Language (AJSL), su vitalidad, así como supervivencia a partir de la migración de sus usuarios fuera de las fronteras de Israel.  

Y, finalmente, se cierra la presentación de las lenguas de señas de esta parte del mundo con dos estudios, uno de ellos de la autoría de Hasan Dykyuva, “Mardin Sign Language: Signing in a ‘deaf family’”. Se trata de una lengua de señas localizada en Turquía, la cual es empleada por una familia en donde la sordera congénita se da de manera sucesiva en al menos cuatro generaciones. La familia se constituye por miembros oyentes y sordos, y la LS es la lengua empleada por todos sus integrantes. El otro texto es presentado por Sibaji Panda, quien aborda el estudio de una comunidad lingüística ubicada en Alipur, India, “Alipur Sign Language: A sociolinguistic and cultural profile”.

Es probable que al hablar de las lenguas emergentes de Oceanía, en particular, de Australia, venga a la mente de las lectoras y lectores el estudio pionero realizado por Kendon (1988) Sign Languages of Aboriginal Australia. Cultural, Semiotica and Communicative Perspectives.. Hoy, gracias a los trabajos de Elayne L. Maypilama y Dany Adone, se conoce otra lengua de señas nativa de este país, la Yolngu Sign Language (YSL). Esta LS es reportada en el libro reseñado bajo el título “Yolngu Sign Language: A sociolinguistic profile”. Se trata de una lengua utilizada por una comunidad ubicada en la Tierra de Arnhem, el territorio norte de Australia. Y, en conjunto con otras investigadoras, Anastasia Bauer y Keren Cumberbatch, ofrecen un estudio comparativo entre dos LS emergentes, que, pertenecen a continentes diferentes. Así, en “Colour signs in two indigenous sign languages”, comparan datos de YSL y el Konrich Sain (KS),  que es una LS  usada en Jamaica.

Además de la LS empleada en Jamaica, una isla del caribe americano, en este volumen se hace referencia a tres lenguas provenientes de América del Norte: el Inuit Sign Language, la Lengua de Señas Maya yucateca y la Lengua de Señas de Chicán. El autor, Joke Schuit, ofrece dos investigaciones en torno al Inuit Sign Language: “Signing in the Artic: External influences on Inuit Sign Language” y “Sociolinguistic profile of Inuit Sign Langue”. Las otras dos lenguas mencionadas se emplean al sureste de México, principalmente, en la península de Yucatán. Cabe mencionar que ambas lenguas coexisten con la Lengua de Señas Mexicana (LSM), con el español y con la lengua maya yucateca.

Olivier Le Guen colabora con el estudio “An exploration in the doman of time: From Yucatec Maya time gestures to Yucatec Maya Sign Language time signs”; y Cesar Ernesto Escobedo Delgado presenta “Chican Sign Language: A sociolinguistic sketch”. Cabe resaltar que la LS empleada en pequeñas comunidades mayas ha sido objeto de estudio desde hace varias décadas. Por ejemplo, la existencia de una lengua de señas empleada por personas sordas y oyentes en una comunidad maya ubicada en Yucatán (identificada como Nohya) fue reportada por J. W. Du Bois (1978),  M. K. Shuman (1980), y años más tarde R. E. Johnson (1991). No obstante, como se puede observar, pasarán varias décadas para volver a documentar esta lengua. De tal modo que el trabajo realizado por ambos investigadores contribuye al reconocimiento de lenguas emergentes ubicadas en los poblados de Chicán y Nohkop. Sus aportes nos conducen a nuevas interrogantes en cuanto a la existencia de “una familia de lenguas de señas mayas yucatecas” o a meras variantes de una sola lengua, ya que entre las lenguas empleadas en las comunidades estudiadas –Nohkop y Chicán– se observan rasgos léxicos y gramaticales muy semejantes.

Mención aparte merece la destacada participación de investigadores sordos que colaboran en este volumen. Gracias al texto de Hasan Dikyuva, Cesar Ernesto Escobedo Delgado, Sibaji Panda y Ulrike Zeshan, “Working with village sign language communities: Deaf fieldwork researchers in professional dialogue”, podemos observar entre otras cosas, la compleja situación multilingüe que sostuvieron varios de los autores (sordos). Dichos autores no solo son usuarios de una o más LS, sino que también son hablantes de varias lenguas orales, y exponen sus hallazgos en este libro con objeto de discutir cómo aproximarse al estudio de las lenguas emergentes desde su perspectiva como usuarios de una LS.

Para finalizar esta reseña, podemos decir que esta obra invita a una serie de reflexiones académicas y personales. A través de la lectura encontramos un notable sentido de responsabilidad y de ética del investigador al entrar en contacto con su objeto de investigación: las comunidades lingüísticas minoritarias. Asimismo, nos conduce a volver a las preguntas sobre qué es el lenguaje, cómo se desarrolla, cómo se aprende, cuál es su naturaleza.

Tal vez mi optimismo me conduce a pensar que este campo de estudio contribuye no solo a la comprensión de la diversidad de las lenguas, sino a la posibilidad de generar estrategias que impacten en el diseño de políticas públicas para los usuarios de lenguas minoritarias, sean sordos u oyentes, con lo cual se acorte la brecha de desigualdad que caracteriza al mundo en el que hoy vivimos.

Referencias

Coelho, L. L. 2011. A constituição do sujeito surdo na cultura Guarani-kaiowá: os processos própios de interação e communicação na família e na escola. Dissertação, Universidade Federal da Grande Dourados, Dourados.

Cruz-Aldrete, M.; Garcia Bruno, Marilda Moraes; Lopes Coelho, Luciana. 2016. La enseñanza de las comunidades sordas indígenas en Brasil y México: ambientes multilingües e interculturales. Cadernos de Pesquisa em Educação 43, Unversidade Federal Do Espirito Santo (Brasil), pp. 35-57.

Du Bois, J. W. 1978. Mayan Sign Language: An ethnography of non-verbal communication. 77th Annual Meeting, American Anthropological Association / CAIL, Los Angeles.

Haviland, J. B. 2011. Nouns, verbs and constituents, in an emerging Tzotzil Sign Language. En E. Potsdam, L. Míkkelsen y R. Gutiérrez Bravo, Representing Language: Essays in honor of Judith Aissen, University of California, pp. 157-171.  

Haspelmath, M.; Matthew, S.D.; Gil, D.; Comrie, B., eds. 2005. The World Atlas of Language Structures. Oxford: Oxford University Press.

Johnson, R. E. 1991. Sign language, culture and community in a traditional Yucatec Maya village. Sign Language Studies 73, pp. 461-474.  

Kendon, A. 1988. Sign Languages of Aboriginal Australia. Cultural, semiotica and communicative perspectives. Cambridge: Cambridge University Press.

Meir, I.; Sandler, W.; Padden, C.; Aronoff, M. 2010. Emerging Sign Languages. En M. Marschark y P. Spencer, eds., Oxford Handbook of Deaf Studies, Language, and Education, vol. 2, Oxford: Oxford University Press, pp. 267-280.

Shuman, M. K. 1980. The sound silence in Nohya: A preliminary account of sign language use by the deaf in a Maya community in Yucatan, Mexico, Language Sciences 2.1, pp. 144-173.

Zeshan, U. 2000. Sign Language in Indo Pakistan: A description of a signed language. Amsterdam / Philadelphia: John Benjamins

Zeshan, U.  2002. Towards a notion of ‘word’ in sign languages. En R. M. W. Dixon y A. Y.  Aikhenvald, eds., Word: a cross-linguistic typology. Cambridge: Cambridge University Press, pp. 53-179.

Zeshan, U. 2004a. Interrogative constructions in signed languages. Language 80.1, pp. 7-39.

Zeshan, U. 2004b. Hand, head and face: Negative constructions in sign languages. Linguistic Typology 8.1, pp. 1-58

Zeshan, U.  2005. Sign Languages”. En M. Haspelmath, M. S. Dryer, and D. Gil, B. Comrie,  eds. The World Atlas of Language Structures. Oxford: Oxford University Press, pp. 560-563.


Notas

1 Ulrike Zeshan, manifiesta un interés temprano por las LS menos conocidas, y sobre las condiciones multilingües de varios países en donde coexisten diferentes lenguas orales y de señas, como se puede observar en su obra Sign Language in Indo-Pakistan: A description of a signed language (2000), una obra que puede considerarse como el inicio de un trabajo vigoroso, encaminado al desarrollo de la tipología lingüística de las LS y al de la antropología de las comunidades sordas. En este trabajo, aborda las LS del subcontinente indio; es un claro ejemplo sobre el trabajo de documentación de una lengua de señas y de la complejidad de las condiciones sociolingüísticas de sus usuarios, al estar inmersos en un contexto plurilingüe y multicultural.

2 En esta obra, se aborda la diversidad tipológica de las lenguas del mundo a través de once secciones, entre ellas, fonología, morfología, orden de palabras, oraciones simples, oraciones complejas, léxico y, las lenguas de señas.

3 De forma general, la negación se realiza con un rasgo no manual, que consiste en un movimiento de cabeza de derecha a izquierda, al mismo tiempo que se articula la seña del elemento que es negado. En las LS, se observa el uso de formas supletivas de negación, por ejemplo, se modifica uno o varios parámetros articulatorios de la seña que expresa la acción o estado que se niega, aunque se mantiene el uso del rasgo no manual que sirve para negar.

4 Dentro de este trabajo incipiente, cabe destacar, por un lado, la labor de John B. Haviland (2011), estudioso del tzotzil, que, desde hace algunos años, ha reportado el desarrollo de una forma de comunicación, concretamente, señas caseras empleadas por un pequeño grupo de niños sordos provenientes de una familia oyente hablante de tzotzil; por otro lado, cabe destacar también el estudio etnográfico de Luciana Coelho (2011) sobre el uso de la Lengua de Señas Brasileña (LIBRAS) y de las lenguas de señas emergentes, entre ellas, la lengua de señas empleada por miembros de las comunidades Guaraní y Kaiowá. Si bien la lengua de señas Kaiowá y la lengua de señas guaraní coexisten en algunas comunidades indígenas en Brasil, la acción del sistema educativo privilegia la adquisición de la lengua de señas dominante, es decir, la LIBRAS.


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